
La Asamblea Anual de los Obispos realizada en otoño fue la ocasión propicia, para tratar varios asuntos relacionados con la labor de evangelización de la iglesia. Los reportes de los medios, sin ninguna sorpresa, se enfocaron en los esfuerzos continuos de la iglesia, para enfrentar el escándalo horrendo causado por el abuso sexual de niños y la elección de los oficiales de la Conferencia. Yo ví muy pocos reportes relacionados con la propuesta de iniciativa pastoral sobre el matrimonio en todo el país, tema que ha llegado a ser una de las tareas significativas de nuestra Conferencia de Obispos en los recientes años.
Nuestro Comité de la Vida Familiar y el Matrimonio, presentó ante los obispos una recomendación por medio de su Carta Pastoral, que es el punto central de una iniciativa extensa a favor del matrimonio. Durante la reunión, los Obispos habíamos discutido la necesidad de reevaluar nuestras prioridades y reducir el número de documentos que al final nadie lee. Como resultado, la propuesta de la Carta Pastoral se vio descalificada por un momento, pero las cabezas frías al final prevalecieron y cuando empezamos a compartir nuestras preocupaciones acerca del matrimonio y la vida familiar en el mundo de hoy, las perspectivas cambiaron.
El año pasado los Obispos habíamos emitido una declaración acerca del matrimonio y las uniones del mismo sexo. Cuando hicimos esto, no teníamos idea de lo oportuna que sería esta declaración como resultado de la actividad que se presentó posteriormente en las cortes, legislaturas y los medios de comunicación. Nosotros reconocemos que debemos seguir trabajando para estar seguros de que las fuerzas que buscan erosionar la institución del matrimonio no prevalezcan.
Está claro que la mayoría de los americanos entienden y apoyan el matrimonio, como una unión para toda la vida entre un hombre y una mujer. Once estados, incluyendo el nuestro, respaldaron el matrimonio como la unión entre hombre y mujer, por medio de iniciativas que se hicieron evidentes en la votación de las elecciones de noviembre. Pero nosotros sabemos que aunque este ideal cuenta con un gran apoyo, las dificultades aún se evidencian entre las parejas que buscan mantener una relación marital permanente, fiel y familiar.
Cuando analizamos este importante tema, los Obispos estamos conscientes de los desafíos significativos que enfrentan los matrimonios de hoy. Por ejemplo, en los Estados Unidos el índice de matrimonios ha declinado en más de un 40 por ciento en los últimos 30 años. El índice de católicos que se casan por la iglesia ha bajado muy rápido. Los adultos jóvenes están retardando el matrimonio hasta una mayoría de edad o incluso indefinidamente. Las relaciones de cohabitación han venido a ser una especie de preparación al matrimonio o una alternativa para éste. De igual forma, ha disminuido en un 48 por ciento el registro de los matrimonios en los últimos 20 años: de 6.6 matrimonios por cada 1.000 católicos, a 3.5 por cada 1.000.
Los índices de divorcio han sido muy altos en las últimas décadas. ¿Cuáles son sus efectos en los niños, las familias y la sociedad? Entre todos los adultos que han estado casados, 35 por ciento se han divorciado y 18 por ciento se han divorciado varias veces. Entre los “baby-boomers”, 46 por ciento de parejas casadas ya han experimentado el divorcio.
Pero el panorama a pesar de las estadísticas no es tan sombrío. El declive en el número de los matrimonios no es ni inevitable, ni irreversible. De hecho, los índices de divorcio han venido declinando ligeramente en los últimos diez años. La educación matrimonial y la preparación para las parejas comprometidas están recibiendo mayor atención en la iglesia y en la sociedad. Más y más católicos están reconociendo que los matrimonios sanos son la clave de familias fuertes, de una nación fuerte y una iglesia sólida y santa.
Es interesante que más del 80 por ciento de los adultos dicen que tener un buen matrimonio es absolutamente necesario para considerar la vida como exitosa. Fue muy positivo saber que más del 80 por ciento de aquellos que buscaban casarse por la iglesia el año pasado, realmente participaron en el programa de preparación matrimonial.
Los católicos todavía tienden a divorciarse menos que los protestantes en un porcentaje de un 25 por ciento, sobre un 39 por ciento. El ser bien educado, tener un ingreso decente, venir de una familia con valores, ser practicante religioso y casarse después de los 25 años sin haber tenido un hijo antes, son factores que disminuyen las posibilidades de divorcio en un 50 por ciento.
La iniciativa de los Obispos va a ser presentada inicialmente a la comunidad católica, pero también se va a ofrecer como un servicio a la comunidad. Va a ser importante el escuchar a las mismas parejas de casados, si el proyecto quiere llegar a ser práctico y fructífero.
Cualquier cosa que pueda hacerse para renovar, fortalecer y apoyar a los matrimonios, amerita nuestra atención, nuestra oración y nuestro apoyo.
La gente todavía se refugia en sus iglesias y comunidades de fe para buscar ayuda, preparación, crecimiento y apoyo espiritual, además de buscar la sanación de sus parejas. Durante estos días de Adviento a medida que caminamos nuevamente con María y José hacia Belén, nosotros pedimos por su santa compañía de todos los esposos y esposas en estos tiempos de desafío.
María: modelo de discipulado
Cada Adviento, los discípulos del Señor miran a María a medida que se preparan para celebrar el nacimiento de El Salvador. Durante estos días preciosos, nosotros también oramos para que nuestras vidas sean transformadas, como la de María, por la relación con su hijo: Cristo Jesús. También oramos para que cada celebración Eucarística en nuestras iglesias, permita a los participantes seguir a Jesús y servirle en forma generosa y amorosa. Las expectativas alegres de Navidad nuevamente llenan los corazones de esperanza, como sucedió hace 2.000 años en la gentil doncella de Nazaret.
Dos fiestas especiales a principios de diciembre en honor de María nos ayudan a verla con inspiración y fe. La primera el 8 de diciembre, en la fiesta de la Inmaculada Concepción. La segunda el 12 de diciembre, cuando se conmemora la aparición milagrosa de Guadalupe en México, durante los días de la colonia en el siglo XVI. La primera fiesta honra a María como la patrona de los Estados Unidos. La segunda marca su papel como patrona de toda América – norte, centro y sur–. María, la madre del Salvador y primera discípula, camina con nosotros en nuestro viaje de peregrinaje en la fe, durante esta santa temporada que marca el principio del Año Litúrgico.