Edición Impresa: 05/18/2010

Una ley que no respeta la realidad del inmigrante

Queridos Lectores:
Ante la ley proclamada en Arizona, la cual ha causado tanta controversia y con razón, yo me pregunto: ¿Quienes son los inmigrantes sin un estatus legal?
La respuesta es simple. Se trata de padres con sus hijos, que han dejado atrás a sus familias, para cruzar la frontera en medio de tantos peligros, con el sueño de venir a estas tierras a trabajar. La búsqueda de trabajo es la motivación que los ha llevado a dejar atrás su núcleo familiar, su país y su cultura, para enfrentar el reto que implica la búsqueda de un futuro en un país extraño.
En otros casos, esos emigrantes son los hijos. Sí, los hijos que sin una oportunidad de estudio en una universidad y mucho menos, la oportunidad de un trabajo, dígase hombres o mujeres, han decidido dejar a sus padres para buscar un futuro en este país. Un futuro al que se enfrentan en la ceguera de la esperanza. Esa ceguera que no los deja ver los peligros y sobre todo, la dura realidad que pueden vivir por no contar con un estatus legal.
Las madres, cabeza de familia integran otro de los grupos que forman parte del llamado “inmigrantes ilegales”. Calificativo despectivo que deja a un lado el valor de estas mujeres que se enfrentan a todo, con tal de sacar a sus hijos adelante. Son mujeres solas, de todas las edades, que muchas veces no hablan el inglés, pero que llegan a este país para trabajar y sobre todo, poder poner un plato de comida en la mesa de sus hijos.
¿Otros inmigrantes? Las familias enteras que han decidido iniciar una vida nueva en este país. Estos grupos han llegado aquí muchas veces divididos, para poder coronar la meta de cruzar la frontera. Muchas veces han viajado juntos y lo han hecho enfrentando toda la adversidad que plantea el desierto. Y lo han hecho para llegar a buscar ese mismo futuro por medio del trabajo honesto.
Si vemos, cada uno de estos sub-grupos que integran el gran grupo de inmigrantes sin estatus legal en este país, se suma para conformar el de los 12 millones de inmigrantes “ilegales’.
Cuando se pronuncia esta palabra que suena mal, se vé por qué, los grupos que defienden los derechos de los inmigrantes dicen “ningún ser humano es ilegal”. Y tienen la razón porque se trata de gente de bien en busca de un futuro. Todos se han sometido al reto de cruzar esa frontera a la que todos miran ahora como el sitio por el que entran estas personas indeseables.
Yo reflexionaba en estos días y llegaba a una conclusión: el que cruza la frontera lo hace por necesidad, no por placer. Lo hace porque sabe que es la única forma en que puede llegar a este país para salir adelante. Si se tratara de gente con posibilidades en su propio país, en cuanto al estudio, el trabajo, tener una vivienda, vivir sin deudas, poder dar de comer a los hijos o tener el dinero para ayudar a los padres, o por el contratio, vivir tranquilo en una casa bonita, con carro y una cuenta de dinero esperando en el banco, seguro que nadie se sometería a la travesía que representa la frontera.
Pero en sitios como Arizona se desconoce esta realidad. Lo importante allí es ver el estigma que representa el color de la piel cuando se habla del tema migratorio.
Este tema da para muchas reflexiones. Lo triste es que no se ha visto ese gran grupo de trabajadores que aportan a la economía de este país y que como he dicho, está integrado, por padres de familia, madres cabeza de hogar, jóvenes que buscan un futuro o familias enteras que quieren progresar.
Este grupo de personas en el contexto de Arizona, es el grupo de criminales que deben ser puestos tras las rejas o peor, sometidos a la deportación. Es un grupo que por el color y origen de procedencia debe salir de este país.

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