
El Vaticano el mes pasado expidió un documento que trata sobre los aspectos éticos que se generan en torno al tema de las investigaciones biomédicas y da una guía sobre cómo respetar la vida humana. Pero la forma como fue recibido el documento Dignitas Personae tuvo varias reacciones.
Los obispos de los Estados Unidos le dieron la bienvenida a la instrucción.
El periódico Eugene’s Register Guard lo tituló de una forma diferente: “El Vaticano ataca a la ciencia de la infertilidad”. El subtítulo era menos severo. Éste indicaba que el nuevo documento “establecía advertencias acerca de los peligros morales de muchos procedimientos médicos que son ampliamente utilizados”. Las advertencias pueden ser muy ventajosas. Los “ataques” usualmente no lo son.
Algunos considerarán este documento como una serie prolongada de “nos” a varios tratamientos contemporáneos de fertilidad, manipulación de embriones, y manejo genético.
Pero esto no capta sus enseñanzas. En efecto, Dignitas Personae, escoge enfatizar el “gran ‘sí’ a la vida humana”. Es el “sí” fundamental a la vida humana y a la integridad del matrimonio que resuena a través de toda la instrucción.
Toda ciencia y medicina que se ejerce éticamente es reafirmada en este documento. Es decir, con respecto a los tratamientos de fertilidad que “superan o corrigen patologías y logran el restablecimiento normal de la procreación humana”. Igualmente, se habla del uso terapéutico de células madre, siempre y cuando la dignidad inherente a la persona humana se mantenga y proteja. Esto también afirma el valor intrínseco y la igualdad de cada ser humano desde la concepción hasta la muerte natural.
Pero cuando el derecho básico a la vida es atacado o amenazado, o cuando la procreación normal dentro de los límites de un matrimonio amoroso es directamente asaltada, entonces el documento advierte enfáticamente sobre estos abusos.
La fundación teológica del documento se basa en algunas de las enseñanzas básicas del Papa Juan Pablo II. De acuerdo con el anterior Pontífice, tanto el derecho como la razón afirman que el ser humano, desde el mismo momento de la concepción es unión de cuerpo y alma y tiene una vocación eterna.
Esta unión perdura a través de todo el período de la vida y, como resultado, nadie puede imponer un menor o mayor valor a la realidad de cualquier ser humano. Desde el instante mismo de la concepción, cada ser humano tiene el derecho al respeto. Aun más, el matrimonio y la familia son el contexto auténtico para el origen y el crecimiento de tal vocación eterna.
El nuevo documento provee instrucciones acerca de algunos asuntos controversiales y que requieren de pautas específicas.
Con relación a las drogas y a los métodos anticonceptivos como el dispositivo intrauterino y la píldora de la mañana siguiente, se puede ver que el conocimiento relacionado con el efecto de algunas drogas puede ser incompleto.
Sin embargo, hay evidencia válida del efecto abortivo de estos dispositivos. Aquellos que solicitan o prescriben tales drogas o dispositivos, con el fin de prevenir la supervivencia de cualquier embrión que puede posiblemente haber sido concebido, son culpables del pecado del aborto.
Los esfuerzos para corregir un defecto genético específico en las células de un paciente individual, comúnmente descrito como terapia genética de la “célula somática”, levantan nuevamente aspectos básicos de riesgo y beneficio.
Una advertencia particular se ha hecho evidente y está relacionada con la terapia genética en la “línea germinal”, la cual puede afectar todas las células de la persona, incluyendo las células reproductivas, y por lo tanto afectar generaciones futuras.
En su estado actual tal terapia genética en la línea germinal humana no es aceptable. ¿Por qué? Por sus riesgos masivos e impredecibles y su necesidad de manipular embriones humanos en el laboratorio.
Todos nosotros leemos sobre mejoras genéticas y bebés diseñados. En estos asuntos hay riesgos médicos que están abviamente contemplados. La preocupación básica es una actitud de insatisfacción con la naturaleza finita humana creada por Dios.
La llamada “mentalidad eugenésica” podría estimular nuevas divisiones entre grupos de seres humanos, colocando al hombre por encima de Dios en el papel de la creación, y por lo tanto llevando a que nosotros tomemos las decisiones acerca de lo que se pude considerar como un ser humano “mejor”.
El documento es positivo, porque habla de los diferentes avances en la producción y uso de las células madres sin perjudicar la vida humana.
Pero también advierte en contra de las propuestas de alterar el proceso del clonado humano de forma que produciría células madres embriónicas, sin producir primero un embrión.
Sólo si tales técnicas no fueran a poner en riesgo la creación y luego la destrucción de una persona humana, podrían ser la base de un intento en humanos. Afortunadamente el descubrimiento de nuevas técnicas para la reprogramación directa de nuestras células adultas en células con las propiedades de las células madres embriónicas ha disminuido el interés en tales procedimientos.
La instrucción también rechaza los intentos de crear embriones híbridos humanos/animales. No sólo hay riesgos inaceptables para la salud, pero la mezcla de elementos animales y humanos podría ser “capaz de perturbar la identidad específica del hombre, dentro del género humano”.
Otro de los asuntos que es delicado, gira en torno al uso de células y tejido obtenido inmoralmente. El llamado “criterio de independencia”, en el cual hay una clara separación entre el investigador y aquellos que obtienen los materiales inmoralmente, no es suficiente para exonerar a los investigadores de la complicidad moral.
Cada cual tiene el deber de distanciarse a sí mismo y a su trabajo, de situaciones injustas creadas por otros y de afirmar los valores de la vida humana. El uso de tales materiales puede ser justificado por razones proporcionalmente graves (por ejemplo, el peligro para la salud del niño puede justificar el uso de una vacuna basada en tejido fetal de un aborto). Aun permanece una seria responsabilidad para formar conciencias correctamente, de forma que la medicina y la ciencia no dependan de tales recursos en el futuro.
Un aspecto que permanece sin clarificar trata de la adopción de embriones. Muchas parejas hoy quieren adoptar los embriones congelados que han sido abandonados por sus propios padres.
Hay muchos problemas que aún permanecen y que llevan a la iglesia a rechazar el uso de embriones donados en un intento de resolver la infertilidad de una pareja. Éste es un dilema sin resolver, sin embargo, porque muchos embriones humanos están ahora en almacenamientos congelados y parece ser que no hay una solución moralmente sana acerca de lo que se debe hacer. Todo esto subraya qué tan erróneo es producirlos y congelarlos, en primer lugar.
Estos asuntos son complejos y retadores, por decir lo menos. Los avances en los procedimientos científicos y médicos siempre deben ser aplaudidos cuando hay respeto por la santidad de la vida humana desde el momento de la concepción.
Pero cuando vidas humanas inocentes son desechadas y manipuladas, ya sea ahora o más tarde, una grave violación a la dignidad de la persona ocurre, la cual nunca puede ser éticamente aprobada. Quienes buscan la verdad serán más adelante iluminados por estas instrucciones del Vaticano. La reverencia por la vida humana permanece como la parte central de varias tradiciones culturales y religiosas. Tal reverencia esta en la esencia de Dignitas Personae.
Estaciones de gracia y esperanza
El otoño pasado, durante la reunión anual de los obispos de los Estados Unidos, nosotros aprobamos la orden para la Bendición de un Niño en el vientre. Un número de católicos en todo el paía había pedido que tuviéramos esa bendición y por eso, esta fue preparada para apoyar a los padres que están esperando el nacimiento de su hijo, para animar las oraciones en las parroquias y generar reconocimiento del precioso regalo de un hijo en el vientre, además de fomentar el respeto a la vida humana dentro de la sociedad.
Ciertamente María, la Madre de Jesús, reconoció que la vida de un niño en el vientre era un regalo de Dios. Esta es la oración sincera de la iglesia, que todas las mujeres embarazadas compartieran esta perspectiva gozosa y esperanzada.
Esta nueva bendición puede ser celebrada dentro de la misa o puede ser otorgada sobre la madre y el niño fuera de la misa. Oraciones opcionales son también provistas para el padre, para la familia y para la comunidad entera de la parroquia.
Compañía en la Jornada
Hace mucho tiempo San Agustín observó de una manera directa que el cargo de Obispo implica trabajo en vez de dignidad. ¡Yo presumo que él dijo esto, antes de convertirse en obispo! La tarea de servicio del obispo siempre incluye las tres responsabilidades básicas de enseñar, santificar y guiar a la gente confiada a su cuidado pastoral.
El reto del ministerio es bastante impresionante para todos los obispos, sacerdotes y diáconos. La fidelidad a nuestro llamado nunca puede ser tomada como una presunción.
Todos necesitamos orar por la gracia de ser fieles cada día y todos los días. Hace muchos años Gramah Greene escribió una poderosa novela titulada “El Poder y la Gloria”. El personaje central de la historia es un sacerdote alcohólico que eventualmente se enfrenta a un pelotón de fusilamiento mexicano.
La mañana de su ejecución, él se despierta con una inmensa sensación de vacío y frustración. Sus luchas internas son provocadas no por el miedo a la muerte, sino al darse cuenta que debido a su vida desperdiciada, él pronto iba a estar al frente de Dios sin nada que ofrecer.
Sí, la escritura nos recuerda: “Entre más se le ha dado al hombre, más se le requerirá a él. Más se le pedirá a un hombre a quien más se le ha confiado”.
Cada pastor de almas es eventualmente confrontado con la real posibilidad de que sin la buena disposición de aceptar la ayuda de la gracia maravillosa de Dios, él podría también tener una vida desperdiciada y un ministerio sacerdotal desperdiciado.
Como sacerdote de la parroquia en Chicago, yo siempre me sentí extraordinariamente privilegiado de ser miembro del “grupo de hermanos”.
Sentimientos similares me han acompañado en esos pasados 25 años como obispo. Desde la primera reunión que atendí con los obispos de los Estados Unidos en 1983, yo sentí que había encontrado en forma maravillosa mi camino en la compañía de hombres dedicados al servicio y llenos de bondad. Ellos eran doctos, piadosos e incluso divertidos. Aun en medio de intensos debates, la urbanidad y la caridad siempre parece que prevalecen.
Pronto, en mi vida como obispo, yo recibí la invitación para unirme a un grupo de obispos, conocido como un grupo fraternal de apoyo, muy parecido al grupo Jesús Caritas el cual ha venido a ser muy popular entre los sacerdotes.
Nosotros nos reunimos unas tres o cuatro veces al año para orar, compartir fraternalmente y relajarnos. Uno de estos hermanos obispos murió hace muchos años, Pero varios aún hacemos de estas reuniones una prioridad en nuestros calendarios. Yo estoy siendo bendecido porque cuatro de ellos van a estar aquí en Portland, para ayudarme a celebrar este jubileo.
Mis amigos, por favor oren por todos los obispos de forma que seamos siempre maestros auténticos, sacerdotes santos y buenos pastores, siempre conscientes de la verdad y las bendiciones permanentes que resultan de nuestro ministerio y provienen de Dios y no de nosotros mismos.