
Para la mayoría de los norteamericanos el Día del Trabajo es el final simbólico de la temporada de verano. El Congreso estableció el Día del Trabajo como un día festivo federal, en 1894. La primera celebración del Día del Trabajo ocurrió con un desfile de 10.000 trabajadores en la ciudad de Nueva York.
Más de 154.5 millones de personas integran la fuerza laboral de nuestra nación. La mayoría de ellos cuenta con el beneficio del seguro médico. Las vacaciones con pago han venido a ser un beneficio común para los empleados y un creciente número de empleadores están ayudando con el cuidado infantil. Otros hacen posible el acceso al seguro para cuidado a largo plazo. Pero si vemos la historia, esto no siempre fue así pues los cambios se han logrado con el paso del tiempo.
El Día del Trabajo es básicamente la creación del Movimiento Laboral. Hasta que los trabajadores se empezaron a organizar, las condiciones de trabajo justas no eran una realidad y se daban en forma deplorable. Este día festivo honra los logros sociales y económicos de todos los trabajadores norteamericanos. Es nuestro tributo anual a la contribución que todos los trabajadores hacen en favor del bienestar de todos nosotros.
La iglesia no ha sido ajena a las preocupaciones de nuestra gente trabajadora. Uno de los siete temas claves, en el corazón de nuestra tradición social católica, implica la dignidad del trabajo y los derechos de los trabajadores.
Los Obispos también ven el aporte y creen en lo siguiente:
• Una de las medidas morales que es fundamental dentro de cualquier economía está dirigida a ver la realidad del pobre y el vulnerable.
• Todos las personas tienen el derecho a la vida y a asegurar las necesidades básicas como por ejemplo, comida, vestido, vivienda, educación, cuidado de la salud, un ambiente seguro y su seguridad económica.
• Todas las personas tienen el derecho a la iniciativa económica. A un trabajo productivo, a salarios justos y a beneficios, a condiciones decentes de trabajo, al igual que a organizarse y hacer parte de sindicatos y otras asociaciones.
En su Encíclica sobre el Trabajo, el Papa Juan Pablo II insistió en que “el trabajo humano es una clave, probablemente la clave esencial de la totalidad de la realidad social”. Infortunadamente, hay muchas personas en nuestro propio país y millones alrededor del mundo, que aún no tienen un trabajo decente o salarios justos, quienes trabajan bajo condiciones inaceptables, y quienes no tienen voz real en su vida económica.
Obviamente mucho trabajo queda por hacer en este aspecto, a pesar de que todos los avances que se han logrado a través del tiempo, desde que los trabajadores dieron origen a esta fiesta nacional.
La enseñanza social católica históricamente afirma la libertad económica, la iniciativa y el derecho a la propiedad privada. Con el fin de alcanzar estas metas, los trabajadores, los dueños, los empleadores y los sindicatos deben colaborar con el fin de avanzar para lograr el bien común. El gobierno también puede ayudar. Una política de ayuda social que reduzca la pobreza y la dependencia, fortalece la vida familiar y ayuda a las familias a dejar la pobreza por medio del trabajo, la capacitación y la ayuda con el cuidado infantil, el cuidado de la salud, la vivienda y el transporte, todo esto es una gran necesidad y requiere de una red de seguridad para aquellos que no pueden trabajar.
El Día del Trabajo es también un tiempo para dedicarnos de nuevo al llamado de Dios, de lograr una asociación con él en la tarea actual de construir el Reino de Dios en la tierra. Nosotros hacemos esto de varias maneras. Estas incluyen nuestras propias labores en el trabajo, nuestro esfuerzo de tratar a la gente con justicia, y el compromiso de defender la vida, la dignidad y los derechos de los trabajadores, particularmente de aquellos que son más vulnerables.
Cuidado de la Salud
El mes pasado, el Centro Médico del Sagrado Corazón en River Bend, Springfield, abrió sus puertas. La nueva instalación provee al Condado de Lane, con un hospital de tecnología avanzada, para el servicio de todos sus ciudadanos. Varios eventos marcaron este nuevo comienzo para una institución que celebró su cumpleaños número 72, al principio de julio.
Los empleados del hospital y sus familias fueron invitados a conocer las nuevas instalaciones. Yo tuve el privilegio de presidir el “Día de la Bendición” especial durante la cual nosotros celebramos la Eucaristía y dimos la bendición a la capilla y el hospital. Era mi oración ese día, que cualquier ministerio de cuidado de salud que se llevara a cabo en el Sagrado Corazón, pudiera ser guiado por el Espíritu Santo y reflejara la compasión de Cristo Jesús, que también se hizo disponible para aquellos que eran vulnerables.
Fue en julio de 1936, cuando cuatro jóvenes hermanas llegadas de Bellingham, Washington, tomaron la administración del nuevo Hospital del Sagrado Corazón en el Condado de Lane. Estas hermanas de San José de la Paz, proporcionaron el ejemplo y la inspiración que sirvieron como un catalizador para el excelente servicio de salud en el Valle del Willamette. La Misión de Salud de Paz es el fruto de sus labores y sus oraciones.
El cuidado de salud es esencial de la vida humana y un derecho humano fundamental. Se estima que 47 millones de norteamericanos no tienen cubrimiento de cuidados de salud. La reforma del sistema de cuidado de salud de la nación, lo cual todos parecen reconocer como una necesidad, debería estar arraigada en valores que respeten la dignidad humana, protejan la vida humana y cubran las necesidades de los pobres.
Responsabilidad política entre los católicos
Las convenciones políticas nacionales ya pasaron y los nominados a la presidencia y vicepresidencia tienen la oportunidad de ganar la atención de la Nación. Mucha atención se les dará a los candidatos. No tanta atención, desafortunadamente, se le dará a las políticas que ellos y los partidos políticos que los apoyan propugnan.
Los católicos, como otras personas de fe, no ponen a un lado sus creencias religiosas y sus valores al momento de una elección.
De hecho, nuestros valores y principios deberían ser la base para nuestro voto el 4 de noviembre. Parece claro que ninguno de los candidatos adopta todas las enseñanzas sociales de nuestra comunidad católica. Tampoco todas estas enseñanzas son de igual valor. Así como los líderes políticos deben actuar de acuerdo con sus conciencias, de esa forma debemos votar. Por esto es que nosotros los obispos americanos publicamos un documento acerca de la importancia de formar conciencias para ciudadanos fieles.
Algunas veces hay católicos que por ejemplo, deciden apoyar un candidato que está a favor del aborto. En otras palabras, ellos han decidido que aun cuando ellos firmemente creen que la vida humana debe ser respetada desde la concepción hasta la muerte natural, otros factores los llevan a seleccionar un candidato que no está de acuerdo con este hecho crítico. Si ellos hacen esa escogencia, ellos aceptan una responsabilidad muy seria.
Ellos deben asegurarse de que el candidato entienda que su apoyo no significa que ellos están de acuerdo o que aceptan la posición del candidato en favor del aborto. Los votantes realmente necesitan trabajar duro y tratar de convencer al candidato de cambiar su manera de pensar en esta materia, antes de la elección y, si es elegido, durante el tiempo en que él o ella ejerzan su cargo.
Yo les deseo a ellos lo mejor, porque éste es uno de los hechos que algunos candidatos parecen no adoptar sin perder muchos de sus seguidores, cuyos valores, es triste decirlo, son indiferentes a la dignidad humana en algunas situaciones.
La verdadera esencia de todas las enseñanzas católicas morales y sociales es el respeto a la dignidad de cada persona. La nuestra es una rica herencia de enseñanza social, la cual forma la base de lo que significa ser un ciudadano fiel, como católico.
En su primera encíclica el Papa Benedicto nos recuerda que la iglesia “no puede y no debe permanecer al margen de la lucha por la justicia”. Nosotros lo clérigos y los laicos tenemos papeles complementarios en la vida pública. Como su Obispo, yo tengo una seria responsabilidad de transmitir a la iglesia las enseñanzas morales y sociales. Yo estoy apoyado por los sacerdotes, los diáconos, los religiosos y los líderes laicos que buscan trabajar para formar nuestras conciencias correctamente.
Una conciencia bien formada es nuestra meta en el cumplimiento de nuestra responsabilidad política y sabia. La conciencia no es algo que nos ayuda a justificar lo que nosotros queremos hacer, ni es simplemente un “sentimiento” acerca de lo que debería ser.
Como el Catecismo de la Iglesia Católica enseña, “La conciencia es un juicio de razón a través del cual la persona humana reconoce la calidad moral de un acto concreto que él va a llevar a cabo, o ya ha completado. En todo lo que él dice o hace, el hombre está obligado a seguir fielmente lo que él sabe que es justo y correcto”.
La virtud de la prudencia es también importante a medida que tratamos de “discernir nuestro verdadero valor en cada circunstancia”.
¿Por qué es tanta la preocupación acerca de los asuntos de la vida humana? Muchas soluciones propuestas involucran lo que nosotros podemos llamar acciones “intrínsicamente malvadas”. El tratar la destrucción de vidas humanas inocentes solamente como un asunto de escogencia individual es un error grave. Igualmente, cualquier sistema legal que viole el derecho básico a la vida con base en la escogencia personal, es necesariamente un error. Todas las amenazas directas a la santidad y dignidad de la vida humana deben tener una oposición. Es decir, el genocidio, la tortura, el racismo y el enfoque con respecto a la guerra.
La guerra en desarrollo y el terrorismo en Irak y en el Medio Oriente son también asuntos que nos deben preocupar. En estos temas debemos tener un juicio prudente el cual será necesario a la hora de aplicar nuestros principios morales y sobre todo, en este momento en que estamos listos para escoger en la política.
Lo mismo es cierto en nuestra discusión acerca de la vivienda, los cuidados de salud, el tema migratorio, y otros asuntos de este tipo, que requieren de nuestro juicio y atención.
La guía de la iglesia debe ser un recurso importante para los católicos a medida que ellos determinan cómo van a votar.
La participación en la vida política es un deber esencial de cada católico. Pero ésta debe estar basada en los principios morales fundamentales. La participación de la iglesia en el proceso político no es partidista.
Nosotros como iglesia no abogamos por un candidato en particular o un partido en particular.
Nuestra causa es la defensa de la vida humana y de la dignidad, y la protección del débil y el vulnerable.