Edición Impresa: 07/15/2010

Sin sacerdotes no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia

Cuando llegué aquí, vi el dibujo enmarcado de un coche de ferrocarril en una de las paredes de mi residencia. Recuerdo que cuando era joven fui aficionado a los ferrocarriles. Por eso me dio curiosidad en saber cuál de mis predecesores compartía el mismo interés.
Resultó ser que éste dibujo era un recuerdo importante de nuestra Iglesia Católica de hace un siglo y viajaba para compartir la fe. Pero este no era un coche de ferrocarril normal. Era un coche capilla, uno de los tres que se utilizó a principios del siglo XX para llevar la buena nueva a los Católicos que no habían visto un sacerdote durante muchos años.
Desde entonces, me he enterado que existían unas 13 iglesias que servían a la población dispersa desde 1890 hasta los años de 1940 y llevaban el Evangelio y los sacramentos a las personas que vivían cerca del ferrocarril. Tres de ellos fueron patrocinados por la Sociedad de Extensión Católica y fueron nombrados en nombre de los santos Antonio, Pedro y Pablo. El dibujo de mi casa era el del cocho de San Pablo y fue el único que nunca llegó a Oregón.

Cuatro de Julio
El fin de semana del 4 de julio, viajé a Mill City (no en un coche capilla!) donde tuve el privilegio de saludar a los feligreses en la celebración del aniversario centenario de la Iglesia de Santa Catalina.
En 1910, un coche capilla del ferrocarril, el San Antonio, llegó a Mill City, llevando un sacerdote para celebrar la primera misa de la ciudad. Como muchas de las comunidades aquí en el noroeste, después de esta visita, los católicos de la comunidad decidieron que querían que la predicación y la celebración de los sacramentos fueran mucho más frecuentes. Entonces, decidieron construir una iglesia que al final fue dedicada el 4 de julio del siguiente año por el Arzobispo Christie.
El San Antonio fue el primer coche capilla católico de América y tuvo tanto éxito como instrumento de evangelización, que construyeron otras dos capillas de ferrocarril. Estos coches capillas fueron el recuerdo de una época que llegó a todos nosotros, por el entusiasmo de los antiguos cristianos en compartir la fe.
Hoy compartimos ese mismo entusiasmo y también queremos ser innovadores y creativos en la difusión de nuestra fe en el oeste de Oregón y si miramos más allá, en los años venideros.

Compartir la Fe
“Compartir nuestra fe, conformar nuestro futuro”, es el tema que hemos elegido para la Campaña de la Arquidiócesis, la cual ya ha empezado. El reto hoy es el de apoyar esa misión evangelizadora que se vivía durante la época de los coches capilla; misión que sigue siendo monumental y requiere de toda la creatividad y generosidad, ahora más que nunca.
Es cierto que nuestro futuro depende de los que compartían su fe en el pasado, los sacerdotes jubilados. Sin los sacerdotes no habrá un futuro prometedor para una iglesia sacramental como la nuestra. Entonces, el apoyo en la formación de sacerdotes es muy importante. Sin los sacerdotes, no hay Eucaristía. Sin la Eucaristía, no hay iglesia.
Estoy viajando por la Arquidiócesis este mes, con los miembros de mi personal para compartir información sobre la campaña que tenemos que apoyar. Muchos de nosotros ya hemos hecho nuestra promesa de donación. Se han enviado las cartas con la información sobre la campaña a todas las familias católicas de la Arquidiócesis.
Durante los próximos 16 meses estaremos muy ocupados, mientras que nos comprometemos a este viaje interesante por el oeste de Oregón.
Un viaje que no se hará en un coche capilla, pero que juntos como discípulos en misión, llamados por el Señor a ser sus instrumentos, haremos para difundir la fe y trabajar en nuestro futuro.
Todavía me fascinan los trenes. Quizás esos coches capilla del pasado no podrían atender las necesidades de la Iglesia de hoy, pero nosotros sí podemos. Les pido orar conmigo por el éxito de la campaña y el bienestar de nuestra familia católica aquí en el oeste de Oregón.

Libertad y Justicia
El juramento a la bandera es nuestra promesa de lealtad a los EE.UU. Pero a veces lo repetimos tanto que las palabras empiezan a perder su completo significado.
Cuando decimos “con libertad y justicia para todos” necesitamos tener en cuenta que este “todos” no es tan inclusivo como podríamos llegar a pensarlo.
La justicia es ciertamente una virtud complicada. La justicia reina cuando las relaciones son buenas. Desgraciadamente, las relaciones entre las personas a veces se ponen muy malas. Ahora se ven algunas relaciones como éstas entre algunos ciudadanos de nuestro país y entre los inmigrantes que han venido aquí, especialmente los que no tienen los documentos apropiados.
Algunos piensan que los residentes indocumentados deben ser enviados de regreso a su país. Si fueran criminales o no ofrecieran bienestar a nuestro país, esto podría ser considerado como una manera de arreglar la situación. Pero no podemos decir esto de la mayoría de estas personas. Porque si todos regresaran a su país, la verdad es que tendríamos muchos problemas.
¿Es ilegal que alguien sea residente de este país, sin los documentos apropiados? Sí. Pero nuestra iglesia y otros miembros de esta sociedad democrática tenemos la responsabilidad de trabajar para cambiar los leyes que creemos que violan la dignidad humana, que es una dignidad otorgada por Dios.
La triste realidad es que nuestro sistema de inmigración contribuye a la explotación de los trabajadores migrantes.
También, este sistema contribuye al abuso por parte de los contrabandistas y a la muerte de los que intentan hacer lo imposible por cruzar el desierto para encontrar un trabajo y apoyar sus familias. ¿Por qué todavía hay tantas personas ilegales? Porque la necesidad de trabajadores no cualificados es mucho mayor de lo que permite la ley.
La nueva ley de inmigración de Arizona ha provocado mucha controversia con respecto a este tema. Muchos de los ciudadanos, incluyendo católicos, piensan que cualquier oposición a esta ley significa que los oponentes están satisfechos con el statu quo del sistema.
Pero ni la Iglesia Católica, ni los Obispos comparten esta opinión. Nosotros apoyamos una Reforma Migratoria que reemplazaría la ilegalidad con un sistema basado en la presencia y la entrada legal de quienes emigran a este país.
Los Obispos Católicos de toda la región nos reunimos en Washington, DC para discutir sobre los problemas relacionados con el tema migratorio de las personas que van de una nación a otra. Ellos exigieron la protección, hospitalidad, servicio y justicia para los inmigrantes de todo el hemisferio oeste.
Ellos subrayaron algunos asuntos que necesitan atención a nivel regional: la promoción del desarrollo sostenible de la economía, la violencia y el contrabando de las drogas, el tráfico humano y la protección de los emigrantes, los refugiados y otros grupos vulnerables. También señalaron la importancia de ayudar a los ciudadanos de Haití.
En particular, los Obispos exigieron que el Congreso y el presidente afirmen la tradición de esta nación como nación de inmigrantes. También quieren una reforma de las leyes migratorias en los Estados Unidos, la cual permita que los emigrantes que trabajan y aportan a la economía del país, puedan disfrutar de los beneficios de la protección legal.
Además, los Obispos opinaron que esta reforma quitaría la necesidad de imponer castigos criminales a las personas que entran ilegalmente. La reforma también pondría fin a las deportaciones de miembros de las familias y la separación de las familias.
Una de las preocupaciones de muchos de nuestros compatriotas sobre el tema de la inmigración ilegal es la carga insostenible a los servicios sociales.
Las investigaciones demuestran que los inmigrantes jóvenes sí consumen más de lo que contribuyen. Pero con el paso del tiempo, ellos se convierten en personas que contribuyen en forma significativa a la economía del país y lo hacen al pagar los impuestos y con el consumo de bienes y servicios, además de su trabajo.
Además, los inmigrantes legales no tienen derecho de recibir ni la asistencia social, ni sanitaria durante los primeros cinco años de su residencia, mientras que los indocumentados nunca tienen derecho a tales beneficios. Los inmigrantes indocumentados pagan miles de millones en impuestos sobre la renta cada año y por lo menos unos $7 mil millones en impuestos de seguridad social.

Quejas
Algunas personas se quejan porque las naciones patrias de los inmigrantes no han hecho lo suficiente para solucionar el empobrecimiento de sus ciudadanos.
Los líderes de la Iglesia Católica creen que el desarrollo económico de los países pobres sería la solución más efectiva y ayudaría a largo plazo con la inmigración irregular. Las personas deben tener el derecho de quedarse en sus países de origen y apoyar sus familias con dignidad. Nuestra iglesia cree que la emigración debe ser una cuestión de querer y no de necesitar.
La propuesta de los Obispos Católicos de los Estados Unidos es la de reparar el sistema migratorio, que ayudará a sacar de la sombra a los 11 millones de inmigrantes indocumentados, registrarlos con el gobierno, requerir que paguen una multa y todos los impuestos debidos y requerir que aprendan inglés. Además de que puedan trabajar mientras esperan la oportunidad de ser ciudadanos. Eso no es amnistía, la cual refiere otorgar beneficios sin requisitos.
Para muchos, puede resultar difícil oír este mensaje. Como discípulos de Jesús, escuchamos la llamada del Señor de “recibir con hospitalidad a los extraños”. Cada persona es un hijo de Dios, sin reparar en la etnicidad, origen racial , nacionalidad o religión.

Catholic Sentinel
Nuestro periódico en inglés, el Catholic Sentinel, está cambiando la frecuencia de publicación y, a la vez, mejorando el sitio Web.
En vez de ser un periódico semanal, ahora se va a publicar dos veces al mes. Habrá unas 20.000 copias del periódico disponibles en las parroquias para que los feligreses lo pueda llevar a su casa, gratis, después de la liturgia cada fin de semana.
También habrá una nueva edición en internet. Todavía los interesados se pueden suscribir para recibirlo por correo en casa, pero con el apoyo de los pastores y el personal de cada parroquia, tenemos la esperaza de aumentar los lectores y sobre todo, mejorar la entrega de esta gran publicación para los católicos de Oregón. La nueva página web es www.catholicsentinel.org

Misión San Martín
El último sábado de mayo, el Consejo Pastoral de la Arquidiócesis se reunió en el Centro Pastoral de la Arquidiócesis de Portland.
Cuando estábamos entrando al edificio, me dijeron que se había formado un grupo afuera. Resultó que los manifestantes habían llegado desde la Misión de San Martín en Dayton.
Ellos todavía estaban muy preocupados sobre la posibilidad del cierre de la Misión. Se había dicho en el periódico local que la Misión iba a cerrar muy pronto y que se iba a vender la iglesia.
Después de nuestra reunión hablé con ellos y les aseguré que estábamos haciendo todo lo posible para no tener que cerrar la misión, pero también necesitábamos ayudar con la ampliación de la iglesia madre en McMinnville.
Confieso que he perdido amigos que están en uno y otro lado, pero creo que, con la valiosa ayuda de personas inteligentes, podemos resolver todavía el asunto, de una forma que beneficie a todos. Esa es mi esperanza. Con respecto a este tema quiero agradecer a todos sus oraciones.

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