
Queridos Lectores:
Acabamos de celebrar la Semana Santa y lo hemos hecho en la fe y con la tradición que hemos traído desde nuestros países.
Y haciendo mención a la forma como se celebraron estos días de la Semana Mayor en las diferentes parroquias, vimos que los templos se colmaron de hispanos ávidos de vivir su tradición de fe.
Pero en una de mis entrevistas, yo preguntaba a la persona que me ayudó, que si se veía esa asistencia masiva de hispanos durante todo el año, y esta persona me dijo: “Desgraciadamente no. No he visto tanta gente como la que se vio por ejemplo el Domingo de Ramos”.
Y sus palabras me quedaron sonando, por eso escribo sobre esto en mi columna mensual, porque me parece interesante compartir con los católicos hispanos, esta experiencia en una de las parroquias de nuestra Arquidiócesis.
¿Será que somos católicos sólo en Semana Santa? ¿Será que nos sentimos comprometidos con nuestra iglesia, sólo una vez al año? ¿Por qué sólo participamos con fe durante la Semana Mayor? ¿Será que se nos olvida que el compromiso con la iglesia se reafirma en la misa de cada domingo? ¿Será que no nos sentimos católicos todo el tiempo?
Y podría enumerar otras preguntas, para reflexionar sobre el sentimiento de esta persona que refleja cómo vivimos nuestra fe los católicos inmigrantes.
Pero si nos detenemos a ver las razones, muchos dirían que el trabajo es la principal razón por la que no asisten a la iglesia con el fevor que se vé en los días santos. Esto puede tener validez si miramos como trabajan los hispanos inmigrantes.
En esta ocasión quiero pensar que la comunidad encontrará su espacio poco a poco, para participar de la misa todos los domingos.
Vale la pena reconocer el trabajo que se realiza en las diferentes parroquias, que han organizado las celebraciones de fe, con el fin de abrir un espacio espiritual para los católicos hispanos. Todos llegan a este país con sus tradiciones y muchos encuentran en sus parroquias, el sitio para reafirmar sus tradiciones.
En Semana Santa es innegable que todos buscamos esas tradiciones en nuestro deseo de reflexión y oración. Ojalá que así como se vivió la Semana Santa este año, cada domingo los templos se colmen con la presencia de los feligreses que llegan para compartir y orar en comunidad.
Que esta Semana Santa haya sido la inspiración de nuestra participación activa en la vida de nuestras parroquias.
Pascua Juvenil
Y no podía dejar pasar esta oportunidad para reconocer la gran labor de la Arquidiócesis de Portland, que a través de su Ministerio Hispano, en cabeza de Raúl Velázquez, ha dado vida a la Pascua Juvenil que cada año atrae más y más jóvenes.
Este año, durante un fin de semana los jóvenes se reunieron durante dos días para ser testigos del mensaje espiritual de la Cuaresma y sobre todo, reflexionar sobre la revelación de la Pascua.
En esta edición incluimos un artículo que cuenta la experiencia de uno de los jóvenes líderes, Koren Ruíz, que compartió la forma como se llegó a esa nueva generación de jovencitos.
Es interesante ver cómo los jóvenes que han crecido asistiendo a esta Pascua, ahora se ven comprometidos y motivados por cambiar la realidad de los jóvenes que entre los 13 y 17 años necesitan reencontrarse y sobre todo, reafirmar su fe.
En medio de esta realidad de ruido, nuevas tecnologías, modas, imposiciones de los grupos que quieren vivir las experiencias que la cultura dicta, muchos jovencitos se alejan de la iglesia y se enfrentan a realidades que no son buenas y que los pueden perjudicar.
Con actividades como la Pascua Juvenil, los jóvenes encuentran un espacio de fe, de energía positiva, de mensajes sobre la Palabra y sobre todo, se rodean de jóvenes como ellos, con los que se pueden identificar y hacerlo con valores positivos.
Yo invito a los padres de familia, para que sigan de cerca la realidad de sus hijos y los apoyen a participar de actividades como la Pascua Juvenil que sirve para enriquecer al joven del mañana.