
En noviembre del año 2000, los obispos americanos emitimos una declaración titulada “Dándole la bienvenida a los extranjeros: Unidad en la Diversidad”. En ese momento nosotros dijimos: “Los Obispos Católicos nos comprometemos a trabajar a nivel nacional, para promover el reconocimiento de los derechos humanos de todos, sin tener en cuenta su categoría con respecto al tema de la inmigración, y avanzar en una legislación justa y equitativa para los refugiados y los posibles inmigrantes”.
Este compromiso actualmente está siendo puesto a prueba como resultado de una legislación pasada en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, la cual, si se convierte en Ley convertiría en criminales a los inmigrantes indocumentados y aquellos que los ayuden.
Nosotros los Obispos de los Estados Unidos, abogamos por un análisis amplio y flexible de los problemas que afrontan los inmigrantes, pero la ley ante la Cámara es sólo una medida de cumplimiento solamente. ésta simplemente no va a arreglar los complejos problemas que se generan dentro del actual sistema de inmigración. Este mes el Senado de los Estados Unidos empezó trabajar con base en las diferentes propuestas de la Reforma a la Inmigración. Tenemos la esperanza de que las discusiones de los senadores mostrarán otras opciones frente a este propuesta de Ley que recibió el apoyo de la Cámara de Representantes.
Mi propósito este mes, al hablar de este tema y llamar su atención es el de animarlos a involucrarse efectivamente en una campaña conjunta de todas las organizaciones, las familias, en fin, todos, para abogar por reformas más efectivas. La voces de la gente buena necesitan ser escuchadas, si nosotros hemos de alcanzar una respuesta más humana a los problemas del sistema de inmigración actual que tienen un efecto devastador en los inmigrantes y en la comunidad en general. Pero sin información, muchos de nosotros nos pararamos en los andenes y permitieramos que los estragos prevalecieran.
Mucha gente está frustrada al ver la falta de voluntad política, para replantear el deshecho sistema de inmigración. Muchos norteamericanos creen que nuestras leyes actuales son anticuadas, ineficientes y que necesitan ser mejoradas. La propuesta de cumplimiento a la ley adoptada por la Cámara de Representantes no es la respuesta. En el pasado nuestro gobierno ha incrementado significativamente la cantidad de recursos para el cumplimiento de la ley en las fronteras.
Pero las provisiones de las leyes de nuestra nación no han sido tratadas. Como resultado, hay muchas personas desesperadas que tienen limitada o no tienen forma legal de venir a nuestro país a trabajar o a reunirse con la familia.
¿Qué está errado con esta propuesta de Ley? Primero que todo, está Ley 4437 criminalizaría la presencia de los indocumentados y a quienes ayuden a estas personas, incluyendo aquellos que den ayuda comunitaria, lo cual mucha gente de fe consideraría una responsabilidad cuando se encuentre frente a un hermano o hermana en Cristo que tenga necesidades. La propuesta de ley, igualmente busca la detención de familias y niños, víctimas del tráfico ilegal y otras personas vulnerables. Potencialmente, deportaría las personas buscando asilo en los mismos gobiernos que los han perseguido. Esta ley no va a arreglar el problema o hacer que nuestro país sea más seguro, sino que cambiará el carácter de una nación que históricamente ha sido un horizonte de esperanza, para aquellos sin esperanza.
Si nuestro gobierno ha de desarrollar propuestas apropiadas para la reforma de las leyes de inmigración, ciertos elementos se deben tener en cuenta indiscutiblemente. Yo los animo a que se familiaricen mejor con este importante tema, y se aseguren de que nuestros legisladores particularmente los Senadores Wyden y Smith estén igualmente informados.
La Reforma a las actuales leyes de inmigración deben ser amplias y justas. Las reformas deben tratar los siguientes aspectos: a) Los inmigrantes indocumentados trabajando y viviendo en nuestro país; b) Formas legales de entrar al país a trabajar y la posibilidad de unirse con los miembros de la familia; c) Estrategias de cumplimiento de la Ley que se enfoquen efectivamente y que defiendan la dignidad humana. Nuestra nación debe trabajar con otras naciones, para animar las oportunidades de las personas en sus países de origen, en favor de la dignidad de la persona y que no se vean obligados a emigrar por necesidad.
A los inmigrantes indocumentados en nuestro país se les debe dar la oportunidad de ganarse el derecho a permanecer en los Estados Unidos. Esto debería ser posible si se establecen ciertos criterios, tales como: que no son una amenaza contra la seguridad nacional o lo más importante, no se trata de criminales. Una vez pasen las revisiones de los antecedentes y la seguridad, estas personas deben ser elegibles para ser residentes permanentes o ciudadanos, si así lo desean.
Deberían existir medios legales para que los trabajadores que se necesiten puedan ser admitidos en nuestro país, tanto temporal como permanentemente. Después de todo, hay trabajos disponibles para estas personas, los cuales nuestros propios ciudadanos parecen no desear. Tal programa de visas para trabajadores debería igualmente proteger los salarios y las condiciones de trabajo de nuestros conciudadanos y los trabajadores inmigrantes. Los trabajadores emigrantes deben tener los medios legales apropiados, según los cuales ellos puedan entrar a trabajar de manera segura, ordenada y digna.
El debilitador e inhumano sistema de acumulación de visas de familia, que actualmente mantiene a las familias separadas por años, debe ser eliminado. La vida familiar es siempre la piedra angular de una sociedad fuerte. La unidad familiar debe ser asegurada por nuestras leyes de inmigración.
Finalmente, la seguridad debe ser fortalecida y el cumplimiento de la ley necesita ser restablecido. Esto sólo va a pasar, cuando haya una revisión general y amplia de nuestro sistema de inmigración, el cual cree un camino para el estatus permanente de los inmigrantes y ponga en su lugar la expansión de la disponibilidad de visas para las personas que van a venir en el futuro. El cumplimiento efectivo de la ley requerirá inspecciones inteligentes y procesos de investigación, procedimientos justos, procesamientos eficientes y no al margen, además de estrategias para tomar medidas severas contra los contrabandistas.
Los senadores McCain y Kennedy han presentado el Acto sobre la Seguridad de América y la Inmigración Ordenada de 2005 (S.1033). En opinión de nuestros Obispos Católicos, esta ley debe ser apoyada. Parece que es la mejor propuesta que se ha planteado hasta el momento, porque plasma las reformas que fueron amplias y propuestas por los Obispos Católicos en el año 2000. Yo abogo por su adopción y estoy orando por todos aquellos extranjeros, que están entre nosotros sin la adecuada protección de la ley y el apoyo de nuestros vecinos.
Una carta para nuestros senadores acerca de estas materias sería un maravilloso ejercicio para la Cuaresma, con el fin de preparar el camino de la esperanza de la Semana Santa, entre las familias inmigrantes.
Un llamado a la unidad en Cuaresma
Con la llegada de la Cuaresma el Miércoles de Ceniza, nosotros empezamos nuevamente a escalar la montaña de la Semana Santa. La resurrección de Cristo Jesús, merece toda nuestra atención y la mejor celebración. Es fundamental para la vida de los cristianos, que pasemos estos cuarenta días y cuarenta noches, en una constante preparación para esta gran festividad. El evento en sí mismo es tan único que celebramos las buena nueva durante tres días conocidos como el Triduo Pascual, y nosotros gastamos otros cincuenta días, la estación de la Semana Santa ponderando y exaltando este gran misterio de nuestra fe.
La Cuaresma es el tiempo de rechazar el pecado. Durante estas semanas, cada uno de nosotros debe hacer un esfuerzo para recibir el Sacramento de la Reconciliación. Sí, Dios ya sabe nuestros pecados. Pero el reconocimiento más honesto de nuestra propia naturaleza pecadora es un ejercicio con la intención de mantenernos honestos, no de informar a Dios o a alguien más.
Ascender en el servicio al amor
En julio de este año, la Arquidiócesis de Portland va a cumplir 160 años. Ha sido un privilegio para mi poderles servir como su X Arzobispo, durante un periodo que se acerca a los 8 años. Aun cuando este último año no ha sido fácil, yo he orado porque tengamos muchos años, juntos sirviendo a la misión evangelizadora de la iglesia.
La permanente incertidumbre y ansiedad sobre el litigio pendiente y la bancarrota tiene el potencial de alterar la vida normal de nuestra iglesia en el occidente de Oregón. Por eso, es muy importante que recordemos “el Espíritu que da la vida”, el Espíritu Santo, que es nuestro guía y compañía de nuestra jornada de fe a través de este tiempo de incertidumbre.
“El Espíritu da la Vida” es el tema del llamado que estoy haciendo como su Arzobispo este año.
Yo estoy, sin lugar a dudas ,muy agradecido por su apoyo en el pasado. Pero más que nunca, les ruego su continuo apoyo y si es posible, el aumento de su generosidad este año, que tenemos ante nosotros. Hemos vivido el desánimo debido al prolongado litigio y a la siguiente bancarrota, los cuales resultaron de los pecados de abuso sexual de algunos de nuestros sacerdotes, muchos años atrás.
Pero no seamos ingenuos. Nuestra iglesia no es universalmente amada y respetada. Hay personas a quienes les gustaría vernos mal, con respecto a nuestros servicios caritativos y educativos, al igual que por nuestra pública abogacía en favor de la dignidad de cada ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte. Este no es el tiempo de rendirse. Este es el tiempo de apoyar la misión evangelizadora de la iglesia, con todo nuestro corazón y nuestra alma. Yo prometo aumentar mi donación de la Campaña Anual de la Arquidiócesis este año y les pido a ustedes que hagan lo mismo. Agradezco de antemano su generosidad y apoyo moral a la iglesia católica, que es de todos.