
Queridos Lectores:
Nunca antes, desde que inicié mi trabajo como directora de El Centinela, me había sentido tan orgullosa de ser hispana e inmigrante, hasta el pasado sábado 4 de marzo. Y muchos sabrán a qué me refiero, porque participaron de la marcha en Portland, para rechazar la propuesta de Ley 4437 que busca calificar de “criminales” a los inmigrantes ilegales, en un intento por denigrar la condición de estas personas que vienen a este país en busca de un futuro mejor.
El mes de marzo, fue interesante para mí, pues como periodista pude ver la forma como todas las organizaciones que trabajan en favor de los inmigrantes, se unieron para informar a la comunidad de la situación, además de citar a todos los líderes para que hicieran un llamado generalizado y sobre todo, lograr la participación de los hispanos en esta marcha, que se realizó no sólo en Portland, sino en todo el país.
La respuesta fue muy positiva, y cuando digo que me siento orgullosa de ser hispana e inmigrante, lo hago refiriéndome a la forma como ví la participación de los hispanos en esta marcha. Los ví unidos, caminando y gritando : ¡Sí se puede! Pero sobre todo, en una actitud pacífica. Este último punto lo quiero resaltar, porque la ley no habla de un grupo homogéneo en el sentido de su actitud pacífica y sobre todo, la forma como llegaron allí, para mostrar porqué están en este país: principalmente para trabajar y sacar adelante a sus familias. Sí, las mismas familias que caminaron durante esta marcha.
¿Fue una marcha más? No. En esta ocasión las voces se unieron para gritar por el derecho al trabajo, porque ese es el punto que la ley anti-inmigrante excluye. Y lo hace claramente cuando la ley dice: “Hace que todas las personas indocumentadas sean categorizadas como criminales. Esto autoriza a la policía local y estatal a aplicar leyes de inmigración, además de que niega la legalización a cualquier persona, que haya sido sentenciada como indocumentada, porque ya es un criminal”.
La propuesta de Ley 4437 es una de las más crueles que se han presentado y amenaza directamente a cualquier tipo de inmigrante, que por su condición no tiene la posibilidad de trabajar legalmente en este país, pero que lo ha hecho por años, pagando los impuestos y sobre todo, beneficiando con su mano de obra a este país.
Por eso, unir las voces en un tono de protesta y sobre todo en este momento, es muy importante. El mismo presidente ejecutivo de Pcun, Ramón Ramírez lo dijo: “esta es la ley más peligrosa que se ha presentado ante el Congreso y sobre todo, porque ataca a los inmigrantes que vienen a trabajar con sus familias, denigrando su condición humana a la de un criminal”.
Es por esto, que por medio de esta columna, estoy haciendo una reflexión sobre el impacto directo que esta ley tiene y la forma en que podemos evitar que se apruebe. Es importante como hispanos que somos, permanecer unidos, en paz y sobre todo, bien informados en este momento, en que todas las organizaciones a favor de los inmigrantes han trabajado para proteger el derecho al trabajo y sobre todo, a educar y sacar adelante las familias que han llegado a este país en busca de un futuro mejor.
La marcha en Portland, la cual colmó Pioneer Square, demuestra que la comunidad está preocupada y sobre todo, alerta. Y tenemos que seguir alerta pues, desde el año pasado en hechos aislados se crearon grupos anti-inmigrantes que han hostigado a los hispanos directamente, en diferentes estados, llegando hasta Oregón, donde el pasado mes de noviembre atropellaron verbalmente a las familias que llegaron a tramitar sus papeles en una de las jornadas del Consulado Móvil de México, que llegó hasta Woodburn. En esa ocasión fue claro ver el odio contra los inmigrantes. Como lo decía claramente Ramón Ramírez de Pcun, “esta ley puede desatar una ola de violencia, racismo y xenofobia con graves consecuencias para los hispanos”.
Y la desconfianza y el miedo ya se viven entre los hispanos. Por ejemplo, por ejemplo en la esquina de Burnside a donde llegan cada día los jornaleros en busca de una hora de trabajo. Ellos fueron amenazados el mes de enero con la presencia de los Minutemen y por eso, ya se ha sembrado el temor entre quienes sólo buscan la oportunidad de trabajar para poder comer.
Otro de los puntos que esta propuesta de ley menciona y quiero resaltar en mi columna de este mes, es el impacto que puede llegar a tener contra los inmigrantes católicos. La Ley 4437 plantea: “Crear un sistema de verificación de legitimidad telefónica y de internet que todos los negocios van a tener que utilizar y ordena que también las oficinas de empleo y organizaciones de servicio directo lo utilicen incluyendo las iglesias que dan sus servicios”. Se menciona a las iglesias, a donde acuden los inmigrantes en una comunidad de fe, y sobre todo e busca de pertenecer a una comunidad. Por eso, es importante que leamos los periódicos y que estemos alerta y sobre todo, conozcamos claramente los puntos que esta ley plantea y si se llega a aprobar, hasta dónde puede afectar a los hispanos.
Quiero invitar a mis lectores a leer los artículos de esta edición de El Centinela, empezando por la columna del Arzobispo John Vlazny que se ha unido a los obispos del país, como líder de la iglesia católica, para hacer un llamado a los senadores y sobre todo, evitar que la ley anti-imigrante 4437 se apruebe. El Arzobispo Vlazny como pastor de la iglesia católica, reconoce el valor de los inmigrantes, su mano de obra y su cultura, como un aporte a este país que es próspero, precisamente por la presencia de los inmigrantes, de los hispanos y todos los que hacen de esta iglesia un espacio multicultural.
En su columna el Arzobispo explica su posición y los invito a que la lean. Ademas El Centinela tiene historias de inmigrantes, como la de Gerardo Clemente, quien es enfermero y ha vivido el proceso de adaptarse a una cultura como ésta y sobre todo, salir adelante como un ejemplo de superación.
Yo los invito, también a leer la historia de María, a quien considero mi amiga y quien compartió la forma como ha trabajado en este país, siendo madre de familia, y cómo ha sacado a su familia adelante, limpiando casas y negocios, donde se ha ganado el respeto y el cariño de sus patrones, quienes la ven como una persona honesta, trabajadora y sobre todo, llena de esperanza en el futuro.
María ha cruzado la frontera tres veces, exponiéndose al peligro que esto representa y ahora, que vive aquí, aún sin papeles, tiene nuevas metas como aprender inglés, aprender a manejar su carrito para poder movilizarse fácilmente y cumplir con su trabajo. María es una mexicana, madre de familia, mayor de 50 años, que ha venido a este país a trabajar. Por eso los invito a leer su historia, que es la de miles de mujeres inmigrantes que trabajan en este país para dar de comer a sus hijos. Calificar a María o a Gerardo de“criminales” es un crimen en mi opinión. Por eso, me uno a las voces de los inmigrantes latinos en contra de esta ley.