Edición Impresa: 11/29/2007

Para los católicos el tema migratorio es más que un asunto político

En los últimos meses los ciudadanos de nuestra nación han estado enredados en un debate, que ha sido muy intenso, sobre las normas de inmigración que regirán a nuestro país de ahora en adelante.

Para nosotros, los católicos que vivimos en este país, el tema de la inmigración y los inmigrantes es más que un asunto político.

Para nosotros, éste ha sido un asunto fundamentalmente humano y moral.
Los inmigrantes actualmente vienen a Norteamérica por las mismas razones que tuvieron los inmigrantes en el pasado, es decir cuando mis propios abuelos llegaron a este país en la segunda mitad del siglo XIX.

Ellos vinieron a vivir a los Estados Unidos, porque no pudieron encontrar en sus propios países las condiciones económicas, políticas y sociales necesarias para sostener sus familias, vivir con dignidad y lograr una vida decente. Las mismas razones, por las que miles de inmigrantes siguen llegando.

Cuando mis abuelos llegaron aquí, muchos católicos inmigrantes por tradición, fueron acogidos cariñosamente y recibieron toda la ayuda que necesitaron para adaptarse al estilo de vida de sus parroquias. Que de alguna manera, es el estilo de vida de una comunidad católica inmigrante en este país.

Si vemos la historia, ésta ha sido siempre parte de nuestra tradición católica, es decir, dar la bienvenida a quienes comparten nuestros valores y esperanzas. Las parroquias católicas de hoy todavía llevan a cabo este servicio invaluable y por eso la iglesia es el sitio donde los inmigrantes poco a poco aprenden a vivir y a recrear su fe, sus tradiciones y sus creencias en este país.

Creado, amado y redimido por Dios

Durante el mes de octubre, nosotros los católicos celebramos el más básico y fundamental de todos los derechos humanos: el Derecho a la Vida.

Nosotros hemos orado y esperamos que la comunidad sea consciente de la importancia de defender ese derecho, lo mejor que podamos.

Al principio de este año, en el mes de enero y la fecha exacta el 22, durante la Misa de Vigilia por el Derecho a la Vida en el Santuario Nacional de Nuestra Señora en Washington D.C., el Cardenal William Keeler de Baltimore anotó lo siguiente: “¡Ha habido más abortos en los Estados Unidos en los últimos 33 años, que el número de personas que viven actualmente en las ciudades de New York y Los ángeles! ¡La magnitud de todo esto es asombrosa!”

Si vemos la historia, en el siglo XIX hubo un sólo hecho tan importante que dominó nuestro debate nacional y que llevó a la guerra civil. La esclavitud humana fue el hecho del día y no importaba cuánto apoyo tenía, pues no pudo ser condenada.
En el siglo XX la clasificación, discriminación e incluso, la eliminación de personas por razones étnicas se convirtió en el hecho del debate nacional.

Incluso ahora, nosotros estamos atónitos con el período posterior del Holocausto, una tragedia tan violenta y tan incorrecta que nunca va a poder ser justificada bajo ninguna circunstancia.

En esta época, el hecho que nos lleva a reflexionar es el de la forma como se ha llegado a quitarle la vida a aquellos que son más vulnerables, es decir los niños que no han nacido, pacientes con enfermedades terminales y embriones humanos.
Todo esto es justificado por aquellos que quieren crear un mundo mejor frente al mundo que Dios hizo. Esto es una gran arbitrariedad, pues considero que es la destrucción de la vida humana y desde ningún punto de vista puede ser justificada.
Nadie tiene la libertad de escoger la opción de matar.

El pasado mes de enero de 2006, el Papa Benedicto XVI compartió con nosotros su primera Encíclica: “Dios es Amor”.
Él hizo un llamado a todos los católicos del mundo, para hacer presente el amor de Dios en todos los rincones del mundo. Él nos recordó a nosotros los obispos del mundo, que es nuestra tarea la de “ayudar a crear conciencia en todos los espacios, es decir la vida política y estimular un mayor poder de entendimiento de los auténticos requerimientos de la justicia”.

Pero él también le recordó a los laicos que es su responsabilidad la “organización justa de la sociedad” y el “tomar parte en la vida pública en una forma personal”. Todos nosotros tenemos un papel que jugar en el trabajo de la justicia y ese es el llamado al que estamos convocados los católicos de hoy.

En la actualidad nosotros no estamos bendecidos con leyes y políticas en este país que respeten la vida de cada una de las personas, particularmente aquellos que no tienen voz.

Los niños que no han nacido son eliminados y los embriones humanos son blanco de investigaciones destructivas. Aquellos que tienen impedimentos cognitivos, están discapacitados o están muriendo, descubren que muchos de nuestros conciudadanos consideran el homicidio, ya sea realizado por la misma persona o de cualquier otra manera, como la única solución para sus problemas.

Esta tremenda falta de respeto a la vida en nuestra sociedad civilizada recibió un gran impulso hace 33 años con las decisiones llevadas a cabo, por la Corte Suprema en los casos de Roe vs. Wade y Doe vs. Bolton.

Una y otra vez nosotros en la comunidad católica hemos realizado un llamado de alerta frente a decisiones como ésta que son moralmente negativas e inaceptables y sobre todo, forman parte de la normatividad pública que es mala en ese aspecto.
Nosotros censuramos el derecho legal dado a los seres humanos (la madre y el que lleva a cabo el aborto) de matar otra vida humana, es decir el niño indefenso en el vientre de su madre. Tal licencia ha sido tolerada durante los nueve meses de embarazo, por una razón o por otra.

Gail Quinn ha sido la directora ejecutiva por muchos años, de la Secretaría de la USGCB para las Actividades del Derecho a la Vida. Ella se retiró el 31 de agosto de este año, pero anotó con alguna satisfacción que parece que hay una luz de esperanza al final del túnel.

Ahora, muchos conciudadanos consideran el fallo en el proceso Roe como inexplicable y sin excusa. Más y más personas están adoptando una posición positiva y firme en favor del derecho a la vida, y la forma de proteger ese derecho frente a los vulnerables.

La gente joven realmente está liderando el camino frente a este delicado tema que afecta directamente la sociedad de hoy.
Es la esperanza de Gail Quinn, que la mala moralidad, la mala medicina y la mala normatividad pública entronada por los fallos de Roe y Doe pronto serán sólo un mal recuerdo. Estas son también nuestras oraciones a medida que trabajamos y oramos por el respeto a la vida de toda manifestación humana, sobre todo este mes de octubre.

Elecciones este año

Este es un año de elecciones. ¿Qué se debe hacer? Asegúrense de que nuestros representantes entiendan la importancia de este hecho en nuestra vida.

Cualquiera que sea su afinidad política, por favor déjen escuchar sus voces. Es hora de abogar por la justicia y si en cualquier otro frente tiene poco sentido, toma toda la importancia cuando se habla del derecho fundamental y básico, que muchas veces ignoramos.

Es el Derecho a la Vida y por eso, en el mes de octubre nos detenemos a hacer un llamado para defenderlo. Se trata de un derecho que es ignorado y como comunidad debemos defender.

En temas como éste, nosotros estamos guiados por una verdad fundamental: que cada uno de nosotros, incluso aquellos con quienes estamos totalmente en desacuerdo, es creado, amado y redimido por Dios. Nosotros no tenemos precio ante los ojos de Dios.

Buenas noticias acerca de la Formación Sacerdotal

Para adelantarnos a las noticias del año que llega, la próxima primavera del año 2007, el 9 de junio, para ser exactos, si Dios lo permite nosotros vamos a ordenar a otros tres hombres para el sacerdocio en nuestra Arquidiócesis de Portland.
Los tres candidatos nacieron y crecieron aquí, en el occidente de Oregón. Se trata de Davis Brown, quien viene de Eugene; Jeff Meeusen de Roy y Ron Nelson, de la ciudad de Portland.

Nuestro presbiterio siempre ha sido una mezcla de hijos nativos de Oregón y de quienes quieren serlo como yo.
Otro signo de esperanza es el hecho de que siete de nuestros seminaristas y dos candidatos al pre-seminario son de origen hispano. Nuestros pastores van a estar muy contentos al recibir a estos hombres en los años futuros, como socios en el ministerio pastoral de la población hispana.

Debido al incremento en el número de seminaristas, los años futuros se ven muy prometedores para nuestra iglesia católica.
En adición a los tres hombres que van a ser ordenados el próximo año, otros 19 seminaristas están matriculados en escuelas de teología, lo que nos llena de gran alegría.

Contar con nuevos sacerdotes hispanos es un regalo para nuestra comunidad hispana y por eso invitamos a los lectores de El Centinela a que sigan de cerca, las noticias que les llevaremos en los próximos meses, sobre estos nuevos sacerdotes que llegan para servir a la iglesia en el estado de Oregón. Las vocaciones sacerdotales son importantes y se ha sembrado poco a poco la semilla. Paz y bien para todos.

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