
Invitar a la gente a participar en una celebración de 25 años como obispo parecería un acto egoísta. Yo supongo que de alguna manera lo es. Pero yo estoy verdaderamente esperanzado que esta sea una ocasión especial que tenga como motivo principal a toda su gente de servicio a la comunidad. Éste es un hito en una jornada de la que estoy muy agradecido y la que he podido alcanzar, con la ayuda de la gracia de Dios y el apoyo de algunas personas extraordinarias.
En estos 25 años, yo con gran agradecimiento reconozco el gran regalo que he recibido al ser llamado para servir como obispo. ¿Estaba preparado para la tarea? ¿Era yo el hombre correcto para el episcopado? Francamente, no. Mis propias limitaciones hacen que cualquier bendición que llega a la gente a través de mi ministerio claramente suceda por la gracia de Dios y no por mí.
Durante mis años de servicio he vivido momentos maravillosos que vale la pena recordar y destacar.
Por gracia de Dios yo me enamoré de la iglesia y de su misión. Yo crecí dentro de una familia en la cual las celebraciones eran parte de la vida diaria. Lo que nosotros valorábamos, nosotros lo celebrábamos – vida, fe, familia, iglesia y nación. La semana pasada, los invite a ustedes a unirse a mí en la celebración del domingo en la Universidad de Portland.
Como católicos evangelizadores, nosotros siempre estamos ansiosos de compartir las buenas nuevas. John Vlazny, ¿25 años como obispo? ¿Nunca cesarán las maravillas?
Los obispos sirven a su gente como los sucesores de los apóstoles. A través del obispo local cada iglesia católica se convierte en una verdadera comunidad apostólica.
Elecciones
La elección presidencial del pasado 4 de noviembre pasará a la historia. Por primera vez, un africano- americano fue elegido como presidente de los Estados Unidos. Aun cuando la raza no fue aparentemente un factor significativo en la elección, la raza se convirtió en la portadora de un profundo sentido del logro creativo para todos nosotros.
La opresión de las personas negras, en esta nación, ha tomado un largo tiempo para llegar a curarse. Nosotros empezamos en 1776 declarando que “todos los hombres son creados iguales….con derechos inalienables a la vida, la libertad, y la búsqueda de la felicidad”. Pero la realidad retó estas palabras por mucho tiempo.
El derecho al voto para las personas negras se dio solo paulatinamente y en forma mínima. La emancipación los reconoció como ciudadanos pero la segregación los mantuvo en un segundo plano. La acción afirmativa no pudo sanar las heridas. Poco a poco, el progreso se ha logrado, desde Jackie Robinson hasta Condoleeza Rice, en áreas como el deporte, entretenimiento, academia y múltiples niveles del gobierno.
El presidente electo Barack Obama y nuestra nación tienen el derecho de sentirse orgullosos por este logro. Una mayor preocupación es que el mismo tipo de rencor pueda prevalecer entre aquellos que no lo apoyaron a él, tal como ocurrió entre aquellos que no apoyaron al presidente Bush en pasadas elecciones.
La falta de respeto mostrada al presidente Bush de parte de los medios de comunicación, en despectivas calcomanías y en el ridiculizante humor con el cual una y otra vez lo denigraron a él, fue vergonzoso y excesivamente deprimente.
Yo espero y estoy orando para que aquellos que fueron “los perdedores” en estas elecciones, no muestren el mismo tipo de rencor y por el contrario, demuestren la urbanidad y el respeto que se garantizan en esta gran democracia.
Nosotros los católicos queremos efectivamente continuar nuestro trabajo por la justicia económica y la oportunidad para todas las personas. Estamos muy preocupados en torno al tema de las leyes de inmigración y la situación apremiante de nuestros hermanos y hermanas indocumentados.
Nosotros queremos dar una mejor educación y ayudar adecuadamente al necesitado, sin distinción.
Nosotros definitivamente queremos salvaguardar la libertad religiosa y promover la paz tanto en casa, como en el exterior.
El más básico de todos los derechos es el de la vida misma, que es un regalo de Dios y de nuestros padres. Muchos han visto estas elecciones como una pérdida de los defensores del derecho a la vida.
Nosotros vemos esto de una forma diferente. Esta fue una victoria para aquellos que se esforzaron por alcanzar cambios importantes en una economía. En estos momentos vemos la pérdida de demasiados empleos, casas y seguridad financiera para las familias aquí y en todo el mundo. Esto nos preocupa.
Nosotros los obispos aún vemos como algo malo, la decisión en 1973 de Roe vs. Wade, por parte de la Corte Suprema. Aun más, nosotros estamos muy preocupados por el potencial que puede tener una mala legislación o peor aún, esa decisión. Nuestra preocupación actual se da en el Acto Sobre el Derecho a Escoger, el cual fue presentado al Congreso y el cual el presidente electo, dijo que firmaría si éste fuera aceptado por nuestros legisladores.
Éste últimamente provee el aborto a voluntad, bajo todas las circunstancias. Éste privaría a los ciudadanos de los cincuenta estados, de la libertad que ahora ellos disfrutan de establecer modestas restricciones y regulaciones a la industria del aborto.
Todos nosotros nos veríamos forzados a subsidiar y promover el aborto con los dólares de nuestros impuestos. Esto contrarrestaría cualquier esfuerzo sincero del gobierno y otros de buena voluntad que buscan reducir el número de abortos en esta tierra.
Yo quiero llamar la atención sobre este tema, porque es algo en lo que podemos estar unidos y hacerlo con la conciencia de nuestra oposición. Si el nuevo presidente y el congreso emprenden una legislación y dan órdenes ejecutivas con respecto a esto, un sinnúmero de americanos serán alienados y el hermoso sentimiento del logro con respecto a los derechos civiles para todas las personas, tendrá un final trágico.
Por favor únanse a mí en oración por nuestro presidente electo y por los nuevos miembros del Congreso. Esfuércense por cooperar con ellos gentilmente y estén en desacuerdo cuando sea necesario y sobre todo, respetuosamente.
La esperanza que tantas personas han expresado como resultado de esta elección será auténtica y sincera, sólo si todas las clases de personas, incluyendo a los niños aun por nacer, están protegidos de las violaciones de sus derechos inalienables, especialmente del derecho a la vida.
Retiro Espiritual
Hace veinticinco años durante la semana del Día de Acción de Gracias, yo estaba haciendo mi retiro espiritual en preparación para mi ordenación para el episcopado. En tantos años, parece que fue ayer. En otras palabras, ésta ha sido una jornada larga, retadora, pero satisfactoria.
En el tiempo de mi ordenación como obispo, yo estaba al servicio como rector del Colegio Seminario de Chicago en Niles. Joseph Bernardin me nombró vicario en una de las seis regiones de la Arquidiócesis de Chicago. Yo tenía que supervisar más de cincuenta parroquias en los suburbios del noroeste de Chicago y en el Condado de Lake. Había más de 400.000 católicos en esa área, tantos como los que tenemos en la Arquidiócesis de Portland en su totalidad.
Luego de tres años y medio en ese cargo, me trasladé a Minnesota y me convertí en el Obispo de Winona. Aquellos fueron diez años y medio de bendiciones. Yo estaba joven, sano y energético. Dios ha sido bueno conmigo en todo este tiempo.
Después, la mañana del 15 de octubre de 1997, el teléfono sonó a las seis de la mañana. Era el nuncio apostólico que estaba llamando para decirme que el Santo Padre me estaba nombrando como el Obispo de Portland.
Yo he sido bendecido con tantos compañeros de trabajo maravillosos aquí en el viñedo del occidente de Oregón. Los sacerdotes, los religiosos y religiosas, y los laicos, siempre han sido de gran ayuda y llenos de energía a la hora de confrontar los retos a los que nos hemos enfrentado juntos, y no todos de nuestro agrado. El enfoque en la evangelización, la construcción del reino de Dios juntos aquí en la tierra, nos han energizado a muchos de nosotros. Nos hemos convertido en discípulos en misión y ésta es mi máxima satisfacción.
Yo no sé lo que el futuro nos deparará, pero estoy contento de estar aquí. Mi servicio como pastor de esta Arquidiócesis no durará para siempre, pero Dios siempre proveerá. Cualquier cosa buena que Dios ha logrado a través de mí, es para su crédito, no para el mío. Y cualquier cosa buena que nosotros hemos logrado juntos, yo deseo reconocerlo y celebrarlo con ustedes.
Acción de Gracias
El Día de Acción de Gracias, las personas de fe a lo largo de esta tierra, contaron sus bendiciones a medida que nosotros le agradecimos a Dios por su cuidado providencial.
Pero no podemos evitar pensar en aquellos que no han sido generosamente bendecidos. Incluso en estos tiempos económicos difíciles, muchos de nosotros reconocemos a otros que sufren aún más. Ellos no tienen educación, vivienda, cuidado de salud, cuidado infantil, salarios justos y entrenamiento vocacional.
La Campaña Católica para el Desarrollo Humano nos ha dado la oportunidad de cambiar las instituciones que permiten que la pobreza exista. Esto también le da alguna esperanza a 37 millones de personas que viven aún en la pobreza. Déjenme asegurarles que la Campaña Católica para el Desarrollo Humano es un vehículo muy importante en nuestro esfuerzo de animar a los católicos a ayudar a los americanos pobres y de bajos ingresos a ayudarse a sí mismos y a sus comunidades a salir de la pobreza. Aquí en la Arquidiócesis el año pasado los proyectos locales recibieron $160.000 dólares, más que lo contribuido por los católicos locales.