
Han pasado varias semanas desde que la Corte de Bancarrota dio a conocer su fallo, en el que la propiedad raíz de las parroquias en el occidente de Oregón, le pertenece a la Arquidiócesis de Portland. Esto fue rápidamente asumido por algunos, en el sentido de que estas propiedades están disponibles para arreglar las demandas de las víctimas de abuso sexual en las parroquias católicas del estado. Pero la resolución de estas reclamaciones, no es tan simple como parece.
Desde que la ley cambió en Oregón, en 1999 y muchas de estas reclamaciones empezaron a presentarse, nuestra comunidad católica ha hecho lo mejor que ha podido para responder con integridad, compasión y justicia. Puede ser que no hayamos apreciado la magnitud del problema o nuestra respuesta no haya sido la que muchos esperaban, pero les aseguro que hemos tratado de solucionar cada caso honestamente. También tenemos que aprender y sin duda, hemos aprendido mucho.
Antes de presentar la solicitud de bancarrota en julio de 2004, nuestra iglesia arquidiocesana había exitosamente resuelto más de 100 reclamaciones de víctimas de abuso sexual por parte del clero. Pero los fondos disponibles se fueron disminuyendo y las compañías de seguros, a quienes se les habían pagado las primas a tiempo y en su totalidad por parte de la Arquidiócesis, súbitamente no estuvieron dispuestas a participar en los acuerdos.
Debido a los estatutos liberales sobre limitaciones y las leyes sobre responsabilidad indirecta de Oregón, los bancos y otros amigos no estuvieron dispuestos a prestarnos el dinero que necesitábamos para compensar a las víctimas. Nadie en al Arquidiócesis tiene la autoridad para tomar propiedades de las parroquias o los bienes que nos pertenecen, y destinarlos al pago de las millonarias demandas. En efecto, muchas parroquias no tienen las reservas suficientes para ayudar en el proceso. Aquellos que nos podrían ayudar, estamos seguros de que no lo harán porque tienen otros planes para llevar a cabo su misión evangelizadora.
Algunos han dicho que yo recibí malos consejos legales y que tontamente ví la ventaja de recurrir a la Corte de Bancarrota. Es verdad que este fue el consejo legal, pero el acuerdo del Consejo Financiero Arquidiocesano y de los consultores fue unánime. Enfrentados a dos juicios, nosotros nos dimos cuenta de que los veredictos negativos podían consumir los recursos financieros limitados que estaban disponibles y dejar a por lo menos 70 demandantes con las manos vacías, debido a la disminución de los bienes disponibles de la Arquidiócesis.
¿Y qué pasa con el trabajo de la iglesia? ¿Cómo se podría continuar? El Capítulo 11 de la Bancarrota ha sido establecido por nuestro gobierno, precisamente para ayudar a personas como nosotros que no pueden cumplir con las demandas de los deudores, pero que tienen toda la intención de continuar con sus operaciones y necesitan ayuda. Nosotros necesitábamos sin duda alguna tal ayuda. Y aún la necesitamos.
A pesar de que la pregunta sobre la propiedad es de gran interés para mucha gente, ésta no es la primera preocupación de cualquier intento de sacar a la Arquidiócesis de la Bancarrota y satisfacer todas las reclamaciones que tenemos en nuestras manos. La pregunta importante es el valor total de las demandas. Esto es algo que hemos querido establecer desde un principio. Nosotros estuvimos obviamente desconcertados por la solicitud de juzgar los bienes frente al proceso de la Bancarrota. Además, todo esto se ha complicado por la inhabilidad de la Arquidiócesis de recibir ayuda de las compañías de seguros, a las que nosotros de buena fe, habíamos pagado las primas en el momento en que se presentaron las demandas de abuso sexual.
¿Es este un asunto difícil? ¿Todo esto se ha convertido en el lunar de la iglesia? Sí, sin lugar a dudas en ambos casos. Pero estamos trabajando para salir adelante, pues queremos hacer lo correcto para ayudar a las víctimas, sobre todo y, estamos comprometidos con nuestra misión evangelizadora, la cual nos ha sido confiada por el mismo Jesucristo. Los parroquianos, los niños de las iglesias, los pobres y los necesitados, dependen de nosotros en la prestación de servicios que no son valorados en la cultura secular de hoy. Para nosotros este tema es fundamental y por eso hacemos cualquier esfuerzo para balancear las demandas de las víctimas con las necesidades de la iglesia.
Algunos de ustedes han sugerido que yo debo dilatar el proceso, pero pienso que la prioridad es cumplir con nuestras obligaciones de la iglesia. Quiero pedir el favor de que ustedes estén completamente seguros de que no voy a dilatar nada dentro del proceso. Al igual que ustedes, yo quiero que este asunto se resuelva y así será. Pero siguiendo nuestro sentido común, no llegaremos a solucionar el problema, confiscando los bienes, hecho que va contra la ética, pues se trata de las propiedades de la parroquia, para darle a los demandantes lo que ellos quieren.
Vamos a necesitar mucha paciencia y sobre todo, prudencia, para llegar a solucionar este impase que es sin duda alguna, muy costoso para la iglesia. La Arquidiócesis ha propuesto un plan razonable, el cual compensará a las víctimas tan generosamente como a todos aquellos que han recurrido a nosotros anteriormente. Nosotros tenemos más experiencia y hemos trabajado exitosamente, con los mismos abogados para resolver las demandas. Seguimos trabajando para llegar a un acuerdo justo.
La vida consagrada
Aquí en la Arquidiócesis de Portland hemos sido bendecidos con el testimonio y el servicio de muchas mujeres y hombres que viven una vida consagrada. Ellos han sido socios importantes en nuestra misión evangelizadora, desde los primeros tiempos de esta iglesia local. Su compromiso con la educación católica, el cuidado de la salud, la ayuda a los pobres y necesitados, el ministerio pastoral, entre otras responsabilidades nos lleva a ver el regalo de contar con quienes nos ayudan en nuestra misión.
En Oregón nosotros estamos particularmente agradecidos con el excelente servicio de salud provisto por el Sistema de Salud Providencial localizado en Hood River, Medford, Mount Angel, Newberg, Portland y Seattle. Igualmente los Planes de Salud Providencial brindan un cubrimiento completo para el cuidado de la salud de nuestros ciudadanos.
Compasión en las escuelas católicas
Las iglesias católicas de Oregón continúan siendo parte de la realidad, gracias a su aporte en la formación de nuestras nuevas generaciones. Temas como el carácter, la compasión y los valores, son relevantes y por ese trabajo estamos muy agradecidos. Cada estudiante, maestro y administrador escolar es guiado e influenciado por estos valores, que son vitales en la educación moral de la iglesia católica.
Nuestro ministerio de educación católica se merece todo el compromiso y sacrificio, de la gente buena de nuestra comunidad que trabaja para apoyar esta importante misión evangelizadora.
Muchos de nuestros estudiantes y algunos miembros de la facultad no son católicos, ni serán católicos. Su conversión al catolicismo no es la única meta evangelizadora. Por el contrario, la misión evangelizadora de la iglesia está enfocada en construir el reino de Dios aquí sobre la tierra, llevando los valores del Evangelio a cada hogar, lugar de trabajo y comunidad, de manera que toda la gente aprenda a vivir solidariamente, respetando a todos, especialmente a los pobres.
Sin Dios en nuestra vida, alcanzar estas metas sería imposible. En las escuelas católicas, Dios está claramente en el escenario de la vida. De hecho, su presencia se vive en todo momento, en las clases, en las relaciones, en cada una de las actividades de la escuela, en su ambiente, en fin, en la filosofía educacional del Evangelio. Hoy contamos con casi 8.000 escuelas católicas en los Estados Unidos, de las cuales 52 son de esta Arquidiócesis.
Nuestra vida de fe
El Obispo tiene una gran responsabilidad de incentivar el nacimiento de nuevas vocaciones para el Ministerio de la Ordenación, tanto para el sacerdocio, como para el diaconado o el reclutamiento de candidatos para desempeñar estos oficios de la iglesia. El número de diáconos continúa aumentando, por lo que estoy muy agradecido. Pero el número de nuestros sacerdotes ha venido decayendo desde hace mucho tiempo y ésta es mi principal preocupación, pues es un fenómeno que se está presentando en toda la nación.
El número de seminaristas en esta Arquidiócesis se ha duplicado desde que llegué al arzobispado hace más de 8 años. Eventualmente esto va a ser el resultado de un incremento en el número de sacerdotes que tenemos para desempeñar nuestra labor pastoral. A pesar de esto, no podemos estar muy seguros de que este fenómeno seguirá. En la actualidad, la cultura secular desanima el compromiso, incluso con respecto al matrimonio. El compromiso de la vida casta del celibato parece una falacia en un mundo que vive influenciado por el sexo. En esta coyuntura, el escándalo originado por los casos de abuso sexual de menores por parte del clero, ha empeorado la situación.
Han transcurrido ya 40 años desde que se realizó el Concilio Vaticano II, en 1965. En esa época había más de 59 mil sacerdotes sirviendo a los católicos estadounidenses. El año pasado eran menos de 43 mil haciendo el mismo trabajo, pero la diferencia es que ellos tienen que servir a una población católica que ha aumentado de 45.6 millones a 64.8 millones. Por eso, esta es una gran preocupación para mí, por el hecho de que el número de ordenaciones sacerdotales ha disminuido de 994 a 454, según estadísticas del año pasado.
Sabemos con certeza, que la práctica de la fe se ha disminuido dentro de los católicos. En 1965, el 67% de los católicos adultos de los Estados Unidos dijeron que habían asistido a misa en los últimos siete días. En 2004, sólo el 45%, reconoció lo mismo. Y hoy, sólo el 32% de los católicos asisten a misa una vez a la semana. Cuando la participación en la vida sacramental de la iglesia disminuye, no debería ser sorpresivo que aquellos que reciben el Sacramento de la Ordenación sea también menor.
Al mismo tiempo, el número total de sacerdotes sirviendo alrededor del mundo ha permanecido igual. En 1970 las cifras indicaban que había 420.000 sacerdotes en el mundo. Ahora se cuenta con 405.000 sacerdotes. Esta última cifra ha permanecido igual desde 1975. Algunas veces nos preguntamos por qué el Vaticano vé las cosas de diferente manera, con respecto a lo que se vive en los Estados Unidos. El análisis global de esta fase particular de la vida católica sugiere que hay una perspectiva diferente.
Todos nosotros necesitamos intensificar nuestra conciencia con respecto a la necesidad de contar con más candidados llamados al ministerio de la ordenación y la vida consagrada.