
Queridos Lectores:
Con la ceniza en la frente, puesta en Miércoles, se inició de nuevo la Cuaresma. Y cuando iniciamos este tiempo de oración, arrepentimiento, evaluación de nuestras acciones, siempre llegamos a cuestionarnos donde estamos en nuestras vidas.
¿Hemos hecho lo correcto?¿Hemos tenido compasión con nuestros hermanos? ¿Nos hemos metido lamano al bolsillo para ayudar a otros? ¿Hemos escuchado a quien necesita ser escuchado? ¿Hemos estado orgullosos de nuestra raza y hemos compartido con otros inmigrantes?
Y podría seguir escribiendo las preguntas, que indudablemente nos sirven para ver dónde estamos y quizás ver si estamos en el mismo lugar del año pasado. ¿Hemos avanzado? ¿Somos mejores hoy? ¿Seguimos en el mismo lugar?
Porque el tiempo de Cuaresma, es como ir al desierto, en la misma figura bíblica que nos muestra la experiencia de Jesús.
Fueron 40 días de reflexión, sufrimiento, evaluación interior y sobre todo, de enfrentar las tentaciones. Hoy nosotros estamos en un mundo que nos pone frente a las tentaciones una y otra vez. Muchas veces no las vemos. Otras veces, las dejamos llegar y caemos y hacemos como si no hubiera pasado nada. Pero en Cuaresma, llega el período de silencio, de evaluación, de reflexión y de sacrificio.
Y claro, en esta época, pensar en hacer un sacrificio, cuando el mundo se nos presenta con mil posibilidades para tenerlo todo, es algo difícil.
A nivel personal, pienso que el concepto de sacrificio debe ser revisado y aplicado en cada caso particular. No se trata solo del ayuno semanal en el que dejamos de comer lo que nos gusta. Esa es una forma de hacerlo, claro está, porque en el ayuno estamos demostrando que somos capaces de dejar a un lado el placer que nos causa cierta comida. Pero ese ayuno, llevado a la práctica de nuestra vida cotidiana, podría ser también aplicado a nuestras relaciones interpersonales.
Si por ejemplo estamos mal con nuestros padres. Pues es hora de acercarnos a ellos y pedir perdón.
Si estamos alejados de uno de nuestros amigos, es hora de acercarnos y crear de nuevo el espacio de la comunicación.
Si como esposa he dejado a un lado, mi propia persona, para dedicarme a la familia. Es hora de detenernos y pensar todo lo que valemos para recobrar ese reconocimiento personal.
Si hay alguien que no valora quienes somos, y seguimos ahí, dejando que esta persona se aproveche, pues es hora de parar y tomar otro camino.
Si por ejemplo, hay alguien que nos necesita y a quien no le hemos prestado atención, también es hora de detenernos en esta carrera de la vida y sentarnos a hablar para compartir. Hay mil maneras que podemos utilizar para hacer de esta Cuaresma un tiempo de conversión que nos acerque a Cristo en la fe.
Por otra parte, como comunidad, sería super importante entrar a la iglesia en la actitud que este tiempo de reflexión exige. Es decir, en silencio, con mucho respeto y recogimiento, para poder escuchar nuestra voz interior.
Por eso quiero citar algo muy importante que está en la edición de Ordenación General del Misal Romano, que habla específicamente del silencio en el templo. Pienso que es muy importante tenerlo en cuenta, porque este es un tiempo para hacer silencio y debemos ser conscientes de la importancia que cobra, tan pronto ingresamos al templo.
Textualmente dice: “La Liturgia de la Palabra debe ser celebrada de tal manera que favorezca la meditación, por eso se debe evitar absolutamente toda forma de apresuramiento que impida el recogimiento. En ella son convenientes algunos espacios de silencio, acomodados a la asamblea reunida, en los cuales con la ayuda de Espíritu Santo, se perciba con el corazón la Palabra de Dios y se prepare la respuesta por la oración. Estos momentos de silencio se pueden guardar oportunamente, por ejemplo antes de que se inicie la misma liturgia de la palabra, después de la primera y la segunda lectura, y terminada la homilía”.
Igualmente, se habla de la reflexión interior: “También como parte de la celebración ha de guardarse en su tiempo silencio sagrado. La naturaleza de este silencio depende del momento en que se observa durante la Misa. Así en el acto penitencial y después de una invitación a orar, los presentes se concentran en sí mismos, al terminarse la lectura o la homilía reflexionan brevemente sobre lo que han oído, después de la comunión alaban a Dios en su corazón y oran”.
Es claro que en silencio se llega a la comunicación interior con Dios. Ojalá que en esta Cuaresma las comunidades hispanas reconozcan la importancia de hacer silencio en el templo, que es un sitio sagrado.