Edición Impresa: 10/23/2005

Es hora de agradecer las bendiciones de la Eucaristía

El Año de la Eucaristía está por terminar en octubre y en la Catedral Santa María, nosotros concluiremos esta larga jornada, con la misa del domingo 23 de octubre, a las 11 a.m. Yo estoy esperando con ilusión, agradecer a Dios la gracia de la eucaristía en nuestras vidas y todas las bendiciones que hemos recibido durante este tiempo de reto en la vida de la iglesia arquidiocesana.

Fue realmente una bendición que el Año de la Eucaristía coincidiera con el año de gran frustración y preocupación que ha vivido nuestra gente, desde que nos declaramos en bancarrota el mes de julio del año pasado, como resultado infortunado de los litigios extensos que experimentamos debido al abuso sexual de menores, por miembros del clero.

Este ha sido un escándalo terrible que nos ha llenado de mucha vergüenza. También ha sido un tiempo de gran humillación para nuestra iglesia. Hemos sufrido por las víctimas, los culpables y las familias de ambos.Yo le doy gracias a Dios todos los días, de que Jesús nos dio el regalo de la eucaristía, en torno al cual nos podemos reunir como hermanos y hermanas para orar y pedir sanación y reconciliación, como los únicos vehículos efectivos para acabar con este dolor.

He recordado cómo hemos vivido estos meses sumidos en la ansiedad e incertidumbre, por causa de la bancarrota. Muchos de ustedes están preocupados por el impacto que esto tendrá en sus propias parroquias y ministerios. También los empleados de las iglesias están preocupados por sus trabajos. En este proceso, todos dudan. Algunas de las víctimas creen que la iglesia está tratando de evadir el pago de una compensación justa.

Aquellos que me colaboran en dar liderazgo y cuidado pastoral en la Arquidiócesis, con frecuencia son acusados de falta de compasión por las víctimas, incompetencia en el manejo de estos temas y fracaso a la hora de comunicarse con nuestra gente en forma efectiva y honesta.

La iglesia arquidiocesana ha estado enfocándose en los últimos cinco años en compensar a todas las víctimas dentro de nuestras posibilidades y sobre todo, hacer justicia. Esto fue sólo hasta que las compañías de seguros fallaron en brindarnos el apoyo financiero y las instituciones financieras no quisieron facilitarnos los recursos necesarios, por lo que tuvimos que buscar protección en la bancarrota. Esto lo hicimos de forma que pudiéramos continuar con el servicio de nuestra iglesia a través de cada uno de sus ministerios, y al mismo tiempo, poder compensar el mayor número de víctimas posible, sin excluir a nadie.

Es triste decirlo, pero han surgido muchas demandas contra la iglesia. Es importante entender la naturaleza de cada queja, de forma que podamos dar una respuesta apropiada a cada una de las víctimas. No todas las quejas son las mismas y algunas, incluso son cuestionables. La mayoría, sin embargo, han sido realmente dignas de crédito.

En los procedimientos de la bancarrota nosotros hemos venido trabajando en tres aspectos. Primero que todo en cumplir con todas las víctimas y ofrecerles justicia e incluso caridad. Había cerca de 70 demandantes esperando compensación cuando presentamos la bancarrota. Las mediaciones con ellos y con sus abogados han tenido lugar en agosto y septiembre y en muchos casos se ha alcanzado un arreglo acerca de su legítma compensación. Nosotros continuamos trabajando con los restantes, pues nuestra prioridad es hacer justicia.

La corte de la bancarrota le permitió a otra gente presentar las demandas hasta el 29 de abril de este año. Cerca de 200 casos fueron denunciados. Los abogados y el personal los han estado clasificando y haciendo un esfuerzo para determinar lo que cada uno requiere. Algunos son cuestionables y la Corte va a tratar con ellos.

Ustedes han estado preocupados pensando que nosotros estamos simplemente pagándole a los individuos para que se queden callados, pero esta nunca ha sido nuestra intención. No hemos hecho esto. Por el contrario, al presentar la bancarrota se elimina la posibilidad de mantener en silencio la situación y todos los asuntos pasan a formar parte de la actas públicas.

Habrá también la necesidad de otorgar fondos para las reclamaciones futuras que puedan denunciarse. La corte insistió sobre esto y nosotros también acordamos con el comité de los reclamos civiles, la forma de llevar a cabo un procedimiento para tomar una medida acerca de los fondos adecuados que requieren ser reservados para este propósito.

En adición al manejo de la compensación de víctimas, nosotros también hemos tenido que confrontar a las compañías de seguros, quienes a nuestro juicio, nos deben dinero por acuerdos pasados y debieron contribuir con los acuerdo.s bajo las consideraciones de la corte de bancarrota.

Nosotros hemos presentado una demanda contra las compañías de seguros. Estas nos han pedido miles de documentos para determinar la extensión del seguro que acordaron darnos y también la honestidad y transparencia de la iglesia en el manejo de esas demandas en los últimos 70 años. Esta ha sido una tarea que ha tomado mucho tiempo y ha sido dolorosa, pero esperamos que conduzca hacia un proceso justo a favor de los involucrados y sobre todo, quienes pagaron las primas de los seguros a nombre de la iglesia en años anteriores.

Por último, ha surgido la pregunta desconcertante acerca del alcance de los recursos financieros y propiedades de la Arquidiócesis. Nosotros habíamos afirmado que los bienes de la arquidiócesis y sus activos financieros al momento de la bancarrota eran aproximadamente de $19 millones de dólares.

Los abogados de los demandantes dijeron que todo lo que pertenece a las parroquias y a las instituciones de la Arquidiócesis, debía ser incluido en la herencia y estar disponible para los acuerdos. Esto está fuera de las normas relacionadas con la ley de la iglesia. Yo nunca podría liberar estos bienes para ese o algún otro propósito y por eso hemos presentado argumentos importantes ante la corte, la cual llevará a cabo una audiencia sobre este tema a fin de mes.

La Diócesis de Spokane recibió un fallo negativo frente a la corte de bancarrota con la misma afirmación. Nosotros estamos esperanzados en que la corte vea los asuntos de una manera diferente en nuestro caso. Por eso, hemos explicado detalladamente la legitimidad de nuestras declaraciones.

El resultado final, por supuesto, es que debemos elaborar un plan financiero de reorganización, para ser presentado ante la corte a mediados de noviembre, porque nosotros queremos compensar a las víctimas y lo debemos hacer de acuerdo con las leyes de nuestro estado. Para esto, se deben entregar suficientes fondos para satisfacer las demandas sin debilitar ilegalmente el trabajo de nuestras parroquias o entorpecer innecesariamente la misión de la Arquidiócesis.

Con la ayuda de los fondos, de los seguros y préstamos que no se hicieron efectivos antes de la bancarrota y cualquier otro apoyo financiero que podría estar disponible de los amigos de la Arquidiócesis, ya sea como un regalo, donación o préstamo, nosotros pagaremos nuestras deudas y saldremos de la bancarrota.

Mucho trabajo queda por hacer, pero tenemos la esperanza de que eventualmente seamos capaces de llegar al final de este tiempo tan difícil, sin una demora excesiva o el sufrimiento de las personas involucradas en todo este proceso.

Yo les agradezco su apoyo y oración. A medida que nos acercamos al fin del Año de la Eucaristía, por favor oren para que pronto resolvamos estos asuntos y por lo tanto concluyamos este doloroso período de bancarrota con justicia para todos. Que éste sea un paso positivo, para llevar a la sanación y verdadera reconciliación de nuestra iglesia y toda nuestra comunidad católica.

No fomentemos la cultura de la muerte

Durante el último año de su vida, el Papa Juan Pablo II ofreció esta oración a la Virgen María en la fiesta de la Inmaculada Concepción: “Ayúdanos a construir un mundo donde la vida humana es siempre amada y defendida, y todo tipo de violencia desterrada”. Esta oración se ha convertido en el lema del año del “Respeto a la vida”.

El domingo del “Respeto a la vida” se llevó a cabo con participación de la comunidad católica, el pasado 2 de octubre, en toda la nación. El respeto a la vida ha perdido importancia en nuestra vida cotidiana y sobre todo, con nuestros hermanos. Hay un interés desmesurado frente a la aceptación de la eutanasia médica para los discapacitados y moribundos, al igual que el uso de embriones humanos en proyectos de investigación.

En este mes de octubre, los católicos hemos elevado nuestras oraciones para lograr un cambio en las mentes y corazones, de forma que la vida humana ciertamente sea respetada y defendida en todas las situaciones.

Juan Pablo II, nuestro Papa anterior, describió nuestra sociedad actual, como una ‘cultura de la muerte’. A su juicio, esto ha ocurrido debido a nuestra extrema autonomía personal, a la forma de ver que la vida en ciertas circunstancias no es digna de ser vivida y el ansia, por evitar el sufrimiento a cualquier costo. Como resultado de esto, muchas personas han considerado actitudes hostiles hacia la vida sin darse cuenta.

Sin duda alguna, la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso de Roe vs. Wade de 1973, por medio del cual se legalizó el aborto dentro de los 9 meses del embarazo, ha devaluado gravemente el respeto a la vida en esta nación. Nosotros hemos sido testigos de la muerte de más de 40 millones de niños a causa del aborto en los Estados Unidos, desde entonces. Esa decisión jurídica alcanzó un nivel horrendo, cuando posteriormente la corte determinó que el aborto era legal, incluso durante el momento en que el niño está en el proceso de nacer.

“Ember Day” por las víctimas de abuso sexual

El 28 de septiembre se celebró el tradicional “Ember Day” en la Arquidiócesis de Portland. Este día fue dedicado al ayuno y la oración. Por eso, estoy invitándolos a que continúen orando por las víctimas de abuso sexual por parte del clero.
Muchas de estas personas han sido profundamente heridas y sus vidas marcadas, de forma que como ellos mismos lo han dicho no lo pueden entender realmente. Los litigios y la bancarrota han complicado estos asuntos. Nuestra meta principal continúa siendo la de alcanzar la justicia y sanación de todas las víctimas, proteger a nuestros niños, ahora y en el futuro y sobre todo, continuar con nuestra misión evangelizadora.

Oración y ayuno no hacen daño, y seguramente con la gracia de Dios ayudarán inmensamente a la comunidad.
El catecismo puede inspirarnos a hacer real la presencia de Dios

Cuando el Papa Benedicto XVI celebró la misa con la multitud que participó del Día Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania), su homilía se centró en el mensaje catequético que habla sobre los núcleos de nuestra fe católica: la Madre y el Niño de Belén, la Cruz y el Pan eucarístico.

El dejó a la gente joven con una poderosa impresión acerca de la presencia amorosa de Dios entre nosotros. El Papa explicó que en la celebración de la eucaristía no sólo el Pan y el Vino se convierten en el cuerpo de Cristo, pero aquellos que se toman este alimento sacramental están de la misma forma transformándose espiritualmente, en personas santas, como se reconoce desde su nacimiento a la vida eterna el día del Bautismo.

Nosotros sabemos que muchas personas ven la celebración de la eucaristía en términos menos elevados, pues vivimos una época en que la vida se hace más práctica y cómoda y todo se vive rápidamente. Vamos a misa con la disculpa de sentirnos mejor, pero no hacemos las cosas de la misma manera, es decir para mejorar en nuestra vida diaria. Las palabras del Papa nos retan a todos los católicos, en el sentido de tomar conciencia de nuestra verdadera misión, en concordancia con la enseñanza de la iglesia.

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