
Sólo 10 preguntas que se responden en 10 minutos para participar del Censo.
Foto cortesía del Censo.
Hace diez años, los hispanos nos convertíamos en la primera fuerza migratoria de los Estados Unidos, y probablemente, diez años después, quizás seamos la potencia más clara para pensar, seria y definitivamente, que podemos hacer parte de esta gigante nación con méritos propios, sin que tengamos que sentirnos menos que nadie, pero tampoco, más que ninguno.
Si bien es cierto que durante la década pasada, nuestras conquistas se fueron aplazando de manera imperdonable por esos malabares de la política y de los políticos que han estado gobernando el país, también es cierto que muchos compatriotas se han acercado a las fuentes del poder en los distintos Estados de la Nación, caminando por un rumbo que más temprano que tarde, nos permitirá pensar en que “nuestra nación’’ - y lo decimos sin temor a equivocarnos de que los hispanos somos más que una nación dentro de los Estados Unidos — nos iremos abriendo camino con base en la constancia, la firmeza y con el trabajo mancomunado de todos, en todos los rincones de esta patria que nos ha acogido para bien o para mal, pero que al mismo tiempo, nos hacemos sentir con nuestra presencia en todas las áreas laborales, sin cuya fuerza el desarrollo y la productividad no fuese lo que es hoy en día.
Pensar por un solo instante en la deportación de los más de 15 millones de hispanos que se encuentran indocumentados en la Nación, es, por decir lo menos, la insensatez más grande política, económica y laboralmente hablando en los Estados Unidos. Por eso, con el nuevo Censo, próximo a efectuarse, debemos aprovechar para hacernos contar bien, para que Demócratas y Republicanos entiendan, si es que todavía no lo han entendido, que no estamos haciendo de “parásitos” en el fisco federal y mucho menos para los estatales, porque pagamos impuestos, cumplimos con la ley; nuestros hijos se han forjado en las escuelas de este país, compartiendo con los nativos, si es que todos lo son, la misma cultura, el mismo idioma, el mismo estilo de vida, pero agregándole a todo ello, los verdaderos ingredientes de la vida, porque la generación futura de nuestros hijos y nietos, le darán un vuelco total a la manera de cómo saber convivir con propios y extraños, con nativos y extranjeros, con locales y visitantes, de ello que no le quepa la menor duda a nadie, pero, adicionalmente, hablando dos idiomas: el inglés y el español.
Dejarnos contar debidamente, nos es otra cosa que permitir que, en la próxima década, las ciudades en donde vivimos, los condados en donde estamos y los estados a los cuales pertenecemos, la distribución de los escaños de la Cámara de Representantes de la Nación sea más equitativa; que los más de 400.000 millones de dólares anuales que hacen parte de la masa total para la distribución entre los 50 estados que conforman la nación, sea acorde con las necesidades y exigencias de cada zona; y de medir con exactitud la presencia hispana en los Estados Unidos.
Mostrará el censo federal igualmente, que la proyección de que la familia hispana será en el 2050, la población más grande de inmigrantes en los Estados Unidos, no es cosa de orates, y que antes por el contrario, el rumbo de la nación podría estar en manos de un hispanoamericano.
Eso lo sabe de sobra el actual presidente, Barack Obama, cuyos esfuerzos por ofrecer una decisión integral al problema de más de 15 millones de hispanos que viven indocumentados en el país, no puede por el momento, ser menospreciada, porque bien sabemos que sus intenciones son las mejores, y lo que necesita es el apoyo irrestricto de la bancada de los Demócratas en el Congreso de los Estados Unidos, y seguramente, de algunos integrantes Republicanos, que sin sonrojarse, tendrán que aceptar la verdadera realidad de esa población que se necesita para bien del país y regular su presencia en la nación.
Señalan las estadísticas que somos actualmente el 15 por ciento de la población de los Estados Unidos; que hace apenas dos décadas, los hispanos apenas sumábamos 20 millones de personas, y que en estos momentos, llegamos a los 46.6 millones de habitantes pertenecientes a esa comunidad; que entre los años 2007 y 2008, más de una de cada tres personas sumadas a la población de la Nación, era hispana; y que la proyección estadística de la presencia hispana para el año 2050, será de 132.8 millones de personas, representando para esa época, el 30 por ciento de toda la población.
Sin embargo, las cifras no mienten. O por lo menos, eso esperamos, para poder decir axiomáticamente que el camino de los hispanos está abonado en los Estados Unidos, con tan solo señalar que el promedio de edad de los hispanos es de 27.7 años, nueve años menos que el promedio de la población general, lo que significa que estamos llenos de juventud, con todo el futuro en nuestras manos; que el 25 por ciento de los estadounidenses nacidos en estas tierras, menores de 5 años de edad, son hispanos; y que el 22 por ciento de los menores de 18 años en todo el país, también hacen parte de este grupo cultural y étnico.
Y para que no se asusten quienes no creen todavía que la fuerza de los latinos es más grande de lo que muchos pueden considerar, por cada 100 mujeres hispanas, en los Estados Unidos, hay 107 hombres, mientras que en la población general estadounidense hay 97 hombres por cada 100 mujeres, lo que debe poner a pensar a más de un estudioso de los datos demográficos qué sería del futuro de este país sin los hispanos.
Por eso decíamos al comienzo, que el Censo de este mes de marzo de 2010, es la mejor oportunidad para dejarnos contar, bien, sin escondernos, dando la cara, porque esas cifras, esos números, esa presencia de hispanos en todos los rincones de los Estados Unidos, será la demostración inequívoca de que somos una fuerza potencialmente grande, con necesidades comunes y corrientes, pero con fuerza laboral a toda prueba, dispuestos a que si nos dejan trabajar, esa oportunidad no la podemos despreciar para engrandecer a la Nación.
Este Censo del 2010, a pocos días de que se lleve a cabo en todo el país, será el retrato más completo que se puede tomar como imagen indestructible, en donde quienes hacemos parte de esa “nación dormida”, no podemos ser vilipendiados, ni escondidos como por arte de magia, por nadie, y es por ello que debemos “aparecer en la foto’’, para que nuestra presencia haga parte de una necesidad sentida y no de una necedad para unos cuantos en esta nación en donde, todavía podemos pensar, que es “el país de las oportunidades…’’