
Queridos Lectores:
En la edición de El Centinela de este mes, el tema es el matrimonio.Y claro, vamos a publicar otras historias acerca de este importante tema, en nuestra próxima edición. Pero para hablar de la importancia de este sacramento, tengo que referirme a la parroquia de Santa María en Monte Angel, donde se llevó a cabo una hermosa ceremonia en la que se casaron varias parejas de hispanos. Sí, así como lo he dicho: varias parejas de hispanos, porque los matrimonios comunitarios no son imposibles. Un ejemplo fue el compromiso de la comunidad en Monte ángel, que se unió para hacer posible este gran día.
Porque no hay que negarlo. Caminar hacia el altar y esperar a la novia de pie y en silencio y luego ver, entrar a la novia, vestida de blanco, con su ramo de flores preciosas, se convierte en el momento más importante de la vida. Sí, es sin duda el momento más importante de la vida, porque es el inicio de un camino que se recorre entre dos, con la bendición de Dios y como uno promete: “hasta que la muerte nos separe”.
Lo interesante y que se observa claramente en la comunidad de inmigrantes mexicanos y que ha llamado la atención, no sólo de los líderes de las parroquias, sino de las autoridades del Consulado Mexicano, como los funcionarios de otras organizaciones, es ver que la mayoría de los mexicanos emigran con su pareja y llegan a vivir a este país sin casarse por diversas razones.
Y éste es un hecho, porque los líderes de varias comunidades alrededor del estado, se han dedicado a analizar de cerca el motivo por el cual esta situación se presenta y es generalizada. El primer signo, es que las parejas asisten a misa y no comulgan porque estar viviendo en unión libre, la cual es pecado mortal dentro la religión católica. Otra de las razones, es que algunas personas se han divorciado y no han obtenido la anulación del matrimonio y entonces si encuentran un compañero inician la convivencia dejando a un lado el papeleo y el proceso de anulación y otros, porque simplemente, deciden que es más fácl iniciar la convivencia que pasar por el proceso de obtener todo lo necesario para casarse por la iglesia, que en este país no es nada fácil.
Hablando con líderes de la comunidad, ellos compartían con El Centinela, que una de las razones es el dinero necesario para casarse y no nos estamos refiriendo a la fiesta, sino a los trámites que se exigen y llegan a costar hasta 300 dólares, además de la exigencia de estar registrados en una parroquia, como algo que es obligatorio.
En este punto, quiero comentar algunas ideas de una charla en la que participé cuando asistí a la Convención de la Asociación de Prensa Católica de los Estados Unidos, donde El Centinela, fue reconocido con varios premios de periodismo este año en el mes de mayo. Durante el evento, se dictaron conferencias como la del padre John Cusick, director del Ministerio de Jóvenes en la Arquidiócesis de Chicago. él habló de la generación olvidada, refiriéndose a los jóvenes entre los 20 y 35 años, que forman parte de nuestra iglesia, pero que realmente no encuentran respuestas a sus preguntas sobre la vida y la fe. Por eso, el dijo que se trata de una “generación olvidada por la iglesia en este tiempo”.
El Padre Cusick tiene muy claro su compromiso con esta generación que es la que está formando las familias del futuro. él dijo que hay un vacío en la iglesia a la hora de guiar a las comunidades de jóvenes, porque cuando se acercan a la iglesia en busca de orientación para casarse, la primera pregunta que escuchan es: ¿En qué parroquia están registrados? Y el mismo sacerdote decía que la primera pregunda debía ser: ¿Ustedes se aman y están dispuestos a compartir ese amor con compromiso?
Retomo las palabras del padre de la Arquidiócesis de Chicago, porque realmente pienso que se trata de eso. El matrimonio es un compromiso con el amor, que se legitima ante los ojos de Dios y como tal, se debe hacer en la iglesia. Pero más allá de hablar de si se está inscrito o no, o de cuánto hay que pagar, se debe llegar al punto de hacer que quienes se aman puedan sellar ese compromiso, sin tanta dificultad.
La magia de esa decisión se pierde cuando surge el papeleo y el interrogatorio. Cuando se presentan los requisitos se da la situación que hace que nuestros jóvenes decidan vivir juntos sin formalizar el compromiso ante los ojos de Dios.
Yo me pregunto: ¿Encontramos las respuestas a nuestras preguntas en nuestra parroquia? Si se habla del matrimonio pareciera que no. Pero sí. Por eso hice referencia al iniciar mi columna, al trabajo maravilloso que realizó el equipo multidisciplinario de la parroquia de Santa Ana en Monte ángel y la iglesia de San Eduardo en Keizer, donde se realizaron los matrimonios colectivos. En nuestra próxima edición hablaremos de la parroquia en Keizer, pero en ésta ilustramos el sacramento del Matrimonio con la historia de Monte ángel y la historia de Victoria y Edgar, porque a través de estas historias el matrimonio cobra sentido, o mejor, se nos recuerda que tiene sentido.
La historia de la iglesia Santa María me gustó muchísimo porque nos muestra el trabajo de un equipo y nos deja ver una comunidad que atiende a sus feligreses y los integra en una familia. Allí el proceso se inició hace más de un año, con un censo en el cual surgieron los casos de parejas en unión libre, con hijos y por muchos años. De esta manera se creó la necesidad de analizar cada caso y empezar a hablar con las parejas en charlas semanales.
Posteriormente, con el apoyo del párroco el padre Philip Waibel, el matrimonio de las doce parejas se hizo realidad. Esto demuestra la intención de una iglesia donde se habla, se planea y sobre todo, se realiza. Con este matrimonio comunitario se ha demostrado que podemos celebrar este importante sacramento.
Quiero mencionar igualmente, que de la misma manera en que se planeó la boda en la iglesia, el grupo que organizó el retiro de un día para las parejas, se preparó muy bien e incluyó expertos en el tema: un doctor y una sicóloga, además de invitar a alguien para hablar de las finanzas. Porque la vida en pareja implica aspectos como la comunicación en pareja, la importancia de construir día a día y hacerlo en equipo, la sexualidad, la salud femenina, el manejo de las finanzas y los roles que hombre y mujer asumen. En fin, podría continuar enumerando todos los aspectos que hay que tener en cuenta. ¿Y para qué? Pues para vivir el matrimonio, que no es otra cosa que una convivencia en la que se escucha al otro y en la que se construye un espacio para vivir el amor.