Edición Impresa: 01/05/2009

Arzobispo John Vlazny celebró 25 años como Obispo

Su cariño hacia los hispanos ha sido vital para unir una comunidad de inmigrantes que él conoce muy bien.

La ceremonia eucarística de acción de gracias del aniversario de Vlazny fue en el Chiles Center de la Universidad de Portland.
Foto de El Centinela por Gerry Lewin.

Es un domingo nublado del mes de noviembre y el Arzobispo John Vlazny, sencillo por naturaleza, es la fuente del brillo del sol al interior de una iglesia de Oregón.

"Que las bendiciones de Dios se derramen sobre todos ustedes, como una salsa deliciosa sobre el puré de papas”, dice el delgado y travieso líder de la iglesia católica, quien tiene 71 años de edad. Él está refiriéndose a una monja que le ha servido unas papas deliciosas no hace mucho, cuando se dirige a la gente de la parroquia de San Francisco, en Roy. La multitud se ríe a carcajadas.

Al hacer un resumen de los 25 años que lleva el Arzobispo Vlazny como obispo, se pueden resaltar algunos momentos dramáticos, públicos e incluso controversiales. Él, después de todo, ha sido forzado a manejar el suicidio asistido con la ley de Oregón, además de la discriminación en contra de los inmigrantes, el progreso de los derechos al aborto, y un escándalo por abuso sexual por parte de los sacerdotes católicos.

Pero en medio de y entre todos los eventos que son noticia, John Vlazny siempre ha sido esencialmente un hombre que da sentido a su misión pastoral. Él visita las iglesias grandes y pequeñas, bendice las escuelas, cuenta cuentos, da consejería, y escucha las confesiones. La mayoría de los católicos saben que él ha mantenido el gozo y la fe, los cuales tiende a transmitir a aquellos con quienes se encuentra, si no de otra forma, con esa gran sonrisa que le ilumina el rostro y que se escucha siempre a su paso. Y como sacerdote y obispo, para Vlazny lograr nuevos discípulos ha sido su misión central.

"El propósito de la iglesia no es hacer que el mundo sea católico, sino llevar el mensaje del evangelio al mundo”, dijo Vlazny en una entrevista en el 2006.

"Nosotros podemos contribuir a hacer de esta una sociedad más justa y amorosa”. Durante su primera conferencia de prensa en Portland, él dijo a los reporteros, “Jesús no se la pasaba en la iglesia”.

El hombre, que se habría de convertir en Arzobispo, fue criado en la cultura inmigrante del centro de los Estados Unidos durante la Gran Depresión, cuando la iglesia católica era el centro de la vida social y espiritual. En 1937, Chicago era una ciudad de vecindarios donde las iglesias católicas orgullosamente levantaron sus campanarios sobre las chimeneas de las plantas empacadoras y las fábricas de acero.

Chicago fue el hogar de un número significativo de alemanes, irlandeses, polacos, bohemios, suizos, italianos, lituanos, griegos, eslovenos, eslovacos y rusos judíos. Entre los grupos que dejaron su huella en el paisaje urbano estuvieron los africano- americanos, quienes habían llegado al norte en busca de mejores trabajos y vivienda como parte de la “Gran Migración”, durante la Primera Guerra Mundial, además de los mexicanos que estaban echando raíces al sur de Chicago.

En los años 30s, la ciudad era un mosaico de culturas, aun cuando sus iglesias católicas y escuelas eran poderosos recordatorios de que la religión continuaba dándole forma a la vida comunal de los niños y los nietos de los inmigrantes.

En todos los vecindarios industriales antiguos de Chicago durante la depresión, la competencia por el trabajo fue feroz y hubo algunos pocos sindicatos para proteger a hombres y mujeres, contra los despidos o las reducciones en los salarios y las horas. En 1937, los trabajadores estaban tan sólo empezando a organizarse y en el lado sureste, los trabajadores de las acerías pelearon batallas amargas contra la policía, en lo que se llegó a denominar la masacre del Día de los Caídos.

Como muchos otros hijos de inmigrantes, el padre del arzobispo, John Vlazny, estaba familiarizado con la naturaleza precaria de la vida familiar. Cuando su esposa Hattie, falleció súbitamente, dejándolo a él y a su joven hija Marcella solos, él se casó con Marie Brezina con quien tuvo un hijo y una hija.

Las familias Brezina y Vlazny tenían fuertes vínculos con el antiguo vecindario bohemio, conocido como Pilsen en la parte occidental de Chicago, y con la comunidad checa que se había formado alrededor de la iglesia de San Juan Nepomuceno, a pocas cuadras del nuevo estadio de Charles Comiskey de los White Sox, en la calle 35. El exitoso comerciante, John Vlazny fue un farmaceuta que operaba una farmacia en un importante edificio de esquina de tres pisos construido entre la calle 18 y la Throop. Pero la estructura más prominente en el vecindario era la Iglesia de San Procopius, cuycampanario se podía ver por cuadras y aquellas campanas le recordaban a los inmigrantes bohemios las iglesias de su infancia. Construida en una gran escala y dedicada en 1883, ésta hacía parecer pequeñas en tamaño a las iglesias protestantes y a las misiones a lo largo de la Avenida Racine.

Como ocurrió con los vecindarios a través de la ciudad, las hermanas católicas crearon hospitales para atender las necesidades de las familias, desde la cuna hasta la tumba. El Hospital de San Antonio de Padua cercano al Parque Douglas donde el Arzobispo Vlazny nació, había sido fundado por las Hermanas Franciscanas del Sagrado Corazón de Joliet, Illinois, en 1896, y ellas le daban la bienvenida “a todos los pacientes independientemente de su religión y nacionalidad”.

A pesar de vivir en una ciudad de más de tres millones de personas, las familias como los Brezina y los Vlazny encontraron a Chicago como una ciudad pequeña. Una de las razones era la extensa red de parroquias católicas que apanalaban la ciudad. Solo en Bridgeport había 10 parroquias católicas dentro de un área de una milla, cada una con su propia identidad e inconfundible.

Aun cuando ellos podían fácilmente caminar a la parroquia alemana de San Antonio o la parroquia irlandesa de Todos los Santos, las familias bohemias preferían orar en San Juan Nepomuceno donde ellos podían escuchar las homilías en checo, al igual que en inglés. Esta solución pragmática a la pregunta espinosa del idioma, aseguró que los inmigrantes se sintieran como en casa en sus iglesias del vecindario tanto como sus hijos nacidos en Norteamérica.

Para parejas como Marie y John Vlazny, trastearse del “viejo vecindario” significaba convertirse en miembros de parroquias de habla inglesa. La transición no era muy traumática ya que todas las misas antes del Concilio Vaticano II eran celebradas en latín, con meditaciones en inglés. A meses de su bautismo en la predominante parroquia irlandesa de Santa Cecilia, ubicada en las calles 45 Place y Wells, el joven John Vlazny estaba viviendo en torno a la parroquia de St. Gall, en el vecindario de Gage Park donde la familia Brezina había echado sus raíces en 5705 S. de la calle Troy.

De la misma manera en que la cadena de inmigración desde Europa había contribuido al crecimiento y desarrollo de los vecindarios industriales de Chicago, la tendencia se repitió en sí misma, en los emergentes vecindarios residenciales. La casa de un piso de los Vlazny estaba ubicada en 6011 S. de la avenida Francisco y las otras casas de ladrillo de la cuadra, que no sólo representaban el sueño americano de poseer una vivienda, sino que aseguraban una forma de vecindad que las familias católicas habían venido a valorar altamente.

Es así que trasladarse de un vecindario densamente poblado tal como Bridgeport, donde las casas se calentaban con carbón o estufas de leña, a una casa calentada con radiadores y con baños de relucientes azulejos, constituía un punto culminante en la vida de los residentes de Chicago.

Los vecindarios

Vecindarios “con cinturones de casas de una planta” tales como Gage Park fueron desarrollados en el tiempo en que pocas familias poseían automóviles, y aun así los residentes disfrutaban de fácil acceso a las líneas de los tranvías, los cuales los llevaban al trabajo o al centro de la ciudad.

Para los niños que se hacían mayores, los patios traseros y las aceras frente a sus casas de un sólo piso ofrecían oportunidades incomparables, como los juegos sin el peligro de ser atropellados por los camiones de mensajería. Igualmente era significativo que los niños podían caminar a la escuela y a la iglesia solos, al igual que a los distritos comerciales con sus pequeñas tiendas y teatros.

Aun cuando estaba localizada en la ciudad de Chicago, la parroquia de St. Gall había empezado como una misión en 1890 y permaneció escasamente asentada durante los siguientes treinta años. Los parroquianos, incluyendo las familias Brezina y Vlazny, entendieron la importancia de construir una iglesia moderna y aulas escolares, y década tras década fue la escuela la que tomó importancia.

La llegada de las Hermanas Siervas del Sagrado Corazón de María de Beaverville, Illinois, en 1924, fue de pronto el evento más importante en la historia de la parroquia. A través de su dedicación, las inscripciones se incrementaron y en 1935 una adición fue construida. Visible a todos los transeúntes de la ocupada avenida Kedzie estaba la admonición grabada en la piedra: “Enséñame bondad, disciplina, conocimiento de Dios”.

La parroquia de St. Gall reflejaba el compromiso perdurable de la iglesia católica por la educación. Desde el siglo XIX, virtualmente todas las parroquias de la ciudad apoyaron sus propias escuelas de gramática, y en 1920 las preparatorias católicas empezaron a emerger a los lados del sur, oeste y norte de la ciudad. Otro importante desarrollo fue la apertura en 1918 del Quigley Preparatory Seminary a unas pocas cuadras de la Catedral del Santo Nombre, en Chicago. La estructura gótica rápidamente se convirtió en un monumento famoso al sur y se convirtió en la escuela preferida de los jóvenes que esperaban eventualmente ser ordenados como sacerdotes.

No fue un asunto pequeño de orgullo que a pesar de la Gran Depresión en 1937, 259 escuelas de gramática católicas en la ciudad mantuvieran sus puertas abiertas, educando a 130.000 estudiantes. Aun más significativo, en una época en que muchos niños fueron a trabajar luego del grado octavo, cerca de 6.000 hombres y mujeres jóvenes continuaron su educación en las preparatorias católicas en Chicago. Los padres católicos, los sacerdotes, las monjas y los obispos, consideraban la educación como una inversión hacia el futuro, y aun cuando el dinero estaba escaseando, cada esfuerzo fue hecho para asegurar que las escuelas católicas se compararan favorablemente con las instituciones públicas. Uno de los eventos de la vida católica en Chicago, en los años 30s por ejemplo, era la rivalidad anual de fútbol entre Leo High School y el ganador de la Liga de Escuelas Públicasdel campeonato en Soldier Field, la cual atraía a miles de espectadores.

Quizás por eso, los deportes llamaron la atención del joven John Vlazny y han sido parte importante de su vida desde una edad temprana. Él aun le pone mucha atención a los White Sox de Chicago, su ciudad natal y es capaz de citar estadísticas de memoria. Él recuerda cómo escuchaba por radio los partidos de los Sox, en compañía de su padre durante las noches. Y cómo, alguna vez se metió debajo de las cobijas triste y abatido por otra pérdida.

Vlazny recuerda que ocasionalmente “ayudaba” a su padre en la droguería familiar. El joven se aparecería en el trabajo, agarraría una barra de dulce, un libro de historietas, luego se prepararía un batido y descansaría.

También recuerda que los miércoles era el día de descanso en la farmacia y que el padre llevaría a toda la familia de excursión. Su madre hornearía manjares bohemios, y serviría cerdo al horno, chucrut y bolitas de masa, durante las ocasiones especiales. Mientras que en las comidas diarias, la sopa con fideos hecha en casa era el manjar familiar. Con frecuencia se compartía en familia con Monseñor James Hishen, un hombre que era muy cercano a la familia y una fuerte influencia en la vida de los niños Vlazny.

El clan familiar de los Vlazny los visitaba con frecuencia, y uno de sus primos incluso vivió con ellos por un tiempo. A cambio, ellos viajaban a Michigan en los veranos a visitar a los abuelos, tías, tíos y primos. Los abuelos no hablaban mucho inglés. Checo era el idioma de conversación durante las visitas.

John Vlazny padre era un hombre religioso que inculcó en sus hijos la importancia de la iglesia en sus vidas. Por eso, John hijo jugaría a ser sacerdote con Marion su hermana menor, quien hacía de monaguillo. Los dos también creaban un altar para la Virgen María, cada mes de mayo. Años más tarde, Marion (y su esposo Dennis) caracterizaría a su hermano como alguien que tomó la iglesia seriamente y era amigo de las diversiones. “Él siempre vio el lado brillante de las cosas”, dijo.

Las historias de las parroquias raramente incluyen el nombre de las mujeres responsables de cultivar las vocaciones al sacerdocio, pero el Arzobispo John Vlazny puede todavía recordar a su maestra del primer grado, la hermana Madeline Sophie, y a la hermana Mary Magdalene, quien estaba a cargo de los monaguillos. El acredita a la hermana Virginia Marie y a la hermana Mary George, como las personas más “influyentes en mi vida y mi vocación”.

Uno de los momentos dolorosos en la vida del joven John fue a sus 18 años de edad, cuando había acabado de entrar al seminario y se enfrentó a la muerte de su padre, a causa de un cáncer. Una familia muy compasiva del vecindario apoyó a la familia Vlazny en esos momentos.

El tiempo en que él empezó sus estudios en Quigley Preparatory Seminary, la parroquia de St. Gall había empezado a experimentar un gran crecimiento. Douglas Bukowski, un historiador que creció cerca de la casa de los Vlazny en los años 50s, la recuerda como “un vecindario que era como una Liga de Naciones. . . donde los polacos se unieron a los alemanes, los italianos, los irlandeses y los lituanos, para vivir juntos sin derramamientos de sangre o peleas a puñetazos”. Y en breve, la parroquia tendría una nueva iglesia en la esquina de la calle 55 y la avenida Kedzie que “apuntaba al futuro, no al pasado gótico preferido en Bridgeport”.

Dedicada en 1958, cuando John Vlazny, de 21 años de edad, se graduaba de St. Mary of the Lake Seminary en Mundelein, la iglesia de St. Gall estaba considerada como una de las iglesias más modernas construidas en la diócesis de Chicago después de la Segunda Guerra Mundial. Apodada el “Hilton de Hishen”, en honor de su pastor legendario, ésta simbolizaba el papel central de la iglesia católica en la vida de su vecindario.

El padre John Vlazny regresó de Roma en 1962. Él había estudiado en la Pontifical Gregorian University y había sido ordenado con hombres que serían sus amigos de toda la vida, incluyendo al californiano William Levada, quien eventualmente se convertiría en cardenal y Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Vaticano.

El padre Vlazny, de Chicago, encontró que tenía mucho en común con la ciudad en la cual había nacido su padre en 1896.

Los recién llegados de Puerto Rico y de las Filipinas estaban cambiando la cara de las viejas parroquias étnicas del norte de Chicago, mientras que las familias mexicanas estaban echando raíces en los viejos vecindarios y las acerías. En el oeste y el sur, las parroquias irlandesas experimentaron un cambio racial dramático durante los 70s y la idea de la integración se veía como algo muy difícil de alcanzar.

Tal como Bukowski narra en sus memorias, “Pictures of Home”, el espíritu del catolicismo progresivo que caracterizaba a St. Gall a través de su historia estaba siendo puesto a prueba fuertemente en los años 70s como resultado de los cambios raciales en los vecindarios del este.

Cuando el reverendo Martin Luther King, Jr. trató de marchar a través del Marquette Park, en el verano de 1966, para dramatizar la segregación del mercado de casas en Chicago, él fue golpeado en la cabeza con una roca.

La niñez del joven sacerdote en uno de los vecindarios de más diversidad étnica en Chicago, y su renovada apreciación de la universalidad de la iglesia, gracias a sus días de estudiante en Roma, le resultaron a él muy útiles en sus diversas asignaciones. Luego de un año en San Pablo de la Cruz en el suburbano Park Ridge, él dedicó 5 años a la parroquia de San Clemente en Lincoln Park. San Clemente era una de las parroquias preferidas de los profesionales jóvenes de Chicago en 1963 y sus vecindarios circundantes estaban muy lejos del aburguesamiento. La parroquia alemana, una vez de moda, había cerrado recientemente su preparatoria para niñas, y estaba enfrentándose al reto de mantener su escuela de gramática abierta.

Él igualmente sirvió en el seminario menor durante los años 60s y 70s. “Nosotros trabajábamos juntos como hermanos en el Seminario Menor”, dice el arzobispo retirado James Keleher de Kansas City. “Él siempre me estaba ayudando y haciéndome ver bien”.

De todas sus asignaciones en la diócesis de Chicago, San Aloysius en Humboldt Park dejó una huella profunda que se mantendría en la vida del Arzobispo. Cuando él llegó en 1968, encontró una de las más antiguas parroquias étnicas de la ciudad, donde la gente adoraba en un espacio sagrado y moderno.

Aun cuando no tan esmerada como la de St. Gall, la nueva iglesia de San Aloysius reflejaba esperanzas en el futuro de la parroquia y el vecindario.

Quedarse allí, en un tiempo en que las iglesias protestantes y las sinagogas judías estaban dejando Chicago, no fue una hazaña pequeña y esto mostró las raíces urbanas de la iglesia católica y su compromiso con la ciudad. No solo San Aloysius tomó un papel activo en el Consejo Comunitario de Conservación de East Humboldt Park, sino que la parroquia trabajó muy de cerca con sus vecinos católicos, es decir, el Hospital de Santa Isabel, fundado en 1887, por las siervas Poor Handmaids of Jesus Christ, y con Josephinum High School, establecido en 1890, por las Hermanas de la Caridad Cristiana (Sisters of Christian Charity).

Vlazny entre más adoptaba a los parroquianos, ellos mucho más lo adoraban. El coro de adultos jóvenes se describió así mismo _en forma no oficial_, como los “Vlaznyites”, incluso dándole a su pastor, quien hablaba español una camiseta “Vlaznyite”, cuando él dejó la parroquia en 1981, para servir como rector del seminario del colegio.

Diversidad

En San Aloysius, el padre Vlazny experimentó en forma cercana la genialidad que ha sido la experiencia católica de Chicago — dándole la bienvenida a un nuevo grupo, en este caso los católicos de Puerto Rico-, mientras continuaba trabajando para satisfacer las necesidades de polacos, filipinos, alemanes y africano-americanos.

Mucho antes de que se pusiera de moda hablar sobre la diversidad, las parroquias católicas lideraron ese camino. Esta es una vieja historia, y una que los padres y los abuelos del pastor hubieran entendido de memoria.

Cuando el padre Vlazny dejó su cargo como rector de Niles College Seminary en 1983 por una asignación más grande, los estudiantes estaban notablemente disgustados con la noticia.

“Él me dio una perspectiva diferente del sacerdocio”, un seminarista dijo en esa época. “Antes yo había visto solamente a los sacerdotes en las parroquias. Pero ahora veo sacerdotes como administradores y líderes de una gran comunidad, además de que son personas que están relacionadas con el proceso de toma de decisiones”. Ese año, su gozo y liderazgo lo llevaron a ser merecedor de un gran reconocimiento. El arzobispo de Chicago, Joseph Bernardin, lo nombró Obispo Auxiliar.

Liderazgo efectivo

El nuevo obispo escribió en el periódico, Nuevo Mundo Católico: “Cuidado, preocupación y liderazgo efectivo” serían los componentes esenciales para su nueva posición. Mientras que servía como vicario episcopal, el Obispo Vlazny trabajaba cercanamente con la Oficina del Apostolado Hispano, utilizando su español, uno de los idiomas en los que tiene completa fluidez. Él participó de varios comités que trataban las diferentes necesidades de pastoral de los hispanos en la Arquidiócesis.

“Nosotros necesitamos tener lugares más claramente definidos e identificables en el Condado de Lake, donde los hispanos sepan que ellos pueden ir y encontrar la solución a todas sus necesidades ministeriales”, le dijo el obispo Vlazny al Nuevo Mundo Católico, el periódico de la Arquidiócesis de Chicago.

Él vio la escasez de sacerdotes que hablaran español y así desarrolló ministros laicos para ayudar.

“Cada día parecía que él tenía tres o cuatro reuniones o presentaciones o ceremonias religiosas; y yo pensaba: ¿Por qué alguien querría ser obispo?” dice el padre John Thinnes, quien vivió con el nuevo obispo auxiliar en la parte norte de la Arquidiócesis de Chicago. “Eran las 10 p.m. o algo así, y yo ya estaría listo para irme a descansar, y el buen obispo estaba hasta ahora llegando a la casa, pero no para relajarse, pues siempre tenía que terminar una presentación o una homilía, para el día siguiente. La dedicación y excelencia con que él hacía su trabajo, le daba a su ministerio un compromiso admirable”.

Como ha sido típico, el obispo Vlazny era capaz de señalar con buen humor su nuevo papel. “Ser un obispo es como ser un abuelo”, él le dijo al periódico, Nuevo Mundo. “Cuando usted llega a una parroquia para una ceremonia de Confirmación u otra función litúrgica, es muy divertido y cada uno esmuy amable, y luego usted se va y deja al pastor con todos los problemas”.

No fue mucho después que su dedicación y afabilidad lo guiaron hacia otra misión. Había una posición abierta para obispo en el sur de Minnesota, donde sus habilidades pastorales se convertirían en una leyenda.

Obispo de Winona en Minnesota

Cuando el obispo auxiliar John Vlazny fue obispo de la Diócesis de Winona, Minnesota en 1987, los miembros de la parroquia de San Aloysius en Chicago, le quisieron mostrar su apoyo a su amado antiguo pastor.

Cerca de 75 personas de su comunidad, ampliamente de inmigrantes, rentaron un bus e hicieron el viaje de cinco horas para la ceremonia de instalación. Los moradores de la ciudad tuvieron problemas para encontrar el lugar preciso, de forma que llegaron tarde. Cuando ellos eventualmente entraron al salón, todos se dirigieron derecho hacia su amigo Vlazny, quien abrazó y dio la bienvenida a cada uno afectuosamente. Cada uno quería tomarse una foto con el nuevo Obispo.

En los 10 años siguientes, él se hizo conocer por estar siempre en contacto con las personas a las que servía, no sólo para hacer su aparición en una liturgia especial o un evento diocesano, sino para caminar con ellos y escucharlos. Para enseñar y aprender con ellos.

La Diócesis de Winona abarca los veinte condados del sur de Minnesota, y se extiende a lo ancho del estado, limitando con Iowa en el sur, WisconsinEl obispo preguntó: “¿Cómo se verá la cara de la Minnesota católica del sur en cinco años? ¿En diez años? Sin una planeación bien pensada, las cosas no pasarán. Pero con planeación, nosotros podremos hacer que las cosas pasen”.

La planeación pastoral no era nada nuevo — otras diócesis habían empezado ya tal trabajo — pero el proceso genuinamente con base en la comunidad diseñado por el obispo y su vicario general monseñor Gerald Mahon hizo del proceso en Winona particularmente efectivo. En este modelo, representantes laicos de cada parroquia en cada deanato se reunían regularmente a tratar los asuntos de la iglesia.

Ayuda a los catequistas

El Obispo Vlazny y su curia también ayudaron a los maestros y a los catequistas a adquirir alguna fundación teológica y filosófica. “Él apreciaba la frase que decía: ésta es ‘la era de los bautizados’, y nos recordó con frecuencia que el bautismo es el principal sacramento de la iglesia’, dice monseñor Mahon. “Esto lo llevó a él a encontrar el talento de cada uno a la hora de liderar su iglesia local, y él apreció el servicio y el sacrificio de toda la gente involucrada en la vida parroquial del sur de Minnesota”.

Otra de las prioridades del obispo Vlazny para Winona fue la de apoyar y fortalecer la vida rural del sur de Minnesota. “Las ejecuciones hipotecarias de las fincas y la fuga a los centros con gran población debilitan nuestras pequeñas comunidades, parroquias, escuelas y amenaza la vida familiar”, escribió. “Estas personas necesitan y se merecen un buen pastoreo. La iglesia debe estar con ellos en estos tiempos problemáticos”.

Él inicio la tradición de la “Misa de Cosecha”, una celebración litúrgica al aire libre en una finca familiar, en un deanato diferente cada año. Ya decidido a la evangelización, como ya el Papa Juan Pablo II había dicho que era la misión definitiva de la iglesia, él creó la oficina por la misión. Durante una presentación a un grupo en el pequeño pueblo Albert Lea, el obispo dijo que aquellos quienes ya han escuchado el Evangelio están llamados a llevar la buena nueva de Dios a otros”.

“Nosotros como iglesia no existimos para nosotros mismos”, dijo.

Tan pastoral como él era, se hizo muy claro que el Obispo Vlazny tenía admirables habilidades administrativas. Él discretamente manejó la expansión de los ministerios diocesanos, mientras que colocaba a la diócesis en un balance financiero sano. La justicia parecía estar detrás de todo esto. Él salvó el plan de pensiones de los sacerdotes y mejoró los beneficios para los empleados diocesanos.

Gran parte de su trabajo pasó desapercibido. Pero en 1994, el obispo generó una importante discusión a nivel del estado cuando emitió una declaración con su posición sobre los juegos, tales como el bingo, y otros juegos de azar, vistos como una fuente de ingresos para las parroquias y las escuelas.

Él pidió a los católicos que consideraran terminar las operaciones de juego, en las cuales había un “cambio de actitud de recreación a obtener ganancias”.

El periódico de Minneapolis, Star-Tribune, respondió con un editorial que decía: “En un tiempo en donde cada cual parece solo impulsado por el deseo de grandes ganancias en el juego, la declaración de Winona es una palabra excepcional y bienvenida de compasión por las víctimas”.

Dentro de los pocos años de llegar a Minnesota, él también tuvo que soportar el juicio de un sacerdote de Winona acusado de abuso sexual contra un menor. Al acusador eventualmente se le concedió un millón de dólares.

A través de esto, el obispo persistió en su papel como maestro, presentando talleres, conduciendo sesiones de preguntas y respuestas, y liderando servicios de oración.

En su programa radial semanal que estuvo al aire a través de la diócesis por más de tres años, él discutió cada aspecto de la iglesia, desde su estructura jerárquica, su posición acerca del aborto, hasta el significado de sus sacramentos, y su papel en darle forma a la política pública.

Él condenó el aborto y la eutanasia, vio el rol importante de las mujeres en la iglesia, defendió los derechos civiles de los homosexuales, habló en contra de la pena de muerte y urgió a la legislación a ayudar a la educación privada.

Él apoyó las enseñanzas de la iglesia en cuanto la ordenación de mujeres y las enseñanzas de la iglesia y sus normas relacionadas en el celibato sacerdotal, invocó Humanae Vitaeen criticando a la cultura anticonceptiva, y llamó a su gente a orar y hacer sacrificios como una forma de tratar con los problemas del mundo.

Sus convicciones tendieron a desalentar a aquellos que buscaban encasillarlo a él ya como “conservador” o “liberal”. Él se mostró así mismo como un fuerte seguidor de la ética de la vida, el tema de la prenda sin costuras, originalmente expuesta por su amigo el antiguo cardenal, Joseph Bernardin, de Chicago.

“El obispo Vlazny no será una persona de un solo asunto”, dijo el secretario de la Conferencia Católica de Minnesota, porque para él todos los asuntos de la vida deben ser tratados como uno. en el este y las Dakotas en el oeste. Las praderas de las Great Plains comienzan allí. Las comunidades rurales son llamadas Harmony, Blue Earth, Welcome, Magnolia y Good Thunder.

Durante la homilía de su instalación en Winona, él habló sobre la importancia del papel de los laicos en la iglesia. Lo hizo con las siguientes palabras: “Su trabajo, mis hermanas y hermanos laicos, sin importar si es tedioso o vigorizante, es un valor y una activa participación en la creativa presencia de Dios entre su gente hoy. El compromiso de los laicos en cada uno de los ministerios de la iglesia será bienvenido y maravilloso”. Es así que la participación de los laicos bajo la administración de Vlazny aumentó muchísimo.

La primera orden de negocios para el nuevo obispo fue la reorganización y el fortalecimiento del personal de la diócesis. El obispo Vlazny animó a sus trabajadores a ser más activos y animó la colaboración entre las diferentes oficinas. Las oficinas de medio tiempo fueron consolidadas y algunas funciones de servicios transferidas a Caridades Católicas; algunas de las nuevas oficinas — tales como Juventud y Vida Familiar — fueron creadas con los años en respuesta a las necesidades diocesanas.

Seis meses después de su instalación, el obispo Vlazny bosquejó sus prioridades para la Diócesis de Winona, en una columna escrita en su periódico diocesano, El Mensajero. Él explicó que su prioridad principal era la planeación pastoral integral, en los dos niveles, es decir el parroquial y el diocesano. Enfrentado a un disminuido número de sacerdotes para servir a una población católica creciente, la afluencia de minorías y las demografías cambiantes, la diócesis no podía permitirse el lujo de sentarse y simplemente esperar por lo mejor. Mientras tanto como obispo, él empezó un ministerio para la iglesia más amplia. En 1993, fue elegido como presidente del Comité de Evangelización de los obispos. Él también serviría en los comités de formación sacerdotal, vida religiosa y ministerio, y el tercer milenio del North American College en Roma. Él fue el enlace del Consejo Nacional de Mujeres Católicas, y sirvió como presidente del Comité ad hoc de los Obispos, sobre las Preocupaciones Económicas de la Santa Sede.

Monseñor James Habiger de la diócesis de Winona, sabía que todos amaban al Obispo Vlazny. Pero advirtió que cualquiera que tratara de intimidar al obispo pronto descubriría que él es “acero envuelto en terciopelo”.

En 1997, Vlazny recibió del Vaticano una misión mayor, porque los líderes de la iglesia sabían que su luz debía brillar en algo más trascendental. Los feligreses de la Diócesis de Winona estaban felices por él, pero al mismo tiempo, tristes pues él los dejaría a cambio de la Arquidiócesis de Portland, que estaba al otro lado del país. Saint Mary’s University en la colina de Winona incluso renombró su Salón Thomas Aquinas, para llamarlo el Salón Vlazny. El bondadoso obispo enfocado en la evangelización había desplazado a un doctor de la iglesia, según comentaron algunos.

Luego de que el Arzobispo de Portland se enteró de que debía irse a liderar la Arquidiócesis de Chicago en 1997, él hizo un viaje a la Escuela de la Catedral. Él le dijo a los estudiantes que otra persona iba a cubrir su posición en Oregón. Uno de los jovencitos pensó que de pronto este podría ser un intercambio directo, el arzobispo George por la superestrella de los Chicago Bulls, Michael Jordan.

Cuando el obispo John Vlazny en Winona escuchó esto, su risa fue tan fuerte que casi se escuchó aquí en Portland. A la edad de 60 años, el obispo “trotador” dijo que su estilo no estaba a la altura de la NBA. Pero como nuevo Arzobispo de Portland, él necesitaría de todas las habilidades y la resistencia que pudiera demostrar.

Ahora él era el líder espiritual de más de 280.000 católicos. La cabeza del quinto distrito escolar más grande del estado, con 15.000 estudiantes, además de la mayor influencia en ocho hospitales católicos y las diferentes oficinas de caridades católicas, entre otras organizaciones. Pero el reto mayor, era venir a un sitio donde la iglesia no era considerada como algo importante. Pero como lo ha hecho en todas partes, el Arzobispo Vlazny rápidamente se ganó el corazón de los oregonianos y con algo simple: siendo él mismo, una de sus grandes cualidades.

Él escribió cálidas tarjetas de agradecimiento luego de visitar lugares como la pequeña parroquia de San Antonio, en Waldport. Él agradeció a las personas por la hermosa misa y la deliciosa cena de despedida. También en la iglesia de Santa Helena en Junction City, luego de una comida casera, el Arzobispo cogió el acordeón y lideró la audiencia en melodías como: “Cuando los ojos Irlandeses están sonriendo” y la “Polca del Barril de Cerveza”.

El mensaje del Evangelio

En este punto, viendo la trayectoria del Arzobispo, no hay ningún misterio en torno al porqué este hombre fue escogido para Portland. El estado, al final del camino de Oregón tenía un porcentaje legendario de residentes sin afiliación religiosa. Estos individuos, razonó el Vaticano, podrían responder bien a la afabilidad y enfoque externo de un hombre que realmente cree que el Evangelio es, por lo menos, un tremendo beneficio para la sociedad.

En su homilía de instalación en Portland, el Arzobispo Vlazny urgió a los espíritus acogedores en las parroquias y pidió a los laicos recordar que la misión de evangelización está prevista para las actividades y las relaciones fuera de la iglesia.

Sin perder un momento, el nuevo líder espiritual viajo alrededor de la amplia Arquidiócesis y presidio misas desde Astoria hasta Medford. Él fue tan popular en Medford que la parroquia del Sagrado Corazón vendió videos de su visita posteriormente.

Él también visitaría iglesias vietnamitas, coreanas, africano-americanas y polacas, y obtuvo la bienvenida de un héroe. “Nosotros somos de todas las clases, tallas y formas”, dijo el Arzobispo John Vlazny en 1998, recapitulando su eclesiología. “Nosotros tenemos personas ricas, tenemos personas pobres, personas inteligentes y tenemos también personas no tan inteligentes. Nosotros representamos todas las maravillas de la raza humana. Nosotros somos todos pecadores y santos. Pero a Dios le gusta agarrarnos cuando estamos en nuestro peor momento. Y él nos da la vuelta”.

En Oregón, los retos empezaron pronto para el nuevo Arzobispo. A pocos meses de su instalación, los oregonianos mostraron que estaban de acuerdo con escoger la legalidad para el suicidio asistido por un médico, tema muy controversial. La práctica era impensable en la cultura católica del centro de los Estados Unidos.

Y la situación se torno difícil en la campaña, pues se dio origen a una abundante retórica anticatólica. Algunas veces las armas fueron más pesadas que las palabras. Al poco tiempo de la llegada de Vlazny, unos vándalos lanzaron un pedazo de concreto a través de una ventana de la oficina de la parroquia Santa María en Corvallis, donde pintaron signos llamando a una revocación del suicidio asistido.

“¿Estamos nosotros tan obsesionados con la autonomía personal y el control, que podemos muy bien caer en picada dentro de profundidades que nosotros nunca nos imaginaríamos?”, escribió el Arzobispo en una de sus columnas. “Muchos han expresado terror acerca de lo que pasaría cuando el poder sobre la vida y la muerte pueda ser puesto en manos de la sociedad, la cual está influenciada por el poder económico, la conveniencia y la eficiencia. Es una sociedad que huye del sufrimiento, las debilidades o limitaciones de cualquier tipo”.

El Arzobispo hizo un llamado para que la Iglesia redoblara su esfuerzo en el cuidado de los enfermos y moribundos. Cada prescripción letal, él dijo, nos confronta con nuestro fracaso de ofrecer cuidado compasivo. Las muertes, él admitió, lo llenaban de tristeza y vergüenza.

Pronto, el Arzobispo compartió escenario con el senador retirado Mark Hatfield, en la apertura de un centro de asistencia para la vida diaria, uno de tres que fueron habilitados en aquellos días. Los nuevos proyectos constituyeron la respuesta de la Iglesia, al suicidio asistido e indicaron que su líder católico respondería a los problemas con sentido común y compasión.

Uno de los primeros actos del Arzobispo John Vlazny fuera de la sede de la iglesia fue cuando se hizo presente en una manifestación por el derecho a la vida en el Capitolio de Salem, Oregón. Él empezó a participar anualmente y en otras oportunidades hizo sus denuncias a favor de los que niños por nacer.

Durante los años en que se celebraron las elecciones, Vlazny dio a conocer a los oficiales y candidatos católicos a favor del aborto, que ellos están en una posición insostenible. “Los políticos católicos no pueden sacar ventaja de una cosa y de la otra”, escribió en el año 2002. “Las acciones siempre hablan mucho más que las palabras”.

A medida que las elecciones presidenciales del 2004 se aproximaban, y uno de los candidatos en la contienda electoral era católico y apoyaba el derecho al aborto, el Arzobispo Vlazny puso sobre la mesa su posición acerca de la responsabilidad de quienes desde el estrado político tenían toda la responsabilidad de discrepar, diciendo que “ellos por sí mismos deberían abstenerse de comulgar”.

“La recepción de la Santa Comunión es un signo de que la persona no sólo busca la comunión con Dios, sino que también desea mostrar que quiere vivir en Comunión con la iglesia”, escribió Vlazny, refiriéndose al tema.

Siempre estuvo consciente de que necesitaba una audiencia mayor que los católicos, y también que los católicos apoyan la doctrina con la razón. Vlazny con frencuencia enfatizó la lógica y lo hizo con sentido común.

“La ley de Oregón requiere que los padres acepten la responsabilidad por el bienestar de sus hijos, cuando se trata de tatuajes, viajes de estudio, o incluso de tomar una aspirina en la escuela”, dijo, argumentando ante la ley de notificación a los padres en el caso de aborto de menores. “Un aborto es obviamente un asunto más serio”.

Este abril de ese año, él dedicó una columna de El Centinela para hablar sobre el tema y arrojar luz sobre la organización Planificación Familiar, la cual estaba construyendo una clínica en un vecindario de africano-americanos en Portland.

“Los llamados ‘servicios de salud y educación’ que serán provistos por medio de estas instalaciones, sólo destruirán más vidas humanas y servirán para promover una conducta de promiscuidad entre la gente joven”, escribió.

Hacia el mes de octubre, el Arzobispo ya había tenido un tiempo sustentando las enseñanzas de la iglesia. Él invitó a los católicos a atender la misa en la Catedral Santa María, como una respuesta espiritual a una cena política a favor del aborto, de la cual sería anfitrión el gobernador Ted Kulongoski en Portland. “Esto es una fuente de vergüenza para nuestra iglesia y un escándalo para la comunidad católica”, dijo el arzobispo. “Que un gobernador católico sea el anfitrión de este tipo de eventos, parece un disentimiento deliberado de las enseñanzas de la iglesia”.

En el año 2002, a medida que los investigadores empezaron a dar a conocer los descubrimientos en torno al tema de la clonación de animales, el Arzobispo dijo que la base del problema era “el incesante avance de la ciencia sin la correspondiente preocupación por las implicaciones éticas. Los humanos no son una mercancía”.

“Ciertamente nosotros queremos ayudar a aquellos que están sufriendo, pero no podemos usar un fin que es bueno, para justificar medios malignos”. El Arzobispo escribió y dio a conocer su postura a medida que el debate sobre las células madres estaba alcanzando su cumbre en el 2006. “Algunas veces las personas olvidan que la discusión sobre las células madres humanas, tiene referencia directamente con los principios de la vida misma. El tamaño no importa, o qué tan pequeños como estos embriones pueden ser. Ellos se merecen nuestra protección porque ellos son humanos”, reiteró enfáticamente.

Durante su primer año, incluso cuando él estaba defendiendo la Cultura de la Vida, el Arzobispo Vlazny hizo planes para la Evangelización. Los católicos evangelizados como él reflexionó, traerán el Evangelio a la sociedad.

Él dijo que los fieles deben hacer tres cosas: “Ir, y hacer discípulos en la tierra; darle la bienvenida a otros a la iglesia, y llevar la buena nueva a las personas donde estén”.

En mayo de 1998, en un hecho sin precedentes el Arzobispo presidió la primera misa en el parque principal de Portland, en la zona del río a donde acuden cada año miles de personas para participar de la celebración del Cinco de Mayo. Esta celebración de una misa, en un evento público en Portland nunca se había visto antes.

“Para ser un buen cristiano, uno necesita participar en algunos aspectos del servicio del ministerio”, dijo el Arzobispo, de pie frente a una pintura de tamaño natural de la Virgen de Guadalupe. “En el hogar, el trabajo y en nuestros barrios, la actitud cristiana debe ser de generosidad y servicio”. Manteniendo su esfuerzo y mensaje de llevar la fe mucho más allá, él habló de la probreza y la justicia, en el Portland’s City Club. En otra ocasión, dirigiéndose a una multitud que llenaba la Catedral Santa María en 1999, el Arzobispo leyó una lista de palabras que con frecuencia son usadas en contra de la iglesia: “descerebrados, atrasados, impulsados por las normas, provocadores de culpa, crueles”. Al respecto él dijo que muchas personas en Oregón, conocen a la iglesia más por sus cenas de espaguetis y los problemas de estacionamiento durante las horas de la misa, que por sus buenas obras, oración poderosa y “milagros diarios”. Él reflexionó sobre esto y dijo que esperaba cambiar la mala imagen.

En esos momentos y a medida que se acercaba la llegada del año 2000 de la cristiandad, él vio esto como la oportunidad para preparar el camino de la evangelización.Para esto designó ocho lugares históricos de peregrinación en el estado. Un equipo de la Asociación Nacional Paulista de Evangelización Católica llegó para ayudar a las parroquias a encontrar la forma de ofrecer la fe a aquellos que no la practican. Un equipo de líderes de las parroquias fue formado y una oficina de evangelización fue establecida.

Entonces vino una iniciativa de basto alcance. Los católicos de todo el occidente de Oregón se reunirían en casa para orar sobre las escrituras y considerar la forma de expresar y extender el Evangelio en sus vidas diarias. Llamados Discípulos en Misión, el proceso tuvo un gran impacto en casi todos los hogares católicos. Él encabezó una peregrinación local a los lugares católicos en Oregón, mezclándose con los peregrinos a medida que los buses se desplazaban por los caminos rurales de todo nuestro estado.

En un peregrinaje a Jacksonville, a la histórica Iglesia de San José, salió un momento con la eucaristía, de forma que los peregrinos que estaban afuera pudieron participar en la adoración. El arzobispo Vlazny “es absolutamente maravilloso”, dijo Terri Gieg. Él también lideró un viaje a Roma por el año del jubileo. Mike Murphy, un plomero de Grants Pass, los acompañó. Una noche en la cena, luego de descubrir que Murphy era plomero y su amiga Chris Mecca era abogada, el Arzobispo espontáneamente empezó a cantar. Con la melodía de una canción del musical “Oklahoma”, él cambio la letra de “el granjero y el vaquero deben ser amigos” por “el plomero y la abogada deben ser amigos”. Esta fue una noche llena de gozo, recordó Murphy.

El Arzobispo empezó a planear una celebración pública masiva en uno de los más sagrados salones seculares de Pórtland, conocido como el Memorial Coliseum, el hogar del equipo de básquetbol de la NBA, los Portland Trailblazers.

Luego que miles marcharon por las calles y cantaron sus devociones a Jesús y María, 10.000 fieles se reunieron en la arena deportiva para escuchar la misa, la más grande que jamás se haya celebrado en Oregón. Solamente la distribución de la comunión para todos los asistentes tomó más de 20 minutos.

Entre los eventos, un grupo de la Parroquia de Santa Ana, en Gresham ubicados en la tribuna alta del sitio, se dejó escuchar cantando en español para hacer honor a Nuestra Señora de Guadalupe. Antes de la misa, los jóvenes también motivaron a la multitud para unirse en secuencia y levantarse en una ola religiosa que invadió de alegría y fe el ambiente. Este fue un día en que incluso la mención de los monasterios provocó aplausos y aclamaciones calurosas.

El evento fue noticia en televisión y fue cubierto por los medios locales, que como The Oregonian le dieron la primera página de información en su edición diaria.

“Dios puede parecer distante para mucha gente, — demasiada gente”, dijo el Arzobispo a la gran multitud que escuchó su mensaje. “Este es nuestro reto del jubileo para el mundo: nuestro Dios no es un Dios distante”.

Por otra parte, en una manifestación juvenil una noche, el Arzobispo caminó por el escenario con lentes oscuros para dirigirse a la multitud, como un original “Hombre de Negro”. Siempre Vlazny ha tratado de llevar su mensaje.

Un ícono mostrando a María como la inspiración para la propagación de la fe fue expuesto en la Catedral Santa María a principios del 2003. Éste empezó a viajar a varias parroquias a través de la Arquidiócesis de Portland. Ese verano la Arquidiócesis fue la anfitriona en Portland del Instituto Norteamericano para la Evangelización Católica. “Nuestra iglesia no existe por sí misma”, él dijo en la misa del centenario en la Parroquia del Santo Redentor, al norte de Bend, en el 2006. “Éste no es un club donde nosotros nos reunimos porque aquí todos son amables. Nosotros somos la iglesia, llamada por Cristo a traer el mensaje y la misión que él compartió hace 2000 años al mundo y que llega hasta nuestros días”.

El Arzobispo Vlazny denunciaría al gobierno claramente, una vez diciéndole al Departamento de Justicia del presidente Hill Clinton que al negarse a bloquear el suicidio asistido ellos estaban “abdicando su responsabilidad de proteger a las personas vulnerables del peligro a la muerte”. Él le escribió a los congresistas para urgirlos a perdonar la deuda de las naciones en desarrollo, prevenir la invasión a Irak, detener el incremento de las armas nucleares y acabar con la pena de muerte. Él ayudo a redactar la Declaración de los Obispos oponiéndose a la pena capital. “La pena capital ofrece la trágica ilusión de que nosotros podemos defender la vida por medio de una medida que quita la vida misma”, dijeron los obispos.

Él con frecuencia hizo diferentes llamados para pedir por la cobertura del servicio de salud en forma universal y una vez, impulsó la revisión de los antecedentes de los compradores en las ferias de armas de fuego, como una “política razonable y prudente”. Él le pidió al senador Gordon Smith que votara para mantener los niveles de Medicaid, algo que el senador eventualmente hizo en oposición a sus compañeros republicanos.

Motivado por la acción y la justicia, en la primavera del 2001, el Arzobispo Vlazny y otros líderes religiosos le pidieron a los legisladores de Oregón incrementar los presupuestos para los oregonianos de bajos recursos en $159 millones de dólares.

“Las personas pobres, vulnerable y necesitadas en nuestro estado y nuestra sociedad tienen en nosotros un llamado especial de compasión”, dijo el Arzobispo ante un salón lleno de reporteros y fotógrafos en Salem.

En lo que fue llamado la Campaña para la Equidad, el Arzobispo citó mujeres pobres, niños, familias, personas ancianas y discapacitadas, explicando que las decisiones presupuestales son decisiones morales. “Nosotros no estamos jugando el juego de la política”, dijo él. “Nosotros estamos jugando nuestro papel de abogar por la gente pobre”.

El Arzobispo Vlazny está entre los que firmaron en el 2008 la declaración apoyando la legislación para prohibir la tortura en la CIA y en todas las agencias del gobierno de los Estados Unidos.

Como miembro del Comité de los Obispos, él ayudó a crear una declaración afirmando la dignidad de todas las personas, incluyendo aquellos con discapacidades. La declaración urge a los parroquianos a hacerse a sí mismos más accesibles y a reconocer y apreciar las contribuciones de las personas con discapacidades. Él también se unió al a campaña y cada año en forma regular ha celebrado una misa el Día Mundial de Concientización sobre la enfermedad del SIDA.

Además de hablar a favor de los más necesitados y vulnerables, él actuó, por medio del patrocinio de un niño boliviano, igualmente, bendijo a los niños discapacitados de las familias que hablan español en Cornelius e hizo visitas regulares a la prisión, incluso confirmando a un recluso con pena de muerte.

En una conferencia en la Universidad de Portland sobre la fe y la vida en el 2005, él le dijo a los adoradores: “Siempre que nosotros extendemos amor, paz, compasión, perdón y apoyo a aquellos que no han hecho nada para merecerlo, entonces nosotros ‘lo entendemos’ en la medida en que esto muestra nuestro respeto a Jesús”.

El Arzobispo Vlazny rápidamente mostró su preocupación personal y profunda relacionada con el desarrollo de las vocaciones. El número de los seminaristas arquidiocesanos se ha doblado con respecto al pasado y esto ha sucedido durante el tiempo en que él ha estado en la Arquidiócesis. .

“La pregunta importante de las vocaciones al sacerdocio no es: ‘¿Quiero ser un sacerdote?’” Escribió en una ocasión el Arzobispo, en su columna mensual El Centinela. “La verdadera pregunta de las vocaciones al sacerdocio para un discípulo es: ‘¿Está Dios llamándome a mí a ser sacerdote?’”

Él lidero un retiro anual para hombres, con el fin de explorar la posibilidad de la ordenación y fue realizado con el apoyo del Serra Club, un grupo de laicos que promueve y apoya las vocaciones sacerdotales y la vida religiosa.

En una homilía de una ordenación, el Arzobispo hizo un llamado al celibato de los sacerdotes, como “el signo más poderoso, evangélico y contracultural que ustedes le pueden ofrecer a la gente de Dios”. Él igualmente dijo que el sacerdocio está “lleno de aventuras”. Él empezó ordenando clases grandes de diáconos permanentes, siete en el 2002, pidiéndoles a ellos frustrar la maldad dentro y fuera de la iglesia. Vlazny fue el primer obispo en solicitar credenciales profesionales para los diáconos permanentes. A los hombres que están en camino de convertirse en sacerdotes él les dijo, “Enamórense y permanezcan enamorados y esto va a decidir todas las cosas”.

Sus actividades como cabeza de la iglesia católica siempre lo han puesto en contacto con todas las personas de su parroquia. Una semana él ha estado en una misa especial con religiosos y otra se ha reunido con parejas de casados, y al mismo tiempo ha bendecido sus matrimonios”.

En Oregón, él vio retado el matrimonio tradicional, uno de los temas que han sido tan controversiales. En el 2004, el Condado de Multnomah emitió miles de licencias de matrimonio para parejas del mismo sexo.

“El entendimiento católico del matrimonio es bien conocido. Uniones del mismo sexo no son matrimonio”, dijo refutando esta medida, el Arzobispo Vlazny. “El matrimonio es una relación de convenio íntimo entre una mujer y un hombre, la cual por su propia naturaleza es para el beneficio de la pareja, las generaciones y la educación de los hijos”.

Él sabe que los católicos no pueden imponer restricciones de la iglesia en una cultura secular, pero dijo que la iglesia tenía el derecho a persuadir a los conciudadanos a mirar desde una perspectiva más amplia, y no a considerar el matrimonio de homosexuales simplemente desde la perspectiva de los derechos civiles.

Los votantes eventualmente estarían de acuerdo en definir el matrimonio en Oregón como el de un solo hombre, con una sola mujer. Pero los legisladores del estado pronto allanaron el camino para las uniones civiles, dándole a las parejas del mismo sexo la mayoría de los beneficios del matrimonio.

La oposición de la iglesia a las uniones civiles “de ninguna manera disminuye nuestro cuidado y respeto por las personas homosexuales, hijos de Dios, uno y todos”, escribió el Arzobispo en el 2005. “Pero él adicionó, “el asunto es el matrimonio, no la homosexualidad”. En una decisión que probablemente tendrá efectos a largo plazo, el Arzobispo Vlanzy formó un consejo integrado por laicos y el cual se encargaría de ayudar a guiar el ministerio católico en el occidente de Oregón.

“Trabajando juntos, nosotros podemos aceptar fácilmente cuando decimos que ésta no es la iglesia del pastor, ésta no es nuestra iglesia, sino que ésta es la iglesia de Dios”, él dijo ante los delegados. “Nuestro reto es el de considerar las necesidades de la iglesia como un todo, no solo la nuestra”. Él urgió al nuevo consejo a considerar siempre las necesidades de los pobres en sus deliberaciones.

En una reunión en el complejo deportivo de la Universidad de Portland cuyo tema fue el de las misiones, durante el verano de 2004, el Arzobispo y el Consejo presentaron un plan ministerial, diciendo que la Arquidiócesis de Portland y sus parroquias se enfocarían en la formación de la fe, el ministerio a favor de los jóvenes, y la vida multicultural de la iglesia.

Bob Lowry, un abogado local y ahora seminarista, fue el presidente del primer Consejo Pastoral Arquidiocesano. Él dijo que esa entidad, al igual que las reuniones anuales vicariales, intentaron generar aportes para el consejo que fueron muy productivos y enviaron un mensaje claro a la gente en las bancas, acerca de cuánto el Arzobispo se interesa y escucha. Durante sus primeros meses en Oregón, el Arzobispo Vlazny había presidido una conferencia de jóvenes en la cual dijo que la imperfección humana es lo que hace que busquemos a Dios para pedir su ayuda. “Nuestras buenas noticias no son: ‘Hola, mírenos a nosotros. ¿No somos sensacionales?, dijo él en la homilía. “No, nuestras buenas noticias son: ‘¡Caramba! ¡Que Dios!’”

El Arzobispo Vlazny fue uno de los pocos prelados a quienes se les pidió liderar una lección sobre el catecismo, durante el Día Mundial de la Juventud en Toronto en el 2002. Jesús, -dijo a los peregrinos oregonianos-, “nos anima a ser generosos y bondadosos. A llevar a cabo nuestro propio milagro de crear una comunidad de amigos y creyentes en el curso de nuestros viajes”.

Al regresar a Portland, él empezó a compartir con los adultos jóvenes católicos en un asado y desde entonces es algo que ha hecho cada año. Sólo era un lugar para estar reunido cuando habló a los jóvenes católicos reunidos en una taberna donde fabrican cerveza en Portland.

En el año 2003, el Arzobispo Vlazny presidió una misa para honrar al Reverendo Martin Luther King en la catedral de la ciudad, por primera vez. “Buscar justicia es buscar el establecimiento de relaciones correctas entre nosotros y nuestro Dios, nuestros hermanos y hermanas en la familia humana, y toda la creación”, dijo en la homilía. Igualmente, indicó que “aquellos que toman con seriedad la búsqueda, como el Dr. King, aprenden que cualquier cosa que lo afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente”. Él se reunió con católicos africano-americanos para escuchar sus diversas preocupaciones y animar sus ministerios.

Durante el caluroso verano del 2001, el Arzobispo John Vlazny defendió a los trabajadores del campo a medida que ellos marchaban a través del occidente de Oregón para pedir por mejores condiciones de trabajo. El Arzobispo siempre ha mostrado su preocupación por las necesidades de los granjeros y siempre ha dejado escuchar su voz a favor de ellos. “Nosotros no podemos continuar con la demanda de productos baratos a expensas del trabajo arduo de los cultivadores y trabajadores del campo”, dijo Vlazny, al hacer un llamado para trabajar por una economía sostenible.

De esta manera, sus preocupaciones han perdurado y los trabajadores del campo saben que cuentan con su solidaridad. En junio del año pasado, 2007, él rápidamente denunció una redada llevada a cabo por las autoridades de inmigración en una fábrica de procesamiento de alimentos, en el norte de Portland. Vlazny llamó este hecho: “una afrenta a una nación cuyas tradiciones siempre le han dado la bienvenida a los extranjeros”. El Arzobispo hizo un llamado enérgico para detener las redadas, hasta que se logre una reforma migratoria justa. Dijo que los arrestos destrozan a las familias. En cartas enviadas este otoño, él urgió a los senadores de Oregón al Senado de los Estados Unidos a “rechazar propuestas limitantes y estrechas solo encaminadas a cumplir con la ley, haciendo un llamado por reformas encaminadas al trato integral de un sistema migratorio que no ofrece garantías”.

El medio ambiente también ha estado en su agenda. El Arzobispo Vlazny y varios obispos del noroeste del Pacífico hicieron pública una carta pastoral sobre los puntos decisivos del tema del agua en el Río Columbia a principios del 2001. En un proyecto sin precedentes, la carta retaba a los lectores a promover las relaciones de un medio ambiente sostenible, mientras se desarrollaban los beneficios económicos para la comunidad. El documento está bajo discusión aún. Por ejemplo, cuando un equipo de estudiantes de la Universidad de Portland arrancó las plantas invasoras de las riveras de los ríos locales de forma que los árboles pudieran crecer y ayudar a enfriar el agua, y de pronto el planeta.

En una de sus columnas en EI Centinela, él exaltó un nuevo edificio de la Escuela del Santo Redentor en Portland, el cual fue construido bajo los estándares ambientales.

En el 2006, el Arzobispo Vlazny señaló los peligros del calentamiento global del planeta. Él pidió a los católicos ser embajadores prudentes del “regalo precioso de Dios”. Él promovió la construcción de edificios que respeten el medio ambiente, automóviles híbridos y energía alternativa que proviene del viento, el hidrógeno, el sol y la biomasa. El Arzobispo se reuniría con teólogos, científicos y expertos en el medio ambiente, gente de negocios y estudiantes de la Universidad de Portland, para discutir los vínculos entre medio ambiente y teología, mostrando su preocupación por el tema dentro de la doctrina social católica.

En el 2001, cuando los terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales, y los estrellaron contra las Torres Gemelas y el Pentágono, el Arzobispo Vlazny estaba en una reunión del Comité en Washington, D.C. Él telefoneó a Portland para reportar que estaba ileso y pidió a todos los católicos que oraran y trabajaran por la resolución pacífica de lo que se planteaba como un conflicto internacional. Una vez que las fuerzas de los Estados Unidos bombardearon Afganistán, el Arzobispo les pidió a los católicos abstenerse de juzgar a quienes tomaron la decisión. “Éste es un tiempo de oración, apoyo y preocupación por nuestros conciudadanos que están llamados a proteger a la gente en un tiempo de conflicto”. El arzobispo estaba entre los 25 líderes religiosos de Oregón que firmaron una declaración retando a los Estados Unidos a no declarar la guerra contra Irak.

“Nosotros creemos que la defensa preventiva, las acciones unilaterales militares contra cualquier nación, no son consistentes con las políticas de los Estados Unidos y de las Naciones Unidas, y podrían resultar en un precedente desestabilizador para otras naciones”, decía la declaración. “Nosotros nos oponemos a cualquier acción que traiga como resultado víctimas dentro de la población civil y sobre todo, el hecho de hacer víctimas a los inocentes de Irak, que ya han sufrido más de dos décadas de guerra y penurias económicas”.

En marzo del año 2003, los católicos de Oregón se unieron con todos los fieles alrededor del mundo, para ofrecer millones de oraciones por la rápida solución para concluir la guerra contra Irak. “La guerra ha empezado, nuestra arma más poderosa es la oración”, dijo el Arzobispo Vlazny en una homilía. “Nosotros oramos por la paz al igual que por lo muchos hermanos y hermanas que están en guerra en Irak. Nosotros oramos por la paz y una sana reconciliación”.

En el año 2005, el Arzobispo recibió una condecoración de parte de la Guardia Nacional de Oregón en reconocimiento por su apoyo a los soldados de los Estados Unidos de servicio Irak.

El Arzobispo Vlazny alcanzó otras religiones. La fuerte relación con la comunidad judía se reafirmó con su visita a la congregación Neveh Shalom. Después de los ataques del 11 de septiembre, él se unió a un panel interreligioso con judíos y musulmanes para cultivar el entendimiento religioso. En una columna de El Centinela, él ofreció una reflexión sobre el Islam. Él había conocido al Dalai Lama anteriormente, durante su primera visita a Portland. Los dos líderes religiosos compartieron pensamientos en torno al tema de la paz. El Arzobispo dijo, que tanto los budistas como los cristianos “reconocen que no hay paz sin justicia”.

Con la Arquidiócesis de Portland como uno de los miembros que apoya una coalición, fue dedicado un monumento conmemorativo del Holocausto a las víctimas en el Washington Park. Durante la ceremonia, el Arzobispo dijo que “el pasado será sabiamente recordado, de manera que el futuro pueda ser cambiado”. Por esa misma época, en una celebración conjunta el Arzobispo Vlazny y el Obispo Luterano, Paul Swanson hablaron sobre los retos y las esperanzas que enfrentan las tradiciones católicas y luteranas, a medida que los creyentes trabajan hacia un futuro en unidad.

Reconociendo que la Arquidiócesis es afortunada en tener muy cercanas tres parroquias que practican los ritos del este, Vlazny visitó la parroquia católica Maronite, recordándo a los católicos romanos que otros ritos de la iglesia son una parte importante de la familia católica, aun cuando ellos no son parte formal de la Diócesis Romana.

Casi al finalizar el año 2000, la Arquidiócesis arregló varias demandas legales y emitió una disculpa tras un largo — y antiguo — proceso por pedofilia sacerdotal.

“Estas dolorosas experiencias nos recuerdan que hay tiempos en que nosotros debemos actuar en vez de permanecer en silencio y pasivos, ser bondadosos en vez de ser indiferentes, y seguir nuestras conciencias en vez de estar controlados por el miedo”, dijo Vlazny cuando se disculpó públicamente, “de otra forma, nosotros podríamos fallar nuevamente en la protección de nuestros niños que son precioso regalo de Dios”. Aun cuando él no tenía relación directa con los casos, el Arzobispo tuvo que asumir la responsabilidad y tendría que enfrentar otros casos y dar muchas disculpas.

A principios del 2002, a medida que el encubrimiento de los casos de abuso sexual en Boston y otros lugares se volvió noticia, el Arzobispo explicó las nuevas políticas que emergieron de la Conferencia Católica de Obispos de los Estados Unidos. En los casos en que se reportaron hechos verídicos la Arquidiócesis respondería rápidamente, para remover al abusador sospechoso de su ministerio, reportando el incidente a los encargados de hacer cumplir las leyes civiles, para proteger a las víctimas y sus familias. Este proceso se abrió e incluyó a la comunidad. Para esto se nombró un director para la protección de menores y ayuda de las víctimas. Varios reportes de los abusos ocurridos en el pasado fueron saliendo a la luz. El Arzobispo Vlazny siempre animó a aquellos que creían qua habían sido injuriados por personal Arquidiocesano, para que hicieran contacto con ellos, de manera que la Arquidiócesis pudiera promover la sanación.

Mientras tanto, el Arzobispo buscó apoyar en todo momento a los sacerdotes descorazonados que estaban fielmente viviendo sus promesas. “Esto hace nuestro ministerio de entrega de la vida mucho más retador”, dijo el Arzobispo Vlazny durante una misa de bendición de oleos, con una voz matizada por la emotividad. “Yo les aseguro que todos ustedes siempre tienen un lugar especial en mi corazón y en mis oraciones”, dijo a los sacerdotes y a la congregación en la catedral. Además de que reiteró que la iglesia en el occidente de Oregón debería continuar su “jornada hacia adelante”. Al finalizar su homilía tanto los clérigos, como la congregación aplaudieron. Al día siguiente después de esta misa, el diario más grande de Oregón, lo alabó, citando su compromiso pastoral con las víctimas de abuso sexual por parte del clero y sus planes de evitar el abuso por parte de los trabajadores de la iglesia.

Él admitió en una reunión con el Consejo Pastoral Arquidiocesano que, como cuerpo, los obispos habían administrado mal el manejo de los casos de abuso sexual. No había una política realmente establecida. En el pasado, dijo, los sacerdotes y obispos se consideraban a sí mismos personas privilegiadas a quienes no se les requería reportar los incidentes de abuso. Ahora, el objetivo sería la transparencia. Él pidió a los católicos orar y ayunar en días especiales como una respuesta espiritual a las faltas.

Las presiones financieras de juicios pendientes forzaron a la Arquidiócesis a anunciar una serie de cortes profundos de personal y del centro pastoral. Más de 30 cargos fueron eliminados. En julio del 2004, enfrentando presiones financieras irresistibles de dos juicios inminentes, el Arzobispo presentó la solicitud de bancarrota. Su diócesis se convirtió en la primera diócesis católica del país en pedir tal protección legal.

El Arzobispo temía que unas pocas concesiones de la corte le daría todo a la mayoría de las víctimas e interferiría con el buen trabajo de la iglesia.

Vlazny se vio a sí mismo, “como el padre de una familia dividida y con muchos problemas”, y continuó con su esfuerzo de comunicarse con las víctimas quienes eran, después de todo, católicas.

“Todos los católicos del occidente de Oregón, a pesar de nuestra difícil situación necesitamos renovar nuestro compromiso de apoyar a las víctimas”, escribió.“El hecho de que las víctimas se han dado a conocer, ha ayudado a la comunidad católica a lidiar con este serio problema social del abuso de menores”.

Él siguió enviando cartas para mantener informados a los parroquianos sobre el juicio de la bancarrota. Estas misivas estaban llenas de números y mucha franqueza. No de ofuscación. Los largos 33 meses del proceso de la bancarrota terminaron en el 2007, cuando un juez federal aprobó un acuerdo por $75 millones de dólares y un plan financiero de reorganización.

“Es mi oración sincera que nuestra habilidad para compensar a las muchas victimas les ayudarán a ellas en su esfuerzos de alcanzar sanación y paz de corazón”, dijo el Arzobispo en una conferencia de prensa, revelando que él oraba por las víctimas cada día.

“Al principio, yo estaba viendo esto como una distracción con respecto al trabajo más importante de la iglesia”, diría el Arzobispo refiriéndose al escándalo.“Pero un pastor tiene que tratar con lo que está pasando en la vida de la gente”. La situación, dijo, sirvió como una llamada de atención para la iglesia. Ahora, habrá más protección para los niños y menos complacencia acerca del futuro del catolicismo.

En medio de la crisis hubo noticias prometedoras para la iglesia. Más de 1.400 personas se convirtieron al catolicismo en el 2002, uno de los mayores números registradosa. La Petición Católica Anual excedió las expectativas en cientos de miles de dólares, muchos de ellos de nuevos donantes que apoyaban el trabajo de la iglesia.

El Arzobispo Vlazny en el 2002 fundó una nueva parroquia en el Condado de Washington, fue San Juan Diego y la primera parroquia nueva en la Arquidiócesis de Portland, desde 1982. Nueve hombres empezaron su formación en el 2003, una clase grande de acuerdo con los estándares actuales.

A pesar de todo eso, el sentido del humor del Arzobispo no cambió. En el 2006, el boletín de la catedral anunció que la misa sería ofrecida por las intenciones del “Arzobispo Vlazny, fallecido”. La errata lo hizo reaccionar con su famosa risa, pero también lo mostró agradecido con aquellos que oraban por él.

El Arzobispo vino a ser visto como un guía sabio en materias espirituales. Él ha escrito casi 570 columnas para The Sentinel y El Centinela, y regularmente gana honores para ellos por parte de la Asociación de la Prensa Católica. Su columna se publica por el sitio web y es enviada por correo electrónico a sus lectores cada semana.

Es un hombre que aún camina o trota por las mañanas, reza el rosario e invita a sus sacerdotes a estar en buena forma tanto física como espiritualmente. Él los confronta a mantener una dieta sana. “Yo les digo: ‘Ustedes no tienen esposas que les den lata, de manera que su obispo puede darles lata”. Pero a través de los años en Oregón, y en cada oportunidad, el Arzobispo se ha enfocado en los laicos, urgiéndolos a asumir la misión evangelizadora de la iglesia, ofreciendo los valores del evangelio y viviéndolos en el hogar, en el lugar de trabajo, en el mercado. Éste ha sido el sello de su enseñanza. “El enfoque en la evangelización, la construcción del reino de Dios juntos aquí en la tierra, nos ha energizado a todos nosotros”, escribió el Arzobispo Vlazny el mes pasado. “Nosotros nos hemos convertido juntos en discípulos en misión. Este es mi logro más grande”.

*Robert Pfohman, Ed Langlois, Ellen Skerrett, Kristen Hannum, Bill Britt, Ivan Kubista.

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