
La Noche Buena siempre recordamos la llegada de El Salvador.
Foto archivo de El Centinela.
Es una época especial. Son días muy particulares. Se respira un aroma bíblico-navideño que recorre calles, avenidas y plazas penetrando en todos los hogares. Las noches son largas, los días cortos y la temperatura baja, con vientos fuertes. Todo se une y nos habla de que se acerca el tiempo que marca el acontecimiento que divide la historia con el Nacimiento de Jesús. El acontecimiento en torno al cual millones de creyentes renuevan con alegría sus corazones y una honda emoción prepara la llegada del Mesías.
La narración de estos extraordinarios sucesos nos llegan a través de libros antiguos como los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de San Pablo y otros libros el Nuevo Testamento. De su lectura conocemos personajes claves. Sabemos del poder de Dios que actúa en medio de su pueblo, de la atmósfera de fe que impregnaba la vida de aquellas personas. Todo resplandece claramente a lo largo de las páginas de esos valiosos documentos primitivos, que aunque han pasado siglos desde que fueron escritos gozan de actualidad renovada anualmente.
La Navidad es un aniversario eminentemente espíritual, absolutamente divino. Recuerda el nacimiento del Hijo de Dios hecho Hombre en el milenario pueblo de Belén, que fue el escenario donde se posó la estrella bíblica. Así se señala el hecho sublime que representa lo más grande que hay en lo divino y humano, Jesucristo.
La Navidad es básicamente una fiesta de profundo sentido teológico. Es al mismo tiempo una fiesta familiar. Es una manifestación de valores hogareños, valores hispanos, que se funden en nuestros recuerdos y tradiciones familiares, aunque nuestra sociedad viene hace tiempo tratando de marginar esos valores.
Está bien que haya fiesta y regalos en torno a este aniversario, pero todo debe estar subordinado a la raíz del motivo, que es religoso, moral y espiritual.
Es preciso que se renueve la Navidad. Es preciso darle a Dios un lugar en estas fiestas y que hagamos realidad las lecturas de Adviento -el tiempo litúrgico que antecede a la Navidad y que- nos prepara para celebrar el nacimiento de Jesús en la Noche Buena.
Es necesario no dejarnos arrastrar por la corriente materialista de la temporada y es cierto que vamos llegando al término de meses donde logros y frustaciones están presentes y los propósitos y esperanzas animan nuestras sueños.
El aroma bíblico-navideño donde están presentes las más nobles manifestaciones tanto en el ambiente cristiano con sentido religioso, como en todo el mundo debe hacer que vibre un sentmiento de paz entre todos los seres de buena voluntad.
La Navidad se perpetúa sobre todo por sus valores espirituales, con sus villancicos, los nacimientos, las posadas, las misas de aguinaldo, la gran cena de Nochebuena y la alegre Misa del Gallo con familiares y amigos.
Esta celebración se afirma más, cuando cada uno de nosotros el día anterior a la noche de Navidad, Noche Buena, hemos tenido presente cuál es el significado de la venida de Jesús y nos preparamos para aceptarlo en esa noche especial. Pongamos algo diferente junto al pesebre, nuestra personal entrega de amor y servicio a los demás.
Les deseo una ¡Feliz Navidad!
*Redacción Ignacio Ruíz.