
El sacerdote durante seis años trabajó para unir una comunidad multicultural.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Las despedidas no son fáciles y menos cuando se trata de despedir al pastor de una comunidad de fe. Ese es el caso del padre Armando López quien se unió tan de cerca a los feligreses de la Iglesia de la Ascensión en Portland, que todos se constituyeron en una familia.
Hace seis años cuando llegó el padre Armando a la Ascensión, la parroquia ya contaba con la misa en español, pero eran muy pocos los hispanos que asistían cada domingo. En el curso de estos años, el sacerdote logró consolidar esta comunidad de fe hispana y hoy las puertas de la iglesia se abren para recibir a un número de casi 650 personas cada domingo, además de que hay una segunda misa en español los sábados, con participación de 350 feligreses, que cubre la asistencia del fin de semana.
En entrevista con El Centinela, el padre Armando compartió lo que fue su experiencia en Portland, antes de partir hacia California. “Lo primero es que me siento muy triste porque uno se encariña con la comunidad y ellos con uno”.
Pero la satisfacción siempre se lleva en la maleta. “Sí, lo que más me ha llenado es la respuesta del llamado que hice a todos en el nombre del Señor, para que se acercaran a Cristo. Lo que más me ha gustado es la respuesta generosa de la gente y ese compromiso con Cristo, el Señor”.
Al ver su trabajo, el padre Armando López se va contento, “con la unidad que hay en la comunidad. La logramos a través del plan pastoral de evangelización, los retiros, congresos y la comunidad se ha unido muchísimo, y he visto los frutos que se han dado”.
El sacerdote recordó con nostalgia su llegada hace seis años. “Yo creo que la comunidad hispana ya estaba y era pequeña. Cuando llegué empezamos a trabajar en la evangelización con las parejas y empezaron a responder y a comprometerse con el Señor. Hoy contamos con un ministerio de parejas en la parroquia y en las casas. Yo creo que hay 150 parejas que se reúnen cada 8 días en diferentes casas y siguen trabajando muy bien”.
Otro de los aportes del padre Armando fue la creación de la Iglesia Doméstica de Padres de Familia, además del Catecismo. “Fue muy importante el impulso que dimos a las comunidades pequeñas en casa, porque esto ayuda a unificar mucho más a la familia y la evangelización en familia es vital para acercar a padres e hijos, además de que integra a las parejas. Se les da un retiro de fin de semana y luego se reúnen 4 o 5 familias cada 8 días, las cuales participan en el curso de crecimiento espiritual”.
Apoyo a los inmigrantes
Quienes siguieron de cerca al padre Armando López, saben que él trascendió en la comunidad, pues no sólo trabajó con la Iglesia de la Ascensión. En estos años se le vio liderando a los hispanos desde diversos espacios, incluso un programa radial de oración en la emisora KBVM 88.3 la Radio Católica.
En otros momentos, vestido con su hábito franciscano participando de las marchas de inmigrantes, para unirse a una comunidad que pide ser reconocida. “He apoyado al inmigrante y creo que mi misión como sacerdote y fraile hispano es la de apoyar a los más necesitados, a los indocumentados, a los jornaleros”.
El padre reconoce la gran necesidad de contar con más sacerdotes hispanos. “Es importante, por la necesidad de hispanos en el sacerdocio para poder apoyar realmente a la comunidad”.
Apoyo que los feligreses de la Ascensión tuvieron durante estos seis años. Por eso la misa de despedida fue triste y el sacerdote la recuerda así: “Vino a la mente el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, donde Pablo está con los Efesios por tres años y cuando se despide, lo abrazan llorando. Así me sentí cuando recibí el abrazo de todos los coordinadores de grupos de la parroquia y todos me expresaron su amor. Se me quebró la voz y ya no pude”.
En su última homilía el mensaje fue claro. “Que todos como bautizados somos pastorcitos y tenemos una gran responsabilidad con Dios, la comunidad y la iglesia, para llevar las ovejitas al pasto verde y fresco. Esa es la comunidad de nuestros líderes, quienes sembrarán el amor de Cristo en los corazones”.
Para el sacerdote la despedida fue dolorosa y un testimonio del voto de obediencia. “Cuando un provincial toma la decisión uno sabe que no se puede discutir y tiene que acatarla. Para mí esta despedida fue dolorosa”.
Ahora el padre Armando inicia su labor en la Comunidad franciscana en la iglesia de San Bonifacio, en San Francisco. “Pero sé que la obra va a seguir en Portland, porque la semilla del amor de Dios quedó plantada y por eso estoy convencido de que todos seguirán ese camino. No hay duda. Hoy tenemos casi mil personas que asisten a misa el fin de semana y ya algunos hispanos incluso van a misa con los anglosajones, eso muestra que somos una comunidad unida en la fe”.
Con el mensaje de continuar su labor, el padre Armando partió hacia California, prometiendo regresar a Portland para compartir.