
El día 6 de julio fue la fiesta de María Goretti. María fue canonizada por el Papa Pío XII en 1950. Ella fue asesinada por el hombre que quería violarla cuando no sucumbió a sus esfuerzos de profanar su castidad. Ella sólo tenía doce años de edad.
Y el 6 de julio también fue el día en que la Arquidiócesis de Portland estaba programada para aparecer en la Corte y enfrentar otros dos casos de abuso sexual, de los que es responsable el padre Maurice Grammond. Sus dos víctimas eran igualmente jóvenes, como Santa María Goretti.
Es interesante ver que cuando Santa María fue canonizada, su madre y su asesino se arrodillaron uno al lado del otro, en la Basílica de San Pedro en Roma. Esta es la clase de sanación y reconciliación por la cual la iglesia sigue trabajando incansablemente y orando por todas las víctimas del esccándalo reciente de abuso de menores. Las acciones que tomamos el pasado 6 de julio, en la Corte, fueron un esfuerzo para continuar brindando sanación y reconciliación a todas las víctimas de este grave delito.
Ustedes saben ahora, que en vez de enfrentar los dos casos que involucran a estas dos víctimas en la Corte, la Arquidiócesis presentó la solicitud de bancarrota por el capítulo 11. Yo había mencionado anteriormente esta posibilidad, en febrero de 2003, cuando las reclamaciones en nuestra contra aumentaron inevitablemente. En ese momento, yo prometí que haríamos todo lo posible por recompensar a las víctimas y evitar llegar al punto de solicitar la bancarrota. De todas maneras, nosotros hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para evitar dar este paso.
El objetivo nuestro al enfrentar estos crímenes terribles, ha sido el de asegurar la protección de nuestros niños mirando hacia el futuro, además de ofrecer recursos para la sanación y reconciliación de las víctimas.
En los últimos cuatro años nosotros hemos resuelto más de 100 reclamaciones de este tipo. Tan sólo el año pasado nuestra Arquidiócesis de Portland pagó cerca de $21 millones de dólares de sus propios fondos. Las compañías de seguros no nos ayudaron en nuestro esfuerzo por responder ante las ante las demantas y hemos quedado virtualmente solos, sin ningún apoyo económico para enfrentarlas. La Corte del Condado de Multnomah nos dio un año para arreglar la situación o ir a Corte.
A principios de este año, se presentaron tres casos que inculpaban al padre Maurice Grammond, los cuales permanecían sin solución. La fecha del juicio en la Corte del Condado de Multnomah, se fijó para el 6 de julio y nosotros continuábamos con nuestros esfuerzos para responder ante estas demandas. Finalmente la situación se resolvió la semana anterior al juicio.
Pero por razones conocidas sólo por los demandantes y sus abogados, los otros dos casos se negaron al arreglo y nosotros fuimos forzados a prepararnos para el juicio. Las demandas en estos dos casos fueron excesivas: $130 millones de dólares por una y $25 millones de dólares por la otra. El hecho de que el juez le permitiera a los demandantes buscar daños punitivos obviamente aumentó las demandas. Debido a las demandas por daños punitivos, la Corte permitirá demandas contra otros sacerdotes, que relacionan víctimas que ya están en la Corte y esto, inevitablemente nos causa un mayor conflicto pues eleva el costo de las demandas por daños y perjuicios.
Cuatro días antes de la fecha de los juicios, luego de extensas consultas con nuestros abogados y el personal a cargo de los casos, me dí cuenta de que el arreglo era imposible y que las únicas dos opciones que nos quedaban eran ir a juicio o solicitar la bancarrota. ¿Por qué evitamos ir a juicio y por qué nos dispusimos a tomar el riesgo del proceso en la corte de bancarrota? Estas son preguntas razonables que muchas personas se han venido haciendo.
Un día antes del juicio, el diario “Oregonian” reportó que sólo siete casos en los que se involucraba a la Iglesia católica y a las víctimas de abuso sexual habían ido a la Corte realmente. La iglesia perdió en cada caso. Yo estuve involucrado en uno de los casos cuando servía como obispo de Winona y aprendí que no sólo los acusados están en alto riesgo cuando enfrentan un juicio ante el jurado, sino que muchos otros sufren a la par con ellos.
Si estas dos víctimas hubieran recibido la inmensa compensación por daños punitivos, gracias al veredicto del jurado, las otras víctimas habrían quedado por fuera o a la espera de algo similar a nivel de indemnización. Los fondos de la Arquidiócesis ya estaban disminuidos, como resultado de todos los arreglos de los años anteriores y nuestras compañías de seguros se habían negado a cooperar para afrontar estos casos. Nosotros todavía estamos insistiendo para que cumplan con sus responsabilidades.
Los procesos serán indudablemente lentos y claramente, todo esto se convertirá en noticia para los medios de comunicación locales y nacionales. Esto ciertamente será fuente de dolor y humillación para todos los católicos. Este manejo público de los pecados de nuestros sacerdotes, además de la postura de defensa de los abogados, puede llegar a ser muy dolorosa para las víctimas que revivirán su propio dolor y sufrimiento, a medida que los detalles del juicio salgan a la luz pública en las noticias diarias. Nadie sale como ganador de esta situación y la reconciliación y sanación necesarias, llegarán con el paso del tiempo.
Es verdad que al solicitar la bancarrota estamos iniciando un período incierto. Pero nuestros abogados, el personal de la Arquidiócesis, el Consejo Financiero Arquidiocesano y el Colegio Arquidiocesano de Consultores analizaron todas las posibilidades. Primero que todo, los procesos de bancarrota nos darán la oportunidad de cerrar de alguna manera estos casos. En la Corte de bancarrota todas las víctimas que han presentado sus demandas contra de la Arquidiócesis y que no se han resuelto, van a tener la oportunidad de compartir los fondos que están disponibles como compensación por daños y perjuicios. La Arquidiócesis tendrá la oportunidad de crear un fondo que ayudará a las víctimas que aún no se han presentado y que podrían ser excluídas para siempre, si nosotros no tuviéramos otra posibilidad de excluir esta compensación.
Con esta medida, la situación financiera de la Arquidiócesis podrá ser manejable y las compañías de seguros, también pueden llegar a un arreglo. Igualmente podríamos tener nuevas oportunidades para hacer préstamos, las cuales han estado en cero durante los meses recientes.
Por último, la iglesia católica del occidente de Oregón tendrá la oportunidad de continuar su misión evangelizadora, con un cierto grado de seguridad y sin las distracciones que necesariamente han ido de la mano de cada litigio.
Esta fue probablemente una de las decisiones más difíciles que yo he tomado. Sé que no ha sido recibida positivamente por parte de muchas personas, pero yo estoy agradecido con aquellos que han expresado su entendimiento y su apoyo, porque sin lugar a dudas, nosotros hemos tratado de hacer lo mejor para proteger a los niños y brindar sanación a las víctimas que merecen tener una audiencia, mientras que los niños merecen ser protegidos. Sanación y reconciliación son resultados importantes y necesarios para todas las personas de fe y buena voluntad.
El litigio era necesario para crear una conciencia frente al alcance de estos crímenes y para hacer de la iglesia y la sociedad, entes con mayor sensibilidad hacia aquellos que han sido víctimas del abuso sexual.
Como pastor de la Arquidiócesis de Portland, yo me disculpo nuevamente con todas las víctimas y con todos ustedes, que de alguna manera se han visto afectados por el escándalo. Hoy nosotros nos encontramos en una posición mejor y estamos trabajando para crear un ambiente seguro para nuestros niños. También nos hemos comprometido a lograr la reconciliación entre quienes se han visto involucrados en este delito, incluso con los autores de estos crímenes.
Visita al Vaticano
Durante mi visita al Vaticano en junio, los obispos del occidente recorrieron varias de las congregaciones de Roma que ayudan al Papa en sus deberes pastorales. Nuestros intercambios fueron cordiales, francos e instructivos.
Año de la Eucaristía
El año comprendido entre octubre de 2004 y octubre de 2005 es un año especial para la Eucaristía. Este año se va a iniciar con el Congreso Eucarístico Mundial en Guadalajara (México) y concluirá con la próxima asamblea ordinaria del Sínodo de Obispos en el Vaticano. El tema que el Sínodo de Obispos va a discutir será “La Eucaristía: Recurso y Cima de la Vida y Misión de la Iglesia”.
El Santo Padre ha hecho un llamado especial para iniciar este año, como una parte importante de su proyecto global del Nuevo Milenio al “empezar con Cristo”.
Nosotros apoyamos el matrimonio
Estos días perezosos y opacos de verano nos ofrecen tiempo para la reflexión. Esta semana yo les pido a ustedes que gasten algunos momentos para considerar seriamente el valor del matrimonio, no sólo para las parejas jóvenes, sino para la sociedad, la iglesia y nuestra cultura.
Los obispos americanos han venido trabajando a través de las conferencias nacionales y estatales para apoyar los esfuerzos por preservar el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Aunque está regulado por las leyes civiles y las leyes de la iglesia, este tema no es ni de la iglesia, ni del estado. Este es un tema de Dios. La institución divina del matrimonio está en el corazón de nuestra preocupación por tratar de incluir otras relaciones, diferentes a aquellas entre un hombre y una mujer, como algo legalmente equivalente al matrimonio.