Edición Impresa: 10/14/2004

Nuestro reto es construir una civilización de amor

Desde 1972, el primer domingo de octubre se ha convertido en “El Domingo del Respeto a la Vida”. Ese día, nuestra comunidad católica inicia nuevamente el Programa de ‘Respeto a la Vida’. Es triste decirlo, pero vivimos en una cultura que socava el respeto por la vida humana. En consecuencia, nosotros cada año vemos este día como una oportunidad para enfocarnos en una serie de temas que nos preocupan, por su valor y su importancia: aborto, eutanasia, matrimonio y vida familiar, pena capital, pobreza, asuntos de inmigración, castidad, planificación natural familiar, sanación y reconciliación luego de un aborto, la cultura de la vida, biotecnología, niños, adolescentes, discapacitados y ancianos, además de aquellas personas que están muriendo cada día.

El tema del programa de este año es tomado de una frase ciertamente común en nuestra tradición cristiana: “Hecho a su imagen”. En nuestros primeros años, a todos nosotros nos enseñaron que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que “de todas la criaturas visibles, sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador” y sólo él es llamado a compartir con conocimiento y amor en la vida de Dios mismo. Esta fue la meta por la cual fue creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad.

La responsabilidad de defender la vida humana en todas sus etapas nos pertenece a todos nosotros, particularmente a las personas de fe como usted y yo. La nuestra es una ética consistente de la vida. Hay varios aspectos relacionados con la dignidad de la vida humana, pero el aborto, debido a la gravedad de su práctica generalizada hoy en día, necesariamente juega un papel central. Nosotros debemos recordar que el aborto es el asesinato directo de un ser humano inocente y es por lo tanto, gravemente inmoral. Algunos buscan excepciones, pero no existe ninguna. Estos niños inocentes son las víctimas más vulnerables e indefensas del asesinato.

Mientras el crimen del aborto continúe incesante en todo el mundo e impune, nuevos avances quirúrgicos son elaborados día a día para ser utilizados en pacientes que aún no han nacido. Los nuevos instrumentos quirúrgicos brindan una nueva visión, sin precedentes, de lo que es el milagro de la vida, de ese maravilloso momento en el que se crea una célula que en un lapso de 40 semanas es transformada en un precioso niño de muchos trillones de células.

Las personas se preguntan si los bebés no nacidos aún se califican como vidas humanas. Pero nosotros sabemos que la medicina moderna ya brinda a los bebés aún sin nacer, complejos tratamientos como por ejemplo transfusiones de sangre, procesos para extirpar un tumor e incluso tratamientos en la vejiga, la espina dorsal, y el diafragma, todos estos procedimientos dentro de la matríz. Si esto no es una vida humana, entonces: ¿qué es? Nosotros realmente creemos que Dios vé alguna diferencia entre los bebés que han nacido y los que no han nacido aún.

Este año invito a todas las mujeres de nuestra comunidad católica, para que consideren el reto de dar testimonio del valor a la vida humana. Mujeres reales, que han confrontado las consecuencias dolorosas de vivir en una cultura de muerte, pueden de mejor forma confrontar las falsedades que se esconden detrás de la retórica del “Derecho a la Vida”. Sí, las mujeres “merecen algo mejor” que el aborto. Después de todo, es la madre en crisis la que tiene el poder y la responsabilidad de tomar una decisión de vida o muerte. Estas mujeres deben escuchar palabras compasivas y recibir ofrecimientos de ayuda dignos de crédito, si ellas van a perseverar en el camino, casi siempre solitario, de proteger la vida de un niño que aún no ha nacido.

A orar por la sanación de la Iglesia

Nuestra Arquidiócesis está siendo auditada en lo concerniente a su acatamiento al Capítulo de los Obispos Americanos para la Protección de los Niños y los Jóvenes y las Normas Esenciales Relacionadas con las Diócesis en relación con las Acusaciones de Abuso Sexual por Parte de Sacerdotes o Diáconos. Nosotros tomamos con seriedad el llamado del capítulo de promover la sanación y reconciliación de las víctimas y los sobrevivientes del abuso sexual de menores, además de garantizar una respuesta efectiva a las acusaciones de abuso sexual de menores. También queremos asegurar la responsabilidad de nuestros procedimientos y proteger a los fieles en el futuro.

Durante la auditoría del último año, la Arquidiócesis se han encontrado en acatamiento total. La decisión de declararnos en bancarrota el verano pasado, fue la medida que tomamos frente a las implacables demandas de un número inusualmente alto de víctimas que se han presentado en esta Arquidiócesis. Estas personas han sido profundamente heridas y han encontrado un medio para litigar y buscar justicia y sanación personal.

Como muchos de ustedes ya lo saben, las demandas de justicia varían de estado a estado. En Oregón éstas son muy costosas debido a las leyes concernientes a los estatutos de limitaciones y a las decisiones de nuestros gobernantes de permitir los daños punitivos contra la iglesia, la cual es tratada casi como un negocio con ánimo de lucro.
Los procedimientos de la bancarrota, sin lugar a dudas, van a poner a prueba la paciencia de muchos de ustedes. éste es un proceso que intenta satisfacer en una forma razonable a todos los acreedores quienes se identifican a sí mismos. De igual forma le permitirá al deudor, en este caso, la Arquidiócesis de Portland, el continuar con su propio trabajo durante los procedimientos de la bancarrota y posteriormente.

Todos los que le servimos a ustedes, estamos haciendo todo lo que podemos por ayudar a las víctimas en la forma más razonable y justa que podemos y también siendo fieles con nuestra misión como iglesia.

En general, la Arquidiócesis ha reanudado sus operaciones normales. Nuestras cuentas y nuestros empleados están siendo pagados. Nuestra oficina fiscal ha venido enfrentando solicitudes extraordinarias en asegurarse que el juez, los fideicomisarios y el comité de deudores sean concientes de nuestros gastos y también estén informados acerca de las actividades de nuestras iglesias e instituciones. Muchos de los proyectos grandes de construcción en nuestras parroquias se han puesto en una lista de espera. Nosotros estamos aún esperanzados en que el juez y los acreedores permitan que estos proyectos sigan adelante a su debido tiempo.

Sigue siendo nuestro deseo más sincero, el encontrar los recursos que se necesitan para satisfacer las demandas de nuestros acreedores. Un paso importante que debe ser tomado en un futuro cercano es el de invitar a todos aquellos que creen tener reclamos contra la Arquidiócesis a que se presenten, de forma que ellos puedan ser incluidos en los acuerdos determinados con la ayuda de la corte de la bancarrota. Cómo hacer ésto justamente y cómo llegar a solucionar todo este asunto es un proceso complejo que estamos considerando en la actualidad. El debate acerca de la disponibilidad de activos de la Arquidiócesis es de la misma forma crítico. Aquí los católicos me recuerdan que las parroquias, escuelas e instituciones no son posesión de la Arquidiócesis. Yo sé eso, pero los acreedores no están de acuerdo.

Ser esposo o esposa es compartir la vida

Este año se cumple el décimo aniversario del Año Internacional de la Familia. Para ayudar a las familias a celebrar el Año de la Familia en 1994, nosotros los arzobispos norteamericanos, escribimos una carta pastoral titulada “Siga el Camino del Amor”. En esa época, tomamos nuestra guía de la Exhortación Apostólica sobre la Familia de 1981 del Papa Juan Pablo II, donde él decía: “El futuro de la humanidad pasa por la familia”. En esa época y todavía, la iglesia estaba muy entusiasmada en ayudar a las familias a tratar con los desafíos de cambio y la complejidad que enfrentan en el mundo actual, el cual aparenta ser hiperactivo.

Pero la iglesia no es la única institución preocupada por la realidad de la vida familiar. Hace tres años, en 2001, el Centro Nacional sobre Adicción y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia creó lo que es ahora llamado el Día de la Familia, como un Día para Cenar con sus Niños.

Ha sido un esfuerzo nacional el a animar a las familias de este país para que coman juntos en unión familiar, como una característica regular de sus vidas cotidianas.

Otro de los aspectos está relacionadocon la reducción de sustancias como el alcohol o las drogas entre los jóvenes con el fin de llegar a criar niños mas sanos. CASA (que es el acrónimo en inglés del Centro Nacional sobre Adicción y Abuso de Sustancias de la Universidad de Columbia), señala que un niño que alcanza la edad de 21 años sin usar drogas, fumar cigarrillos o abusar del alcohol, por lo general no lo hará a lo largo de su vida. Si lo ha hecho anteriormente esto no se puede probar.

En la Carta Pastoral de los Obispos sobre la Familia publicada en 1994, se plantearon dos retos y oportunidades para las familias, los cuales pienso que estaban acordes con la lógica que está detrás del Día de la Familia, fecha promovida por CASA. Se habla de crecer en un ambiente de reciprocidad y dedicándose tiempo los unos a los otros.

Reciprocidad es acerca de compartir la vida y la responsabilidad. Reciprocidad obviamente es importante para una relación exitosa entre esposo y esposa. El matrimonio nunca será feliz si existe lucha por el control. Pero la reciprocidad tiene que contar con los niños también. Los jóvenes también necesitan la oportunidad de ser escuchados respetuosamente y de escuchar atentamente a sus mayores.

El dedicarse tiempo puede ser un reto más difícil en la actualidad, porque la gente siempre está viviendo de prisa. Si nosotros nunca pasamos tiempo los unos con los otros, en un ambiente relajado que nos de la oportunidad de hablar, de reír y de perdonar, nunca responderemos a las necesidades de los otros. La mesa familiar es el lugar perfecto, no sólo para pasar tiempo juntos, sino para “perder” tiempo juntos.

La familia es sin lugar a dudas totalmente importante. La familia es una iglesia doméstica en la casa. Un lugar donde la presencia de Dios y las bendiciones son experimentadas en forma incomparable. La familia es donde realmente aprendemos como se ama. Es en las familias que muchos de nosotros somos privilegiados de experimentar el amor generoso, abnegado, incondicional y fiel, que alimenta el respeto mutuo y el espíritu.

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