
Queridos Lectores:
Este mes quiero invitarlos a todos por medio de esta columna, -que es como nuestra charla mensual-, a leer con atención esta edición de El Centinela.
Hemos trabajado para llegar a nuestra comunidad con toda la información relacionada con nuestro Arzobispo John Vlazny, quien celebra sus 25 años de entrega y servicio como Obispo.
Cada mes, en nuestra edición, tenemos un espacio para la columna que él escribe en español para la comunidad hispana. En sus columnas de todos estos años, él se ha dirigido a los hispanos y ha compartido sus esperanzas, su trabajo, sus preocupaciones y sobre todo, su interés en torno a temas como el de la necesidad de mejorar las condiciones de vida de los inmigrantes a través de leyes migratorias justas.
La comunidad hispana es muy afortunada, al tener un pastor como el Arzobispo John Vlazny. Afortunada de verdad, pues él es quien motiva en la fe a una comunidad que enfrenta retos. Y al ver el amor, con que él se acerca a los hispanos, muchos se sienten parte de esta gran familia católica.
Tengo que decir que para mí, lo más notable es ver cómo el Arzobispo habla el español. Desde que lo conozco, siempre se ha dirigido a nosotros en nuestro idioma. Con un acento perfecto. Con frases perfectas y sobre todo, con una fluidez que a la hora de entablar una comunicación, hace que me sienta perfectamente cercana a él. Sé que en nuestra comunidad, hay muchos hispanos que se sienten como yo. Muchos que valoran el hecho de que pueden hablar con su Arzobispo en el mismo idioma. Esto crea una cercanía. El idioma que compartimos con él, crea un espacio sincero de amistad.
Y es que el Arzobispo, a quien he querido llamar en esta oportunidad “Nuestro Arzobispo” es realmente eso, es nuestro porque es parte de nosotros, él sabe compartir nuestra cultura, nuestra fe, nuestras tradiciones. Y además de que las comparte, las conoce bien.
Uno de los eventos que año tras año reúne a la familia hispana es la fiesta de Guadalupe que por cierto acabamos de celebrar. Este año, el Arzobispo presidió la misa en la iglesia de San Juan Bautista en Milwaukie y como este año, en el pasado él ha visitado las diversas comunidades católicas hispanas, para compartir esta fiesta.
Recuerdo que hace 10 años, cuando él acababa de llegar a Portland, yo tuve la oportunidad de verlo por primera vez, durante la celebración del 11 de diciembre en la parroquia de San Patricio en Portland. Allí estuvo el Arzobispo, con su gran sonrisa y su vestimenta con la imagen de la Guadalupana, en honor a nuestra madre. Si lo vemos hoy, es como si el tiempo no hubiese pasado pues él sigue amoroso, dispuesto a compartir con su comunidad.
Por eso, siempre que se anuncia una celebración con el Arzobispo, la comunidad se prepara para vivir con fe y sobre todo, hacer una fiesta en familia. Porque la llegada de Vlazny, con su cariño y sencillez, hace que uno se sienta con alguien de la familia.
Su forma de compartir, en estos años como Arzobispo de la Arquidiócesis de Portland, ha sembrado una semilla de amor que ha germinado en los corazones de todos. Este mes, por eso estamos escribiendo esta edición especial.
Los invito a leer por ejemplo la historia de la vida del Arzobispo. También los invito a leer el artículo en que las voces de los hispanos se unen a esta celebración y hacen un reconocimiento de él como amigo, como pastor, como líder espiritual y sobre todo, como miembro de la familia hispana católica.
Como lo decía anteriormente, es un gusto y me siento afortunada al poder celebrar este aniversario al lado de la comunidad.
El Centinela es la voz del hispano y por eso quiero que todos nos unamos para celebrar con él sus Bodas de Plata como obispo.
Y si lo ven este mes, de visita en sus comunidades o se lo encuentran, los invito a que se acerquen, hablen con él y sobre todo, lo feliciten, pues él es una bendición para todos nosotros y bendiciones como ésta no son tan fáciles de tener. Por eso somos afortunados en la comunidad hispana y cada uno sin excepción tiene esta fortuna.