Edición Impresa: 09/18/2008

David Ayala, nacido en El Salvador, trabaja por quienes no tienen voz

David Ayala trabaja desde el SEIU para representar a los trabajadores desfavorecidos a nivel laboral.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.

Desde muy joven empezó su activismo político en El Salvador, en épocas en que su país vivía una sangrienta guerra civil. Y aunque David Ayala no era un guerrillero, pues su único “pecado” fue organizar junto con otros compañeros, un sindicato que abogara por mejores condiciones de los trabajadores, a finales de la década de los 80, la policía de su país lo arrestó y torturó.
“Fui sindicalista durante la guerra civil. ¿Se imagina las condiciones?” Y aunque reconoce que significó mucho sacrificio e intimidación y haber sido víctima de todo tipo de suplicios, eso le ayudó a forjar su carácter y hacerlo más fuerte.
Ayala, quien ahora desde Portland, defiende los derechos de los trabajadores del área de servicios (janitors), recuerda que los métodos de tortura física y psicológica de los que fue víctima a manos de la policía de su país, fueron los mismos que aplicaron los estadounidenses a los presos iraquíes.
La policía no logró probar nexos con las fuerzas insurgentes y finalmente lo liberó. Y aunque él quiso continuar su trabajo por los derechos humanos de los trabajadores en El Salvador, se dio cuenta de que el sindicato que él había creado, fue destruido y sus compañeros habían desaparecido. Además, él había quedado “enfermo psicológicamente”, por lo que viajó a Estados Unidos.
“Vine aquí (Estados Unidos) a pasar unas vacaciones, pero decidí quedarme, después me enteré de que me seguían buscando en El Salvador. En entrevista con El Centinela, David Ayala recuerda que salir de su país y quedarse en la Unión Americana fue una de las decisiones más difíciles de su vida. Confiesa que le quedó un sentimiento de haber faltado a su palabra, ya que él se había fijado un compromiso de lucha por su gente en El Salvador, pero ya no regresó.
Paradójicamente se quedó en los Estados Unidos, país que otorgó recursos y entrenamiento al ejército de El Salvador para combatir al movimiento revolucionario que clamaba por una reforma agraria, educación, vivienda, educación, servicios de salud y respeto de los derechos humanos.
Además del shock cultural que viven todos los inmigrantes, David Ayala también se enfrentó a la barrera del idioma. Al llegar a Seattle, ciudad en la que vivió por 15 años, se enfrentó a una gran frustración. “En El Salvador yo lograba hablar frente a los trabajadores compartiendo ideas y aquí (Estados Unidos) no podía hacer eso. La vida es diferente, las luchas son diferentes”.
Sin embargo, el activista fue testigo de los problemas a los que se enfrentaban los inmigrantes. En la década de los 90 los expatriados indocumentados se enfrentaban al miedo de la deportación y separación de sus familias. Todo eso le hizo entender que él tenía un lugar y motivo para luchar en su nueva residencia, por lo que en esos años retomó la lucha por los derechos de los inmigrantes, a quienes incluso logró representar en cortes de inmigración.
En 1992 conoció a otros amigos salvadoreños quienes trabajaban en organizaciones sin fines de lucro que apoyaban a trabajadores indocumentados dotándolos de asistencia jurídica, lo cual le abrió las puertas para volver a desempeñarse como líder comunitario.
“En Seattle había una organización que se llama NW Inmigrant Right Project. Ellos me contrataron como líder, pese a que yo no hablaba y escribía bien inglés en ese tiempo. Ellos vieron el potencial que tenía por mi experiencia de organizador en El Salvador. En ese tiempo tuve la oportunidad de ir de comunidad en comunidad en el estado de Washington hablando de derechos de inmigrantes”, comenta.
Iglesia Católica
En la iglesia Católica, David encontró un apoyo, guía y aliciente para seguir adelante en su lucha. “En donde se congrega la mayor cantidad de hispanos es en la Iglesia Católica, la cual ha tenido una influencia en los esfuerzos de que se reconozcan los derechos humanos de los inmigrantes. A través de la iglesia conocí a mucha gente. Esto me motivó y fue de ayuda para mi autoestima. Esto permitió que se crearan un par de organizaciones en Seattle, que todavía están en pie. Una de ellas es el Comité Pro Amnistía y Justicia Social, y el otro es Casa Latina, el cual cuenta con un centro de Trabajo, similar al de VOZ en Portland, yo fui uno de los fundadores de esas organizaciones”, recuerda con orgullo.
Cuando el centro de Trabajadores se fundó en Casa Latina, David decidió ir a trabajar con jornaleros (Day Labors). Fue ahí donde conoció a miembros de la organización SEIU cuya meta como sindicato era aumentar los estándares de vida de los trabajadores que representa.
Una de sus aéreas de trabajo es los “janitors” o trabajadores de limpieza. Fue ahí donde por primera vez se involucró con esta organización. David Ayala y su familia se mudaron a Portland en el 2003, luego de que su esposa se graduara como abogada. “Ella se convirtió en mi líder y yo en su seguidor, es decir, el organizador se volvió organizado y ella me convenció a que nos viniéramos a Portland”.
El estaba dispuesto a quedarse en casa a cuidar de los niños, pues pensó que no encontraría un trabajo, pero cuando en SEIU supieron que se mudaría a Portland, le ofrecieron empleo.
SEIU participa en las negociaciones de los contratos colectivos de los trabajadores. Sus agremiados tienen un sueldo de US$11.10 dólares por hora y tienen seguro médico gratis para ellos y sus hijos, derecho a una pensión por parte del empleador y vacaciones pagas, lo que contrasta con los US$7.95 dólares hora a los que pueden aspirar los trabajadores que no están afiliados a un sindicado (Union), y quienes tampoco cuentan con seguro médico, ni pensión del empleados y ni vacaciones pagas.
“Además de la parte económica, nosotros les ayudamos a que sean respetados, especialmente los inmigrantes. Les damos voz y representación. Una de las cosas que me llenan y me satisfacen es cuando estamos en las negociaciones de los contratos, porque ahí no importa el estatus legal del trabajador, su color de piel o su sexo, o el idioma que hable. Con ayuda de un intérprete, el trabajador negocia lo que quiere ganar”, dice.
Otro de los bastiones de SEIU es la reforma migratoria, es decir, crear un camino que permita que la gente sea ciudadana y con ello la gente tenga más estabilidad. SEIU Local 49 apoya la candidatura presidencial del demócrata Barack Obama, quien se ha comprometido a impulsar una reforma migratoria.
Una de las cosas más desalentadoras para Ayala es la avaricia de los dueños de los edificios. El 70 por ciento de los edificios de Portland trabajan con empleados de limpieza sindicalizados y el 30 por ciento restante continúan empleando a gente que no está sindicalizada y les pagan mal, sin embargo, para él es alentador escuchar las historias de la gente y su gratitud hacia el sindicato.
Además de su trabajo, David Ayala disfruta la convivencia con su esposa y sus tres hijos: David de 16 años, Magi de 6 y Maura de 18 meses. Le gusta cocinar para ellos y de vez en cuando prepararles las pupusas, algo así como una tortilla muy gruesa hecha de masa de maíz relleno de queso, frijoles y carne de puerco.
David Ayala disfruta de ir a acampar y perderse en el bosque con su hijo mayor. “Uno necesita tener el contacto con la naturaleza, es como una conexión espiritual”, concluye este luchador, al reafirmar que desde antes de haber dejado su país, su compromiso era con los desfavorecidos, con los que no tienen voz.

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