Edición Impresa: 10/26/2006

Polémica en torno al tema del muro entre México y Estados Unidos

Queridos Lectores:

Mientras que los medios de comunicación han seguido paso a paso el caso de la familia guatemalteca de Beaverton, la cual tuvo que separarse por la orden de deportación de la madre y dos de sus hijos adolescentes, los medios del país, hablan de las consecuencias de la construcción del muro, que dividirá la frontera entre México y los Estados Unidos.

Los dos temas tienen que ver con el debate migratorio, que cada día cobra más fuerza en el país. El primero, el de la deportación y separación de esta familia, pone sobre la mesa, la realidad a la que miles de familias de inmigrantes hispanos se van a ver abocados, en estos momentos, en los que las autoridades migratorias, tienen en sus manos el futuro de quienes no están legalmente en este país.

El Centinela, publica en esta edición la historia completa de la familia de Luis Díaz, que llevaba viviendo más de 15 años en este país y quien solicitó el asilo político, tanto para él como para su esposa y dos hijos. El proceso difícil a pesar de la ayuda de congresistas y abogados, además de los líderes de organizaciones que luchan por el respeto a los inmigrantes, llegó a su fin, con la última orden de deportación que recibió la familia.

El pasado 10 de octubre, a las 11.59 de la noche, en un avión de la aerolínea Mexicana y escoltados por las autoridades migratorias del aeropuerto en Portland, la esposa Irma y sus dos hijos Luis y Mónica, abandonaron el país, en un hecho que fue registrado por todos los medios de comunicación locales.

El padre, Luis Díaz regresó desolado a su casa, en compañía de su hija mejor, Jenniffer, después de haber hecho todo, para mantener a su familia unida.

El caso, que ha conmovido a la comunidad hispana, a los líderes de la iglesia, no sólo la católica, y a los amigos norteamericanos, es un ejemplo de la dura situación que enfrentan en estos momentos los hispanos ilegales en este país.

Y como esta familia, otras se han visto separadas de un día para otro, por otros motivos. Por ejemplo, las redadas de inmigrantes que se han realizado en todo el país, incluyendo el estado de Oregón y Washington.
Frente a una redada o una orden de deportación no hay nada que hacer. Los hispanos que han participado en las marchas de inmigrantes lo saben y por eso han pedido una legalización y una reforma migratoria justa, en la que se plantee una ley que proteja a estas familias.

Como lo decía este padre de familia de Beaverton, don Luis Díaz; “Yo no quiero ni que mi hijos o mi esposa, sean apresados como criminales y obligados a salir a la fuerza. Por eso, estamos separándonos voluntariamente”. Y eso es lo que hace una familia de gente trabajadora, que sólo ha venido a este país en busca de un futuro y nada más.

Hoy, en las calles de los barrios donde viven los hispanos trabajadores, como en el caso del vecindario en Beaverton, se siente la tristeza y la desolación. Todos los vecinos de la familia Díaz vivieron de cerca lo que fueron estos últimos días en la zozobra, esperando una última notificación que cambiara la partida inevitable. Pero esa notificación no llegó y un padre tuvo que ver partir a su esposa y a sus hijos.

Los vecinos hispanos viven con temor y desconcierto. No saben si mañana les tocará a ellos y no saben, si las autoridades llegarán para pedirles los papeles.

En esta historia, hay un elemento más que vale la pena mencionar y que tiene que ver con el futuro de estos jóvencitos hispanos que no están legales en este país. Ese fue el caso de los dos hijos de don Luis: Mónica y Luis, nacidos en Guatemala, pero que llegaron con su madre, siendo niños para reunirse con su padre. Ellos crecieron en los Estados Unidos, estudiaron en este país, hablan y escriben inglés y tenían su vida hecha en la cultura norteamericana.

En el momento de su partida después de vivir 13 años aquí, la realidad de su futuro es completamente incierta, pues a pesar de ser de Guatemala, no tienen ninguna relación con su país, el cual nunca visitaron, por estar ilegalmente viviendo aquí. La negación del asilo, con la orden de deportación, ha puesto a estos dos jovencitos, ante una realidad incierta. Ante un mundo desconocido, del cual ellos no tienen ningún conocimiento. A sus edades, ellos no leen ni escriben en español. Su idioma predominante es el inglés.

Y como ellos, muchos jóvenes hijos de inmigrantes ilegales, han formado su vida en los Estados Unidos. Y el debate en torno a una reforma migratoria justa, exige tener en cuenta la realidad de familias como ésta o el futuro de jóvenes como los hijos de don Luis Díaz, quien hoy sigue esperando que su caso de asilo sea aceptado para reunirse con su familia.

El problema es que el caso ha sido negado anteriormente y con el viaje de su esposa e hijos a Guatemala es muy difícil pensar en una reunión familiar.

Y mientras en Oregón se viven historias como ésta, en el ámbito nacional las medidas en contra de la ola migratoria, sobre todo desde centroamérica y México se siguen tomando.

El pasado 4 de octubre, el presidente George Bush firmó una ley que asigna los fondos económicos para la construcción de un muro en la frontera con México. Al tiempo, que los grupos anti-inmigrantes siguen manifestándose e insisten en nuevas medidas de vigilancia en la frontera. En ediciones anteriores, El Centinela, publicó una información relacionada con el papel que han jugado los grupos anti-inmigrantes de hispanos, que están en contra de la migración de latinos hacia los Estados Unidos.

De alguna manera, la ley firmada por el presidente, da la razón a estos grupos anti-inmigrantes, como el del Minutemen que se ha hecho presente en varias manifestaciones de Oregón.

El mismo presidente Bush lo dijo: “Si la gente sabe que serán detenidos y deportados por entrar ilegalmente, se reducirán las posibilidades de que entren ilegalmente en primer lugar. Esta legislación nos dará mejores herramientas para hacer cumplir nuestras leyes de inmigración y resguardar nuestra frontera sur”.

Pero si analizamos el contexto en el cual se ha firmado esta ley para construir el muro, vemos que se lleva a cabo en el momento de los comicios legislativos del próximo 7 de noviembre. “La ‘buena ley’, -como la ha calificado Bush-, forma parte de los esfuerzos gubernamentales contra la inmigración ilegal”, tema que ha cobrado gran fuerza en el período electoral.

¿Es posible hablar de esta ley como “buena”? Pienso que no, cuando se leen historias como la de la familia Díaz que ha vivido la deportación, en momentos en que no se puede eludir de ninguna manera la ley. Con el muro, el debate es mayor.

Un rechazo total se ha generado en México, donde el presidente Vicente Fox ha hecho público su rechazo. La ‘ley muro’ ha causado fricciones en las relaciones bilaterales con México, país que ha pedido al presidente Bush que la vete. Sin embargo con la firma, se ha legitimado el inicio de la construcción inevitable de este muro, que se calcula tendrá un costo de 1.200 millones de dólares, destinados a la seguridad fronteriza. Esto hará que el tráfico humano se incremente con casos de hispanos que cruzan día a día arriesgando mucho más sus vidas, mientras que otros tendrán que salir.

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