
Los católicos ya no se acercan al sacerdote tan frecuentemente como lo hacían hace 50 años para confesar sus pecados y recibir el sacramento de la penitencia.
Cuando tomamos el tiempo para celebrar el sacramento de la Penitencia, vemos que ocurren tres momentos importantes. Primero, hay la confesión de todos los pecados graves que podemos recordar y una admisión honesta de algunos menores defectos que impiden nuestra experiencia diaria de fe. El segundo involucra las oraciones penitenciales o las actividades que contrarrestan unos vestigios egoístas de nuestro comportamiento pecaminoso. Finalmente, está la expresión de la clemencia de Dios a través de las palabras de absolución que el sacerdote nos transmite.
El pecado es un asunto personal. La reconciliación también es un asunto muy personal. Pero el sacramento de la Penitencia asimismo se puede celebrar con varios presentes, como pasa con frecuencia en muchos de los servicios de Penitencia que toman lugar en la Arquidiócesis durante esta temporada sagrada. Espero que cada uno abrace este tiempo de gracia con un deseo sincero para entregarse completamente a Dios y tomar la oportunidad que el sacramento de la Penitencia nos da de liberar los corazones de la esclavitud del pecado.
Penitencia y Reconciliación
Todos estamos muy conscientes de la maldad en nuestra vida, de los pecados que cometemos y la gente que hemos ofendido y ofendemos. Pidamos perdón por el pecado y liberación del mal.
La Cuaresma sobresale como un tiempo especial para buscar la fuerza para renunciar a la maldad, para llegar a ser mucho más centrados en Cristo que debe ser visto como un amigo importante en nuestras vidas. La Cuaresma debe llevarnos a vivir de nuevo en la gracia del Bautismo.
Todo en Familia
Viajo por toda la Arquidiócesis durante la Cuaresma para celebrar el Rito de Elección. Los catecúmenos que se están preparando para el Bautismo llegan a ser nuestros Elegidos, los que son elegidos para vivir los Sacramentos de la Pascua. Los que ya son bautizados en otras familias cristianas están acogidos como candidatos para la conversión continua en el camino a recibir la Confirmación y la Eucaristía con los catecúmenos en la Vigilia Pascual.
Ser miembro de la Iglesia es un privilegio y un regalo, no un logro, ni un derecho. Nadie es perfecto. Todos pecamos. Necesitamos buscar sanación y piedad por el sacramento de la Reconciliación. La temporada cuaresmal nos recuerda a todos que nuestra conversión a Cristo es de por vida y está en curso. Es una conversión que requiere de nuestra atención.
Ser miembro de la Iglesia lleva consigo ciertas expectativas en términos de nuestras creencias, valores y comportamientos. Sabemos que el pecado grave nos excluye de la participación completa en la celebración de la Eucaristía. Tenemos que confesar los pecados mortales antes de acercarnos al Señor en el sacramento de la Eucaristía.
Cuaresma es Volver al Desierto
En enero, participé en los ejercicios espirituales con mis Obispos hermanos del noroeste durante nuestro retiro espiritual de cada año. Sabemos por las Escrituras que a menudo Jesús tomaba tiempo apartado de sus esfuerzos misioneros, para pasar tiempo dedicado a la oración con el Padre. Nosotros los obispos no salimos al desierto pero pasamos nuestra semana en una casa de retiro en Federal Way, Washington. Fue un tiempo de oración y soledad, separado de las muchas actividades y distracciones de nuestras vidas de servicio. Regresé a mis deberes de la vida cotidiana muy renovado y entusiasmado.
A veces nos gusta echarle la culpa por todas las cosas que son injustas en el mundo a los demás e incluso a Dios, sin aceptar nuestra propia responsabilidad. Durante nuestro retiro, fuimos desafiados a enfrentar un miedo espiritual que el director del retiro describió como nuestra “condición de no estar terminados”. Se nos desafió a crecer en vidas de virtud. Mucha gente de fe está miedosa de admitir que no somos tan perfectos como nos gustaría ser. Este asunto de crecer en la virtud es todavía “incompleto”, también para los obispos. En una manera, todos somos “sitios de construcción de Dios”.
A causa de que somos tan “incompletos” en nuestros esfuerzos para hacer lo bueno y evitar lo malo, todos nosotros tendemos a pensar que los logros más grandes serán posibles más tarde, pero no ahora. No sabemos qué futuro nos queda. Sin embargo, tenemos hoy y éste es nuestro momento para alcanzar la gracia y la gloria.
La mejor manera para enfrentar nuestros miedos es a través de la oración. Todos necesitamos orar, no sólo para ejecutar ciertas tareas o para decir ciertas palabras bonitas, sino para experimentar la presencia de Dios y dejar que nos consuele y fortalezca en nuestro desánimo y debilidad.
Este año la Cuaresma termina el Jueves Santo, el 9 de abril. El Triduo Sagrado, la celebración del gran misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor empezará con la celebración de la Misa de la cena del Señor la noche del Jueves Santo y concluye con Vísperas del Domingo de Pascua, el 12 de abril. Más que cualquier otro tiempo del año, la Cuaresma y el Triduo refuerzan nuestra esperanza en el Señor Jesús, que nos llevó de la muerte a la vida en el Bautismo y que también nos llevará de la muerte a la vida, al final de nuestra estadía terrenal.