Edición Impresa: 05/20/2010

¿Pandillas? Cómo protejemos al joven hispano

El programa de Caridades Católicas trabaja con los hispanos para evitar que entren a las pandillas y sobre todo, crear en ellos hábitos sanos.

Los jóvenes inician actividades como las largas caminatas en el bosque.
Foto cortesía Caridades Católicas.

Cada año Caridades Católicas ayuda a un grupo de 170 jóvenes latinos de Portland, que sin esta gran ayuda, probablemente estarían todavía involucrados en las pandillas.
Durante 13 años, el programa de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Portland ha contratado a algunos asistentes sociales para trabajar con los jóvenes de 12 a 18 años afectados por las pandillas. En vez de cometer crímenes y participar en actos de violencia, los jóvenes hacen largas caminatas por los senderos, juegan al fútbol, reciben mejores calificaciones en sus clases y consiguen hablar con el corazón.
Además, Caridades Católicas también ayuda a las familias con necesidades de servicios sociales, incluyendo el tratamiento para los que tienen problemas de alcohol y drogas. Los asistentes sociales normalmente trabajan con unos 40 jóvenes e intentan ser creativos en su intento de mejorar las vidas de estos jóvenes.
Mario Servellon tiene 28 años y ha sido parte del personal de Caridades Católicas durante dos años. Antes él también se había metido en líos cuando era joven, pero ahora trabaja para ayudar a los jóvenes latinos. Era disc jockey y por eso, ahora Servellon da una clase gratis sobre el arte de poner la música en una fiesta o celebración. Incluso hay algunos estudiantes que están practicando para hacer de DJ en sus escuelas.
Servellon y los otros empleados llevan a los jóvenes a la playa y al bosque para ayudar con la limpieza y también trabajan en algunos proyectos de la comunidad en los sitios urbanos. Los grupos de jóvenes pintan murales y acicalan los sitios públicos.
Servellon ha ayudado a varios jóvenes a inscribirse en un equipo de fútbol en pista cubierta y ve cómo se va desarrollando. “Es difícil para ellos”, dice Servellon, “no tienen el apoyo necesario en la escuela, ni en la casa y además, tienen dificultades con el inglés que no es su lengua natal”.
La meta de Servellon es ayudar a estos jóvenes con el fin de que no sientan que tienen que buscar la seguridad y la camaradería de una pandilla.
“Quiero que sepan que ellos tienen otras opciones y que pueden realizar grandes logros, si se concentran en ellos mismos”, dice Servellon.
Él es uno de los cinco asistentes sociales que es ayudado por otros mentores voluntarios. Los jóvenes se involucran en las pandillas porque a los padres les faltan los recursos para inscribirlos en otras actividades más sanas. Y las familias mono-parentales dejan que algunos de los niños hagan lo que quieran después de la escuela.
Además, los jóvenes latinos se encuentran con el peligro de ser marginalizados del resto de la cultura corriente y a veces recurren a las pandillas solamente porque desean estar con sus compatriotas, otros que tienen las mismas dificultades.
“Estos jóvenes tienen muchos problemas”, dice Gloria Wiggins, miembro de la Parroquia de San Enrique, en Gresham, y que sirve como directora del Programa Hispano de Caridades Católicas. “Hay mucha pobreza y una crisis de identidad. Se sienten que no congenian aquí; quieren asimilarse a este mundo, pero también desean mantener los aspectos más importantes de su propia cultura”.
El mensaje que Caridades Católicas quiere transmitirles es que la educación trae las oportunidades.
Este tipo de trabajo no tiene resultados inmediatos. Sin embargo, Wiggins sí puede hablar de algunos casos que muestran algún avance. Iban a expulsar a un joven del liceo por problemas de conducta y disciplina. El asistente social de Caridades Católicas le suplicó a la escuela que le diera una última oportunidad y empezó a trabajar mucho con el chico. Descubrió que el joven tenía un interés muy profundo en el arte. Entonces, Caridades Católicas le ayudó a dedicarse a esta actividad. Aunque no ha sido sobresaliente en todo, el joven no fue expulsado y va por buen camino a graduarse con sus compañeros de clase.
Con recursos del Condado de Multnomah y la ciudad de Portland, los trabajadores de Caridades Católicas van a la calle para identificar los jóvenes en peligro, y también las escuelas les dan los nombres de jóvenes que necesitan ayuda. Ahora, el número de jóvenes sobrepasa los recursos. Además de fondos, el programa siempre necesita buenos mentores adultos. “Trabajamos con chicos que no tienen modelos a seguir en sus vidas diarias”, dice Wiggins, “la mayoría de ellos no tienen parientes que han triunfado aquí”.

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