
Hace un año, que el papa Benedicto XVI aprobó una investigación sobre la calidad de vida de las religiosas estadounidenses que son miembros de los institutos apostólicos.
Yo tuve una reunión con los líderes de las religiosas talentosas, aquí en el noroeste. Hay bastante preocupación sobre las implicaciones de la visita pastoral. Muchas de las hermanas han dado sus vidas al servicio de la Iglesia, y el hecho de que se ponga en duda su labor y sacrificio y que no reciban el agradecimiento y apoyo que verdad se merecen, las tiene profundamente preocupadas.
Las Hermanas de los Nombres Santos de Jesús y María, las Hermanas de Providencia, las Franciscanas y Benedictinas, las Hermanas de San José y nuestras propias Hermanas de Santa María de Oregón, han compartido generosamente su tiempo y talento al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia. No puedo imaginar cómo sería nuestra comunidad católica hoy en día, sin la presencia y el servicio de estas mujeres santas tan capaces.
Inevitablemente, las investigaciones causan un poco de inquietud en las comunidades. Investigar es un proceso pesado que a veces puede hacer resaltar prácticas inaceptables, mientras que a la vez destaca los logros extraordinarios y también las metas para el futuro de las instituciones.
El problema con esta visita del Vaticano parece venir de la falta de preparación de las mujeres para dicha investigación. Todos somos parte de la misma Iglesia y nuestra unidad como católicos se garantiza y se hace visible por el ministerio del Papa y de los servicios de la Santa Sede. Asegurar que la vida religiosa es todo lo que debe ser, así como asegurar que las escuelas funcionen como deben, tiene sentido.
La Iglesia ha pasado un período de cambios institucionales e introspección como resultado de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.
Algunas religiosas han preferido seguir adelante con las tradiciones que heredaron de sus predecesores, mientras que otras han intentado diferenciar entre las tradiciones que piensan son importantes y las que dificultan su efectividad como religiosas.
¿Quién tiene razón? Yo supongo que todos, siempre que sean verdaderamente religiosas, estén en la Iglesia y respondan al llamado del Señor para edificar su reino aquí en la tierra.
Quizás este análisis de la situación sea demasiado sencillo. Mi preocupación principal es que las mujeres maravillosas que han dedicado sus vidas al servicio de la Iglesia, ahora se encuentran como víctimas de nuevas facciones en la Iglesia. También, hay personas que se aprovechan de cada oportunidad para debilitar la autoridad legítima de la Iglesia.
Para que la visita pastoral sea un suceso, es obvio que se necesita de la cooperación. Lamento que involucraron muy pocas de las religiosas en el proceso de planificación. Esto fue un error, pero uno que todavía puede ser corregido en la forma en que se lleve a cabo la visita.
Sin embargo, si los líderes de los institutos religiosos no reciben copias del informe confidencial que está enviado desde Roma, inevitablemente habrá sospecha y descontento, lo que puede dañar lo bueno que podría resultar de la visita pastoral.
Les pido a todos ustedes que recen por nuestras religiosas, especialmente las que están en el Arquidiócesis de Portland. No se puede medir todo lo que ellas han dado con sus vidas, fe y servicio. Mi oración es que la visita pastoral ayude a las religiosas a reafirmar sus devociones a la vida consagrada y que aumente en el número de personas que vean en ellas la bendición que son para todos nosotros.
Cementerios Católicos
Mi servicio como asesor del Catholic Cemetery Conference ha terminado. Hoy los cementerios católicos sirven como ejemplo de nuestra fe católica en la resurrección y nos recuerdan a quienes se han ido antes que nosotros.
En el año 2005, había un millón de cremaciones en los Estado Unidos, en más de 2,200 crematorios. Quemar los restos humanos era una práctica común entre los paganos antiguos.
La creencia en la resurrección y un deseo sincero de ritualizar las despedidas de los seres queridos de una forma reverente, son las razones de la práctica extendida del entierro cristiano.
Las personas que promueven la cremación sugieren que es menos costoso y mejor para el medio ambiente, menos emotiva y más aceptada que nunca. Aún escuché la sugerencia de que “las restricciones religiosas han disminuido”.
Sí, es verdad que la Iglesia hoy permite la práctica de la cremación, mientras que en el pasado no la veía favorablemente. Desafortunadamente, algunos malentendidos han influido en nuestra práctica de las celebraciones litúrgicas cuando alguien muere.
Cuando se celebra una liturgia de exequias, el cuerpo del fallecido debe estar presente. A veces eso no es posible y hay una celebración en su memoria más tarde.
Se acepta llevar los restos a la iglesia, pero es algo muy excepcional. La despedida ritual, que toma lugar en la Iglesia, honra el cuerpo que acompañaba el alma durante sus días en la tierra. La cremación se parece mucho al entierro, pero se diferencia en que se acelera mucho la descomposición de los restos. La Iglesia se opone al esparcimiento de las cenizas o el tratamiento de ellas como recuerdos. Insiste en que necesitan ser enterradas debido a nuestro respeto con el cuerpo humano.
Es importante que, en el fondo, las prácticas y rituales de los entierros de la Iglesia, reflejen nuestra fe católica como cristianos sobre la vida y la muerte. Mientras rezamos por los difuntos en noviembre, tenemos otra oportunidad de recordarlos, respetar su dignidad y venerar sus restos en nuestros cementerios.
Santa Teresita del Niño Jesús
El mes pasado celebramos la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús. Hace 112 años que murió como una carmelita, poco conocida con 24 años de edad. Vivió nueve años en el claustro en Francia, pero pasó los últimos años de su vida en una cama sufriendo de tuberculosis. En su lecho de muerte ella confesó que todavía no había terminado su trabajo.
El 1° de noviembre celebramos el día de Todos los Santos y el 2, Todos los Fieles Difuntos. Cada domingo decimos el Credo y profesamos nuestra fe en “la comunión de los santos”.
Para nosotros, nuestra vida no termina aquí en la tierra. Sabemos, por nuestra fe, que la vida es eterna y empieza con la concepción y continúa en la presencia de nuestro Padre celestial.
Santa Teresita tuvo una fe muy profunda en el don de la vida eterna. Ella entendió que, a pesar de su propia fragilidad humana, un Dios bondadoso y misericordioso quería sacarla de las limitaciones de esta vida y dejarla estar con él para siempre.
Cuando rezamos por nuestros hermanos y hermanas difuntos, no estamos pidiendo que Dios cambie de idea sobre lo que han hecho en sus vidas. Solamente hacemos lo que podemos para confiarlos al cuidado amoroso de Dios, que es el Padre misericordioso en el cielo y no desea que ninguno de nosotros se pierda del camino de la fe.
Unámonos en oración por el bienestar de todos nuestros hermanos en comunión de los santos, especialmente los que están aquí en la tierra y los difuntos que todavía no están en el cielo con Dios.
Honramos los difuntos porque creemos con firmeza en la inmortalidad de cada ser humano.
Dios nos creó en cuerpo y alma. Después de la muerte, no somos simplemente almas. Si fuera así, seríamos extremadamente diferentes de lo que hemos sido aquí en la tierra. Al contrario, seguimos siendo cuerpo y alma, pero la vida del cuerpo después de la muerte y resurrección, como hemos aprendido de los relatos de Jesús resucitado, es muy diferente. Los que han muerto antes que nosotros todavía están unidos a nosotros, como miembros de la familia humana.
También creemos en la dignidad de cada ser humano. Debido al hecho de que una persona está verdaderamente viva con Dios después de la muerte.
Aniversario
El pasado 28 de octubre se cumplió el 12° Aniversario de mi nombramiento como el décimo Arzobispo de Portland.
Algún día me voy a encontrar ante Dios y tendré que responder a la misma pregunta que muchos de ustedes me han hecho: “¿Qué has hecho en tu ministerio como pastor del rebaño del oeste de Oregón”?
Una cosa sí es cierta… he rezado mucho, probablemente más que en cualquier otro momento de mi vida. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que voy dedicando más tiempo a la oración diaria.
Las responsabilidades que requiere este cargo están por encima de mis propias habilidades. Pero, como María cuando estaba llamada a ser la Madre de Jesús, tengo la certeza de que con Dios, nada es imposible.
Rezo para que juntos lleguemos a ser el Cuerpo de Cristo y así hagamos que se sienta su presencia en esta región tan profana del oeste de Oregón.
He rezado con ustedes en cada iglesia de la Arquidiócesis, en las ocasiones alegres, en las celebraciones eucarísticas, en los momentos de gran gozo y también en los momentos de tristeza.
Yo mismo me sentí animado, porque ustedes han orado conmigo y siempre he vuelto a mis tareas con un mejor sentido del rumbo de mi vida y el entusiasmo de mi labor pastoral.
El Concilio Vaticano II recordó a los obispos que su ministerio es un trabajo de colaboración.
Este ministerio, requiere una presencia visible y enérgica entre el pueblo de Dios, tanto en las celebraciones eucarísticas como en una variedad de reuniones y momentos significativos de la vida de las parroquias e instituciones.
También, esta presencia es importante con los miembros del clero, los que han abrazado la vida consagrada, los pastores, los líderes, los obispos hermanos y aún a veces, en el servicio a la Santa Sede.