Edición Impresa: 03/18/2009

Lección sobre el valor de la vida

Cada edición tiene historias que contar de las cuales aprendemos y esta en particular, la cierro con un sentimiento solidariopor el dolor que vive una pareja de padres hispanos que acaba de perder su pequeña hijita. Se trata de Victoria Lara y su esposo Edgar Palacios, quienes también tienen un pequeño hijo.
Antes de escribir esta columna, tuve la oportunidad de asistir a la misa por el funeral de su pequeña Victoria María. Ceremonia religiosa que se realizó el pasado viernes 13 de marzo en la iglesia de La Magdalena, en Portland. Allí estaban los familiares y amigos reunidos para apoyar a esta pareja en este doloroso momentos.
Y como esta pareja es símbolo de la fortaleza y el amor de unos padres, no podía dejar pasar esta oportunidad para unirme a ellos en reconocimiento por su valentía. Tanto Victoria como Edgar, son ejemplo del compromiso que unos padres pueden asumir para hacer todo lo que está al alcance en aras del amor a un hijo. Desde que ellos supieron que su hijita nacería con Síndrome de Down, no dudaron un segundo en traerla al mundo y sobre todo llenarla de amor. Así lo hicieron y la niña nació en medio de una familia que le dio la bienvenida en medio de la dulzura que unos padres como ellos tenían para ella en cada momento. Como el sacerdote lo decía en la homilía de las exequias de la pequeñita Victoria María, a veces le preguntamos a Dios en momentos como éste: ¿Por qué? Y la respuesta la encontramos sólo en su infinita misericordia. En esa promesa que nos lleva a vivir con la esperanza de reencontrarnos con nuestros seres queridos algún día. Unos iremos primero que otros y Victoria María está en compañía de Jesús y María. Así lo escribió Edgar en esa carta amorosa del último adiós. Una carta que hizo rodar las lágrimas de los presentes en la misa.
El dolor que viven en estos momentos Victoria y Edgar no se puede medir. Así lo reiteró el sacerdote a la asamblea reunida para despedir la pequeñita Victoria María. El tiempo siempre mantendrá en la memoria de estos padres la huella de la presencia de esta hijita querida.
Hoy, por medio de esta columna, quiero resaltar la historia de esta pareja que ha dado sentido real a la vida de un hijo y lo han hecho hasta el final.
Victoria y Edgar lo hicieron y con amor. Ellos son para mí una lección del valor de la vida. Para ellos la lección la recibieron de la pequeña niña, que durantes varios meses luchó en un hospital contra su enfermedad. Y como lo dijera en la misa, una de las personas que la atendió en el hospital, la niña siempre tenía una sonrisa, a pesar de las máquinas que la asistían para darle vida. Ella con sus ojitos negros, brillantes de vida, siempre sonreía y lo hacía porque estaba llena de vida.
Hoy Victoria María está en un mejor lugar. Nosotros la recordaremos y ella, tan pequeñita, y la valentía de sus padres, será una lección de esas que tenemos que aprender. Una lección sobre el valor de la vida y que sin duda, nos hará mejores.

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