
El cuatro de julio se acaba de celebrar en todo el país. Es el Día de la Independencia y desde antes, todos nos preparamos para celebrar los 230 años de independencia. Aunque estamos en una época difícil, dudo que a cualquiera de nosotros le gustaría cambiar su ciudadanía con algún extranjero. Desde que era niño, he estado muy orgulloso del hecho de poder compartir mi cumpleaños con el primer presidente de este país. Supongo que no es igual que cumplir años el mismo 4 de julio, pero lo sigo considerando un símbolo de patriotismo que llevo con gusto en mi corazón.
Uno de mis compañeros en el seminario, Jay P. Dolan, ha sido profesor de historia en la Universidad de Notre Dame, durante muchos años. Hace unos 20 años exactamente él escribió The American Catholic Experience (La Experiencia Católica Americana), libro en el cual explicó cómo el catolicismo ha influenciado la historia de los Estados Unidos.
Y nada mejor que esta oportunidad en la que acabamos de celebrar la fiesta de independencia, para hablar de esta magnífica obra. En este libro, el autor nos presentó el tema con una pregunta muy interestante, que si lo vemos con detenimiento, sigue surgiendo hoy: ¿cómo podemos ser católicos y norteamericanos?
Supongo que muchas personas nacidas en mi tiempo, y que son parte de mi generación, han tenido poca dificultad a lo largo de los años siendo católicos y al mismo tiempo, norteamericanos. Nosotros no hemos sido los primeros en combinar las dos cosas.
Historia
En la época de las colonias, antes de quese lograra la independencia de este país, Charles Carroll de Carrolton, Maryland, se preocupaba por lograr lo mismo. Aunque él y otros católicos de ese tiempo sobrevivieron medio siglo de prejuicios por ser católicos, Carroll se estableció como patriota y hasta fue elegido al Revolutionary Convention. Se convirtió en miembro del delegado de Maryland al Congreso Continental (Continental Congress) y fue el primer católico en asumir ese puesto a nivel nacional desde y en el ámbito gubernamental.
De la misma forma, fue el único católico que firmó la Declaración de la Independencia (Declaration of Independence). Trece años después, su primo, el padre John Carroll, fue elegido como primer obispo católico de los Estados Unidos, en momentos en que se estableció la Arquidiócesis de Baltimore, Maryland.
A mediados de junio de este año, atendí la asamblea de primavera de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (United States Conference of Catholic Bishops), a la cual me referí en una de mis columnas anteriores.
Los obispos del país, nos reunimos en Los Ángeles, California, ciudad que Carroll y sus primos no se habrían podido imaginar en su tiempo y que hoy es una de las ciudades con mayor diversidad dentro del país. Durante la reunión, nuestro nuevo Nuncio Apostólico, el arzobispo Pietro Sambi, y el Arzobispo Emérito de Washington D.C., el cardenal Theodore McCarrick, hicieron dos presentaciones muy importantes en el marco del evento.
Esta reunión en Los Ángles nos dio a muchos de los participantes, líderes de nuestra iglesia, la oportunidad de conocer al nuevo Nuncio Apostólico. Al Nuncio se le suele conceder el poder de presentarse ante todos los obispos durante el primer día de nuestas reuniones, las cuales se realizan dos veces al año.
El Arzobispo Sambi puso mucho énfasis en la importancia de la evangelización y nos animó a no estar desilusionados, después de los escándalos de abuso sexual que han afectado a la Iglesia en años recientes. Demostró igualmente, que tiene un buen sentido del humor y un gran conocimiento del inglés y de la compatibilidad que tiene nuestra tradición religiosa con la experiencia americana.
De la misma manera, él compartió algunos de sus recuerdos y se centró en el de unas navidades, en las que pasó sirviendo como representate del Vaticano en Indonesia hace varios años. Había decidido celebrar el día con una visita a un pueblo pequeño y quiso encontrar algo para beber y un paquete de cigarrillos, ya que había olvidado traer los suyos. Se quedó sumamente sorprendido cuando encontró cigarillos Marlboro y botellas de Coca-Cola. Pensó, “Creo que los Estados Unidos y la iglesia estadounidense tienen más que traerle al mundo que cigarillos y Coca-Cola”.
Retiro
El cardinal McCarrick, por su parte, también fue invitado a compartir datos sobre el trabajo que ha completado el USCCB, Task Force on Catholic Bishops and Catholic Politicians.
Fue su última presentación ante los obispos del país, antes de retirarse el pasado 22 de junio, día en que dejó su puesto como arzobispo de Washington y lo entregó al Reverendísimo Donald W. Wuerl, obispo de Pittsburgh. El cardenal nos avisó que la polarización y las batallas políticas pueden estar afectando la vida eclesiásticae influyento en la gente católica, incluyendo a los obispos. Nos recordó, igualmente, que no podemos atarnos a un lado u otro: “nuestra obligación es construir la unidad humana, reflejando la realidad de nuestra fe y la diversidad de nuestra comunidad. Enfatizo que nuestra iglesia no debe estar dividida”.
Cada cuatro años, antes de la elecciones nacionales de este país, la Conferencia de Obispos presenta su responsabilidad política en torno al pueblo católico. El documento que se escribe: “Faithful Citizenship”, nos invita a ver nuestras responsabilidades cívicas y políticas a través de la fe y nos anima a traer a nuestras vidas públicas, nuestra moralidad.
Es importante ver que el rol de los católicos que tienen vida pública y se les recuerda que tienen una responsabilidad especial: deben combinar su fe y sus principios morales.
Un llamado
Como miembros de una iglesia, no somos un grupo de interés, sino un grupo fiel que permite que surjan preguntas que tienen como objetivo discutir y apoyar los principios morales y las opciones que tienen los ciudadanos que votan y los candidatos que desean servir a la gente en sus comunidades.
Sí, por lo tanto, estamos llamados por el bautismo y la ciudadanía a ser católicos y Americanos. Uno de nuestros dones más grandes y significativos es el derecho y privilegio que tenemos al poder participar en la vida cívil. Los valores católicos no siempre son “políticamente correctos”, pero como comunidad podemos y debemos contribuir a nuestra sociedad civil.
Por eso estas reflexiones son importantes, sobre todo en el mes en que acabamos de celebrar el Día de la Independencia.
Los católicos de los Estados Unidos pueden estar orgullosos de que, dos siglos después de que se creó este país y su primer diócesis católica, seguimos dedicados a los principios americanos, a la libertad religiosa, a un sentido de servicio público y tenemos aún nuestro sitio, un lugar muy merecido que es parte de nuestra cultura y parte de nuestro país. Dios ha bendecido a este país que es la tierra que adoramos. ¡Feliz cumpleaños, América!
Leyes de Inmigración
A finales de mayo, el Senado pasó SB. 2611, conocida como: La Reforma Migratoria -Comprehensive Immigration Reform Act del 2006.
El Comité de Migraciones y Refugiados de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos (Committee on Migration and Refugees Services) ha trabajado mucho para apoyar un mecanismo justo y que muestre que se comprende realmente la forma de reforma frente al tema migratorio en este país.
Aunque nos hemos enfrentado con poco éxito, SB.2611, sí contiene muchos elementos necesarios para empezar a resolver algunos de los problemas relacionados con la inmigración que existe en este país.
Miembros del Senado y de la Cámara colaborarán para crear una ley que sea firmada por el presidente del país. Esperamos que se vayan cambiando las leyes estrictas que existen en la actualidad y que vaya siendo más fácil que los que no tengan la documentación necesaria para vivir y trabajar en este país, logren adquirirla pronto y de forma que los favorezca.
Esperamos, de la misma manera, que el Congreso mantenga un programa para trabajadores, el cual sea justo y accesible e incluya una opción para que los trabajadores se conviertan en ciudadanos permanentes de este país. También deseamos que las leyes se ajusten para que sea más fácil que se reúnan las familias separadas, debido a las leyes de ciudadanía actuales. Los obispos pedimos a los Representantes que apoyen el enfoque comprensivo del Senado. Somos un país de inmigrantes que debe seguir dándo la bienvenida a nuevos inmigrantes. La Iglesia apoya el derecho de controlar las fronteras, pero recuerda también que los inmigrantes no son criminales. Me preocupa la relación futura con otros países.