
Queridos Lectores:
El pasado 11 de septiembre se cumplió un aniversario más de la tragedia causada por el ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York. La oración en el sitio de la tragedia, acompañada de la presencia de los familiares de las víctimas fue el hecho principal que sirvió para recordar a todos aquellos que murieron en el lugar.
Pero si recordamos atentamente, las víctimas del 11 de septiembre, fueron seres inocentes y muchos de ellos hispanos que llegaron a este país con el deseo de superarse y trabajaron duramente. Sin duda alguna, entre los asistentes al acto, que se llevó a cabo el pasado 11 de septiembre, había familiares o compañeros de trabajo de los hispanos desaparecidos. Pero lo que nos pone a pensar, es que quizás muchos de los familiares no estuvieron aquí, porque si se trataba de inmigrantes, por lo general las familias permanecen en los países de origen. Es triste ver, que para expresar el dolor, las fronteras también se interponen. Sólo queda elevar una oración para pedir por los desaparecidos y para pedir porque la violencia no siga cobrando vidas en el mundo.
El 11 de septiembre quedará en la historia, como la fecha que golpeó este país y cientos de familias de personas inocentes.
Al finalizar el acto religioso y al atardecer, dos luces fueron encendidas en el sitio de las torres, como homenaje a las víctimas que fallecieron en el lugar.
Con el paso de los años esta fecha seguirá en la memoria, como un día de tragedia y dolor.
De otra parte, este mes nuestra edición incluye algunas historias locales que quiero compartir con todos ustedes, sobre mi visita al sur de Oregón, que en cada comunidad me dejó un sabor distinto, porque en cada sitio la bienvenida de los hispanos fue muy especial. Hacía precisamente cinco años, que no visitaba esta zona del estado y en este tiempo, puedo decir que la comunidad ha crecido y sobre todo, que los católicos formar parte de una familia.
Sí, durante una visita viajé entre Ashland, Medford, Central Point, Grants Pass y Talent. En cada sitio encontré historias que contar y experiencias también que son similares si vemos como viven los hispanos en esta parte del estado que no está tan lejos de Portland. Lo que sí es cierto, es que en el Sur de Oregón hay una gran comunidad, que crece día a día y que a través de su iglesia se ha ido consolidando.
Durante mi visita, por supuesto, en algunos sitios, tuve que presentarme ante los sacerdotes o los líderes hispanos, quienes han visto el periódico, pero no me conocían y en otras ocasiones, expliqué la importancia de tener un medio de comunicación, con el apoyo de la Arquidiócesis de Portland, destinado exclusivamente a informar a los hispanos. Muchas veces, los líderes comunitarios o los mismos miembros de la comunidad, no se dan cuenta de la importancia de contar con este medio de difusión, gratis para los hispanos y que trabaja para consolidar en una publicación las actividades que cada mes son noticia.
Porque si algo es cierto para mí, como directora de este periódico, es que todo, lo que involucre a un hispano, en la medida de lo posible, deber ser parte de la edición porque es noticia, porque es importante, porque cuenta la historia de algún inmigrante o si es el caso, de alguien que sin ser hispano, se ha acercado a nuestra comunidad con el deseo de ayudar y apoyar a la comunidad.
En Ashland por ejemplo, encontré dos líderes, misioneros católicos, muy jóvenes: Matías y Federico, quienes han trabajado desde enero en la parroquia de Nuestra Señora de la Montaña y quienes han sembrado una semilla que germina en esa área. Fue muy interesante compartir con ellos y ver sus historias paralelas, al mismo tiempo que ver la forma en que se aproximan a la comunidad. Me llamó la atención que cantan “rancheras” cuando llegan a compartir con las familias de inmigrantes.
Ellos lo hacen para acercarse, para reconocer que hay otra cultura rica en tradición cerca de ellos y de la cual quieren aprender también, a pesar de venir de tan lejos.
Al mismo tiempo, las familias mexicanas han abierto sus puertas. Y no sólo sus puertas, sino los corazones, para compartir sus esperanzas, sus historias, y conocer otra cultura, la de los argentinos, tan rica en muchos aspectos y que es parte del gran espectro considerado “hispano”.
Estos jóvenes son un ejemplo del apostolado, pues ellos han salido, para llevar la Palabra, para escuchar los problemas de otros. Han salido para conocer a su comunidad. En lo que ellos hacen, es muy fácil ver que los hispanos necesitan una voz amiga, un toc toc que suene en la puerta y unos oídos que escuchen las necesidades.
Esta edición, comparte esa experiencia porque es un modelo del liderazgo y de cómo se construye una comunidad en los sitios apartados. Como se construye con el compromiso de quienes han dejado el escritorio para ir a las casas. Porque el trabajo con los hispanos es así, cara a cara, compartiendo, viendo el rostro para poder crear una relación directa y sincera.
Central Point
Y como se trata de la relación interpersonal que nos caracteriza los hispanos, durante nuestra visita participamos de actividades de fe, como la oración del Rosario en la casa de una familia de la comunidad del Pastor del Valle en Central Point y la cual se llevó a cabo en Medford.
Fue una experiencia muy linda. Se vivió en la casa de don Francisco Zúñiga y tengo que decir que el calor de hogar, tan propio de los hispanos se sintió desde que cruzamos el umbral de la puerta.
Pudimos compartir en familia, de la oración, de la hospitalidad, de la comida deliciosa y todos se veían muy unidos. Y como en familia, también compartimos cómo algunos miembros de la comunidad han sufrido por las diferencias al interior de la comunidad hispana.
Me llamó mucho la atención un comentario que no es la primera vez que escucho desde que soy directora del periódico El Centinela y del cual no había querido hablar en esta columna, porque siempre creo que lo positivo es lo que vale la pena divulgar.
Pero pienso que es importante que comparta con los lectores, ciertas preocupaciones que surgen directamente de la comunidad.
Con tristeza, una persona me comentaba que ha vivido el egoísmo por parte de los hispanos de su comunidad.
También que ha vivido el racismo entre los hispanos y que ha visto cómo en torno de grandes celebraciones como la fiesta de la Virgen de Guadalupe, surgen rivalidades entre los mismos hispanos.
En años anteriores, alguien me decía que algo que no nos deja crecer es la envidia en la comunidad y sobre todo la rivalidad. Pienso que si tomamos como ejemplo, la actividad que desarrollan semanalmente los misioneros argentinos, de visitar, compartir, escuchar, cantar, abrirse a otra cultura, en este caso la mexicana, pues tenemos un claro ejemplo de convivencia.
Todos los hispanos que estamos aquí, tenemos la misma raíz. Precisamente en este mes de la Herencia Hispana la celebramos. Pues bien, si reflexionamos en nuestro idioma, en el color de nuestra piel, en la textura de nuestro cabello, en nuestra religión, en nuestra forma de ser, etc. podríamos escribir una lista larga de cualidades que nos hacen similares y miembros de la misma familia.
No entiendo por qué surge la envidia y la rivalidad. Es como si la tuvieramos con nuestros propios padres y hermanos..
Ojalá pensemos en esto y analicemos nuestro entorno, para ver que es mejor compartir con el que está al lado y por qué no, empezar por el hogar.