Edición Impresa: 08/18/2005

El tiempo no existe en el camino del peregrino

“Deja tu tierra, tu parentela, la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te indicaré” …
(Génesis 12, 1)

VILLAFRANCA DEL BIERZO (España)- Con los pies descalzos y en el tobillo un pequeño cascabel, don Ion, un peregrino ensimismado, al entrar a la pequeña población de Villafranca del Bierzo, se dirigió inmediatamente a la iglesia románica de Santiago, visitada por turistas, y todos los peregrinos, por la connotación de fe que tiene en el recorrido hacia Compostela. Al llegar a esta población se está muy cerca de Santiago de Compostela y ya se ha recorrido casi todo el camino.

Ion, no era un peregrino como todos los que se veían en el camino. No. El iba descalzo, con su bordón, con su concha en la mochila y con sus pertenencias cubiertas del polvo del camino. Su piel tostada por el sol y sus ojos perdidos en el horizonte, dejaban ver a alguien que no viajaba por este mundo.

Ion se me pareció a los primeros peregrinos, por la descripción histórica y los relatos de la gente, pues su forma de viajar, sin llevar ni siquiera un par de zapatos o una botella de agua, nos dejaba ver que realmente estaba viviendo esta experiencia como una forma de purgar sus pecados o dejar las penas atrás, si se quiere poner en el contexto de la tradición católica de los primeros peregrinos.

Y si, él entró directamente a la Iglesia de Santiago en Villa Franca del Bierzo. La iglesia donde por un privilegio concedido por el Papa Calixto III (1455-1458), en los años jubilares, los peregrinos que se encontraban en la imposibilidad de continuar su viaje podían llegar hasta este sitio para cruzar la Puerta del Perdón de la iglesia románica, ganando así, las mismas indulgencias que habrían obtenido si hubieran llegado hasta Santiago de Compostela.

Ion entró para orar, pero no para ganar la indulgencia antes de llegar a su destino. Pues al salir de la iglesia se sentó un momento, en el cual aprovechamos para hablar con él acerca de su peregrinación.

“Vengo caminando desde los Pirineos. Me estoy preguntando sobre nuestro origen. Me pregunto sobre el origen del pecado original. No viajo sólo hacia Santiago. Este camino es para mí como un recorrido por la vida. Para mí no existe el tiempo y no existen los días. O intentas enfrentarte a tí mismo o lo dejas atrás como en el camino”, dijo a El Centinela.

Refiriéndose a la Iglesia de Santiago, muy próxima al destino en su recorrido hacia Compostela, reiteró de nuevo la importancia de la Puerta del Perdón. “Lo principal para mí como ser humano es el perdón. Claro, todos los seres humanos lo buscaremos algún día y todos tenemos que pasar un día por esa misma puerta del perdón, pero en nuestras vidas”.

Sin zapatos

Caminando descalzo desde Astorga, Ion dijo: “No siento mis pies. Es que en este recorrido para mí no existen los días”. Y cuando fue interrogado acerca del pequeño cascabel en su tobillo, indicó: “los cascabeles son para mí. Es mi niñez y me gusta que suenen cuando camino para avisar a todas las criaturas que hay inocencia y que tienes que andar. Con el sonido en medio del camino, pienso en mi niñez”.

Ion tiene claro que el perdón es parte de nuestro paso por la vida. Como lo que buscan muchos peregrinos al llegar a Compostela. “No me siento descalzo. Voy por este camino de mi vida buscando el perdón. Yo lo he dado a otros. Además continúo hasta mi destino final, porque quiero llegar para vivir la experiencia del arribo a la ciudad de Santiago y no puedo adelantarme a ese momento”.

Peregrinajes Medievales

Si estudiamos la historia, Ion es un peregrino que nos lleva a pensar cómo eran los peregrinos de la Edad Media. En las escrituras se dice que Dios dijo a Abraham: “Deja” hablando de la palabra del “exilio”, la misma que Jesús utilizó para emplazar al joven rico y la misma que obedecieron los apóstoles, renunciando a su vida pasada para seguirlo a él. En ese momento se convierte la peregrinatio en el símbolo de la vida humana que va de la ciudad terrenal a la ciudad celestial.

Desde entonces al cristiano le gusta definirse como un exiliado, un extrajero (peregrinus) en la tierra, un viajero en marcha hacia la Jerusalén Eterna, el reino de Dios anunciado por Jesús en los Evangelios. Es así como en el siglo III en Oriente en el Siglo IV en occidente, los monjes se ponen a caminar hacia los pasos de Jesucristo y llevan a la práctica esa exhortación al exilio y la pobreza.

Otra de las peregrinaciones que se conoce a través de la historia es la que surge en tiempos de Constantino, el emperador, a partir del siglo IV, conocida como la peregrinatio ad loca sancta: los cristianos se exiliaban temporalmente para acudir a los
Santos Lugares donde vivió y oró Jesús.

Sin embargo cuando surgió el término “invención”, del latín “invenire” que significa “encontrar”, refiriéndose al descubrimiento en el Siglo IX de las reliquias del Apóstol Santiago El Mayor en Galicia, da lugar a que Santiago de Compostela se convierta en los siglos XII y XIII, en uno de los principales centros de peregrinación de la cristiandad. El apogeo que se dio en la Edad Media, se debe a que para los cristianos la práctica del peregrinaje se constituía en el medio perfecto para salvar su alma.

Partir en peregrinación era como formar parte de un espacio sagrado y santificado por el paso del Señor, el recuerdo de algún santo o la presencia de las reliquias. Un espacio donde la gracia divina tenía que manifestarse más que en ningún otro lugar, sobre todo a través de los milagros.

Desde los primeros tiempos, los peregrinos acudían para implorar la intercesión del santo al lugar donde reposaban sus restos de virtudes salvadoras y taumatúrgicas, además de pedir una intercesión espiritual por el perdón de los pecados, la salud del alma o para lograr un socorro milagroso.

A su regreso los peregrinos llevaban consigo objetos que habían estado en contacto con las reliquias: lienzos, fragmentos de piedra o de madera o bien aceite de agua que habían hecho pasar por la piedra sepulcral y que se suponía conservaban los poderes protectores y curativos otorgados por estar cerca de las reliquias del santo.

Hoy a pesar del paso del tiempo, se mantiene la tradición del peregrinaje. Muchos lo hacen por vivir la experiencia espiritual, otros por recordar la historia y ser parte del camino, otros porque tienen curiosidad. Cuando hablamos con los peregrinos, algunos decía que por “experiencia cultural” y otros para “pagar una promesa”.

Lo que es cierto, es que a pesar del tiempo, los peregrinos siguen el “camino” hacia el sitio donde se encuentran las reliquias del apóstol en la catedral de Santiago de Compostela. De allí, salen renovados, portando su bastón bendito, una piedra del camino o simplemente llevando a casa la “concha” que es el símbolo del peregrino.

Hoy, hay peregrinos de muchos tipos. Desde los que viajan en bicicletas sofisticadas, con todo el equipo que requiere mantener su medio de transporte. Otros en motocicleta, con sus equipajes limitados, pero listos para enfrentar el camino. Y los que van a pie o a caballo, éstos últimos muy pocos. Los que van a pie son la inspiración de quienes viajan de otra forma, porque permiten recordar a los peregrinos de la Edad Media y sobre todo, llevan a pensar que el camino hay que recorrerlo a pie. Sí, como lo hizo Ion, en contacto directo con la tierra del camino, con el viento y el sol, sintiendo cansancio y sed. Tal como perdido en el tiempo, sin saber ni el día ni la hora. Sólo con sus pensamientos.

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