Edición Impresa: 05/18/2006

Las marchas de inmigrantes han mostrado la fuerza del hispano

Queridos lectores:

Nuestra cita mensual es siempre una oportunidad para compartir experiencias y reflexiones.

La mía en esta oportunidad se refiere al tema del “inmigrante”. Y lo escribo entre comillas y en singular, porque el lector que lea mi columna este mes, dirá: “Sí, yo soy inmigrante”. Sin importar si es hombre o mujer, si viene de Latinoamérica o no. Lo importante es reafirmarlo y sobre todo, tener claro que los inmigrantes somos muchos y si no tenemos un documento legal, pues no somos diferentes de los que sí lo tienen, porque si analizamos nuestra realidad, todos, sin distinción, dejamos nuestros países para venir a buscar un futuro en los Estados Unidos.

Y he querido hablar del hecho de ser inmigrante, porque mi edición de este mes, está dedicada a ese tema. La razón, el gran debate de la reforma migratoria que se discute actualmente, y lo que esta reforma implica para los inmigrantes hispanos, quienes en las últimas semanas han protagonizado las marchas por sus derechos en las principales capitales de los Estados Unidos.

Quienes han seguido paso a paso las noticias y no sólo eso, quienes han participado en las marchas que se han realizado en Oregón y el resto del país, saben que el tema de “ser inmigrante” está candente. Y lo está, porque el hecho de no tener un papel que certifique de qué forma se está viviendo y trabajando en este país, lo hace un tema delicado y que es motivo de debate.

Para nosotros los hispanos, el tema es importante porque el aumento de la población hispana en este país ha hecho que seamos la minoría más grande de inmigrantes y no sólo eso, nos ubica en la fuerza laboral más importante dentro de la economía nacional.

Por eso, muchos hispanos han salido a la calle para manifestar su inconformismo ante esta la propuesta Ley H.R. 4437, que busca criminalizar a los inmigrantes y en ciertos casos, implica la deportación o la cárcel por ser considerada la categoría de un crimen.

La medida que plantea el proyecto de ley HR 4437 busca atacar también a las organizaciones que trabajan ayudando a los inmigrantes hispanos y no se puede excluir a la iglesia católica, que es en este país un sitio de encuentro y sobre todo, un sitio a través del cual se sirve a quienes llegan indefensos a tratar de iniciar su vida en este país.

Es interesante detenernos en este aspecto, pues la iglesia, primero que todo, ofrece las celebraciones de fe en el mismo idioma de los hispanos: el español. Igualmente, realiza actividades sociales, como las fiestas multiculturales en las cuales los feligreses se identifican de nuevo con su cultura.También la iglesia ofrece una guía de servicios, como clases de inglés, cuidado de niños, clases para los promotores de salud, capacitación en temas como el liderazgo, en fin, miles de actividades que de alguna manera, organizan a un grupo humano y sobre todo, le dan la mano para salir adelante. En el marco de esta nueva propuesta de ley, ese trabajo de la iglesia, sería penalizado. Este es uno de los puntos álgidos del debate, y por eso en esta emisión estamos publicando algunas de las cartas que se han enviado a Washington por parte de los líderes de nuestra iglesia en Oregón.

De otra parte, el hecho de considerar “criminales” a quienes vienen con ganas de trabajar y vivir mejor su futuro, además de asegurar un futuro para sus hijos, es algo que no reconoce los derechos fundamentales de la persona humana. Esta es otra de las razones, por las que hemos visto a miles de hispanos en las calles, portando la bandera norteamericana y vistiendo una camisa blanca, en busca de un reconocimiento social a la presencia de este grupo que es vital para el país.

El tema nuevamente tiene que ver con ser “inmigrante” que es indiscutiblemente “ser extranjero”. ¿Tener un status legal? Muchos lo tienen y los que no, que son llamados “ilegales” son quienes se encuentran en la mira de esta ley. ¿Y quienes lo tienen, en qué se diferencian de los que no? Hago esta pregunta, porque muchos y si no, todos, están aquí trabajando, pero vamos a ver quiénes trabajan en peores condiciones. Pues los “ilegales”, porque son las víctimas de una falta de reconocimiento laboral, que les permita tener mejores condiciones de vida.

Como lo he comentado en mis columnas. ¿Quién corta el pasto de la casa? ¿Quién lava carros? ¿Quién trabaja en el campo? ¿Por quiénes tenemos vegetales y frutas en la mesa? ¿Quiénes mantienen los edificios de oficinas impecables? ¿Quién cocina en los restaurantes? ¿Quiénes lavan los platos? ¿Quienes limpian las mesas? ¿Quienes recogen la basura?
Y podría seguir enumerando las diversas actividades que ellos realizan, sin decir nada. En silencio, con la cabeza baja y sólo dando las gracias cuando se recibe el pago. Porque esos dólares serán para dar de comer a sus hijos o como en la mayoría de los casos, enviarlo a sus países para sacar adelante a su familia.

Por eso, cuando he visto de cerca a la multitud caminando, vitoreando a la raza hispana y todos unidos diciendo: ¡Sí se puede! lo único que siento es orgullo. Primero, porque se dice en español y en voz alta, pero en ningún momento con un tono de resentimiento. No, por el contrario, se escucha en un tono amable, en un tono alegre y que más que nada suena a fiesta. Porque eso fue lo que se vivió en todo el país el pasado 1o. de mayo: una fiesta, con todas las características de los hispanos. Todos salieron a las calles, con su música, los colores de sus banderas, para unirse una vez más y mostrar que buscamos justicia. Como en esa voz que se escuchó en el recorrido tranquilo de las calles de cada ciudad.

En Portland, y espero que mis lectores, lean El Centinela este mes, las calles se llenaron con cerca de 15 mil hispanos, aunque los periódicos anglos dijeron que fueron sólo 8 mil, cifra que no representa en nada la multitud que colmó palmo a palmo calles como la de Broadway en el centro de la ciudad. Sí, fueron muchos los hispanos que salieron cantando y marchando a la voz del ¡Sí se puede!, porque como la frase lo indica, sí se puede estar aquí, sí se puede buscar un futuro, sí se puede trabajar, sí se puede vivir en comunidad, pero también, sí se puede sobrevivir, sí se puede extrañar a la familia, pero al final, sí se puede esperar una legalidad.

Yo espero que los hispanos que lean esta edición de El Centinela, aprendan a apoyarse unos a otros, como lo pude ver en las marcha de Oregón. Aunque, muchos también saben que hay hispanos arrogantes, que porque han crecido en este país y ya tienen un estatus legal, se han olvidado de que tienen el mismo color de piel y que vinieron por la misma causa de los que ahora luchan por tener un estatus legal: vinieron en busca de un futuro. Esos hispanos, en muchos casos se han olvidado de dónde vienen y ahora critican.

Da tristeza ver, que unos dólares de más entre el bolsillo, un estatus legal representado en una green card y una vida asegurada, ha hecho que nos olvidemos de esa realidad que está ahí y que es la lucha de esos hispanos que sufren, pero que están conscientes de que unidos: ¡Sí se puede!

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