Edición Impresa: 08/18/2005

La Bancarrota de la Arquidiócesis y las demandas que vamos a enfrentar

Cuando la Arquidiócesis de Portland se declaró en Bancarrota ante la corte federal el verano pasado, yo expliqué que esta difícil situación nos daba la mejor oportunidad para resolver justamente todas las demandas pendientes, además de que nos ayudaría a manejar una situación financiera difícil y preservar la habilidad de la Arquidiócesis para cumplir con su misión.

De esta manera, a pesar de todos los obstáculos y aumento en los costos, estos objetivos se han logrado razonablemente, gracias a la acción que tomamos en ese momento. Ahora estamos tomando acción, para resolver justamente todas las demandas pendientes, a través de la medida aprobada por la Corte ante las demandas presentadas hasta el 1º de enero de 2005.

Durante varios meses, todo el personal arquidiocesano y los abogados han venido trabajando para evaluar cada una de las demandas. Con la ayuda de mediadores elegidos por la corte, nosotros esperamos negociar una resolución justa y equitativa para cada demanda, dependiendo de los factores y la forma como éstos se puedan manejar. Si nosotros fallamos en resolver las demandas por medio de acuerdos, pueden resultar años y años de juicio. Los demandantes válidos tendrán que esperar a ser pagados hasta que todos los juicios y apelaciones sean concluidos. Tal demora innecesaria es indeseable por ambas partes.

Otras demandas han sido presentadas después del 1º de enero de 2005. Estas también están siendo manejadas de acuerdo con los procedimientos de la bancarrota pero aún no están listas para mediación. Cuando una demanda es presentada en un caso de bancarrota, la ley asume que es válida y que se debe pagar en su totalidad, a menos que el deudor u otra parte interesada la objete. Nosotros estamos en este momento revisando estas demandas, y presentaremos las objeciones cuando sea apropiado. Las demandas restantes serán evaluadas posteriormente y esperamos que sean manejadas tal y como aquellas demandas presentadas antes del 1º de enero.

¿Algunos casos serán hechos válidos después de que concluya el caso de la bancarrota? A juicio de la mayoría de la gente, esto parece posible. Pero nosotros hemos discutido de frente los casos de abuso sexual de menores y hemos hecho todo el esfuerzo para proteger a nuestros niños en la actualidad y en el futuro, además de que la intensa publicidad de los medios acerca de las demandas en contra de la Arquidiócesis (en los últimos cinco años) ha sido tan fuerte, que nosotros creemos que el número de demandas válidas e indemnizables en el futuro será limitado, si es que se presenta.

Parte del plan de reorganización como resultado de la bancarrota, será aprobado por la Corte e incluirá un estimativo de cuantas demandas es posible que se presenten, además de establecer un fondo que estará disponible para pagar las demandas en el futuro, si se llegan a hacer válidas y se aprueban.

El promedio de los acuerdos incurridos por la Arquidiócesis antes de la bancarrota era de cerca de $400.000.00 dólares por caso. Nosotros esperamos que la cantidad promedio de los acuerdos sea significativamente menor por las demandas que van a ser analizadas este mes. Algunas de esas demandas son cuestionables. Yo sé que ustedes quieren que nuestra iglesia solucione las demandas de una forma razonable y justa, para promover la verdadera sanación de todas las víctimas. Además de que se haga pensando en la gente de la Arquidiócesis, cuya fe ha sido puesta a prueba y cuyo nombre ha sido socavado por culpa del escándalo y la forma como ha sido expuesto por los medios de comunicación.

Quiero hacer referencia a dos obstáculos mayores que tuvimos que enfrentar y que fuimos incapaces de superar y nos llevaron a la bancarrota. El primero, fue la falta de voluntad de algunos aseguradores de participar en los acuerdos, cuando era su responsabilidad contractual hacerlo. El segundo, fue la imposibilidad de la Arquidiócesis de prestar fondos para pagar la liquidación por la incertidumbre acerca de la extensión de las obligaciones futuras resultantes de las demandas de abuso de menores.

Una vez que nos declaramos en bancarrota, las aseguradoras, por lo menos, enviaron a sus abogados a participar en el proceso. De esta manera ellos han sido solo participantes reacios y la Arquidiócesis ha presentado demandas contra ellos por no cumplir con sus obligaciones. Una de las aseguradoras ha llegado a un acuerdo con nosotros y estamos esperanzados en que la buena voluntad prevalezca y se logren acuerdos con los otros, ahora que el proceso de la bancarrota está en marcha.

Aun cuando el proceso nos ha parecido un poco lento, nosotros estamos dentro del tiempo establecido por el calendario y las mediaciones están en marcha. Nuestra Arquidiócesis está firme en su posición de que el principal enfoque de este caso, debe ser la solución y el pago de las indemnizaciones sobre las demandas en el juicio civil. La disputa sobre la propiedad de la parroquia y la formulación de un plan de reorganización, se resolverá fácilmente si podemos acordar la mayoría de las demandas de indemnización a través de la mediación.

Se han hecho algunas preguntas sobre el tema del apoyo financiero que nuestra gente ha venido dándole a la iglesia durante el último año, desde que el tema de la bancarrota ha cobrado toda nuestra atención. La Campaña Católica del Arzobispo, la cual empezó en febrero y aun está incompleta ha excedido la meta de los tres millones de dólares.

Muchas de las personas entienden que los fondos de la Campaña se utilizan para los ministerios que se benefician con los mismos. Con respecto a las colectas del ofertorio en las parroquias, pronto se tendrá que entregar el reporte de las actividades del año fiscal 2004-2005. Cuando estos reportes lleguen, vamos a tener una mejor idea de cómo nos ha afectado realmente la bancarrota.

Los honorarios de los abogados han atraído la atención de la corte, porque han sido significativos. Estos hubieran sido mucho menores si los demandantes de las indemnizaciones hubieran aceptado nuestra solicitud de resolver las demandas de indemnización antes de que los esfuerzos estuvieran en marcha para resolver la disputa sobre propiedad de la parroquia. Esto ha requerido mucho tiempo y muchos recursos legales, los cuales han agotado los fondos que habrían estado disponibles para acordar las demandas legítimas.

A pesar de todos estos obstáculos, nuestra comunidad católica del occidente de Oregón continúa llevando a cabo su misión en forma efectiva. Nuestra gente aún continúa participando de la oración en las 124 parroquias que tenemos al servicio de nuestra comunidad. El año pasado fueron bautizados 5.900 infantes, 750 adultos se unieron a nuestra iglesia en Semana Santa, 4.900 niños recibieron la Primera Comunión y 2.780 feligreses se confirmaron. Las escuelas arquidiocesanas y parroquiales, con educación religiosa y programas de ministerio juvenil, continuaron educando espiritualmentea los miles de jóvenes de nuestras parroquias. Todo esto ha sido posible con el fiel apoyo financiero y espiritual que hemos recibido durante estos tiempos difíciles.

Aprecio enormemente, las incalculables expresiones de apoyo piadoso, las cuales han venido dirigiendo mi camino en estos últimos 13 meses. Ahora les imploro orar fervientemente de forma que el proceso de mediación que está frente a nosotros sea exitoso, para que podamos presentar un plan de reorganización aceptable, el cual sea aprobado por el comité de demandantes de indemnización en juicio civil y otros y por la corte lo más pronto posible. Dios proveerá.

Oremos por la fe católica

¿A quien se debe culpar cuando la fe se pierde? Yo encuentro a mucha gente católica culpando a otros. Usualmente a la iglesia, a los sacerdotes o a los maestros por la pérdida de su fe. La correspondencia de los parroquianos alrededor de la Arquidiócesis, siempre incluye mensajes de desesperación acerca de Dios y de la iglesia.

Yo ciertamente quiero ser comprensivo cuando la gente está frustrada con quienes estamos liderando la iglesia o con la enseñanza de la iglesia, pero realmente me pregunto cuántas de estas personas oran y piden por esta situación en sus oraciones diarias. La fe, como el amor, algunas veces trasciende la razón. Las quejas en contra del liderazgo de la iglesia o las enseñanzas de la iglesia, a mi juicio, no son una excusa aceptable ante la pérdida de la fe cuando llegue el día del juicio.
Reflexionemos acerca de esto. ¿A quién se debe culpar cuando la persona pierde su salud? ¿A quién se debe culpar cuando la persona pierde sus amigos? Como adultos, en temas relacionados con nuestro bienestar físico, nosotros tenemos que cuidarnos a nosotros mismos. Yo respetuosamente sugiero que esto se aplica cuando se trata el tema de la fe. Nosotros debemos orar para que no perdamos nuestra fe. Nosotros debemos estar alerta ante los peligros que ponen en peligro nuestra fe, nuestra relación con Dios y con la iglesia.

Para mí es realmente difícil llegar a imaginar cómo la gente fervorosa puede llegar a perder su fe en Dios e incluso en la iglesia, abrumada con tantos problemas. Por otra parte, muchos van a misa los domingos buscando que la iglesia haga algo por nosotros. Una disposición más apropiada de un verdadero discípulo del Señor es asistir a misa el domingo y hacer algo por Dios y por el prójimo.

Cuando las escrituras o la enseñanza de la iglesia indican la necesidad de conversión en nuestro corazón y nuestro estilo de vida, un verdadero discípulo permanece abierto al mensaje, incluso si éste parece difícil de aceptar. Demasiadas personas en estos días caen en la vieja costumbre de quejarse del mensajero cuando el mensaje no les gusta.

El hecho de que muchos católicos se hayan alejado de la práctica de recibir el Sacramento de la Reconciliación es otra señal de la falta de salud espiritual y me parece que debemos tratar de sustentar una fe vibrante. La inhabilidad de reconocer el pecado, buscar el perdón y hacer enmienda, de forma que la verdadera reconciliación pueda ocurrir en forma segura, se convierte en un factor significativo, si hablamos de la forma como se pierde la fe entre los católicos de hoy.

Cambiando la norma pública acerca de los beneficios del matrimonio

Este año el gobernador de nuestro estado y los legisladores dedicaron mucho tiempo y energía a los debates políticos relacionados con los aspectos del matrimonio y las uniones del mismo sexo. El asunto murió en la sesión legislativa que acaba de terminar.

Los Obispos de Oregón, elaboramos una carta en abril sobre el matrimonio, las uniones civiles y los beneficios recíprocos. Lo hicimos porque sentimos que es importante para ustedes y los legisladores, entender la posición de la iglesia sobre las uniones del mismo sexo. Nuestra oposición de ninguna forma disminuye nuestro cuidado y respeto por las personas homosexuales, hijos de Dios, uno y todos.

En marzo de 2004 el Condado de Multnomah empezó a emitir licencias de matrimonio para las parejas del mismo sexo. Esta decisión causó bastante revuelo, y como resultado, el pasado mes de noviembre, los electores pasaron significativamente la Medida 36 la cual se establece en Oregón un límite para el matrimonio sólo entre hombre y mujer. En ese momento, la Corte Suprema de Oregón opinó que el Condado había actuado sin autoridad y las licencias de matrimonio emitidas fueron anuladas.

Mucha gente se confunde cuando se habla sobre homosexualidad. Ellos fallan en hacer la distinción entre inclinaciones homosexuales y actividad homosexual. Las personas con inclinaciones homosexuales deben ser aceptadas con respeto, compasión y sensibilidad. Cualquier actitud injusta de discriminación debe evitarse ya sea en palabras violentas o actos dirigidos contra personas homosexuales. Estos son ofensivos, inmorales y no deben ser tolerados.
Pero el matrimonio no es una unión del mismo sexo. Ni es el matrimonio una institución creada por las comunidades de fe como la nuestra. El matrimonio es una institución humana básica y social. Sí. Está regulada por la iglesia y por el estado, pero ésta no se originó en ninguna de los dos. El matrimonio es de Dios. La creación del hombre y la mujer descrita en el libro del Génesis, tiene la intención de ayudarnos a entender el origen divino de esta institución.

El matrimonio también hace una única e irremplazable contribución al bien común de la sociedad, originario de la procreación y la educación de los niños. El matrimonio es un regalo para los esposos, las familias, las comunidades y la sociedad. Un regalo para ser apreciado y protegido.

El bienestar futuro de la sociedad exige que el matrimonio continúe en beneficio exclusivo de la pareja teniendo un lugar especial en las leyes de la sociedad de los esposos y la procreación y crianza de los niños. El matrimonio es y debe continuar siendo, la institución que es la base de la concepción y crianza de los niños.

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