Edición Impresa: 08/16/2007

Hoy el obispo es el agente que lidera la nueva evangelización

El mes pasado el Papa Benedicto XVI publicó una carta apostólica tanto permitiendo, como promoviendo un uso más amplio de los libros litúrgicos que estaban vigentes anteriormente en 1962. Algunas personas están temerosas de que estos documentos quiten autoridad al Concilio Vaticano Segundo, desde que una de sus decisiones esenciales, llamada la reforma litúrgica, parece que se ha puesto en duda.

El Santo Padre dice que tal temor es infundado. Luego del Concilio Vaticano Segundo un movimiento apartado de Roma fue liderado por un prelado francés Arzobispo Marcel Lefebvre. Una de sus iglesias está localizada aquí en nuestra propia Arquidiócesis. La fidelidad al viejo misal se convirtió para este grupo en el sello externo de su identidad. Pero, como uno de los obispos seguidores de Lefebvre anotó poco antes de la publicación de la carta del Papa Benedicto, la razón de la ruptura fue a un nivel más profundo, teológico e incluso político.

Pero los seguidores de Lefebvre no fueron los únicos que permanecieron atados al primer Misal Romano del Papa Juan XXIII. La intervención del Papa en este momento es una petición genuina para restaurar la unidad y el espíritu más grande de generosidad de todos aquellos involucrados en dar paso a quienes ven las cosas en forma diferente.

Las nuevas directrices toman efecto el próximo 14 de septiembre del año en curso. Antes de esta fecha a los sacerdotes se les requería buscar el permiso del obispo local para usar la forma extraordinaria, ésta es el misal del Papa Juan XXIII.

Pero a partir de este momento, cualquier sacerdote de la iglesia latina puede celebrar de forma extraordinaria en una misa sin gente en cualquier momento, excepto durante el Sagrado Triduo. Los pastores decidirán cuando la forma extraordinaria se use públicamente en parroquias donde un grupo estable de la fe dé evidencia de su apego a la forma planteada antes del Concilio.

Infortunadamente, muy pocos de nuestros sacerdotes están preparados de manera adecuada para la celebración de la misa de acuerdo con el Misal Romano de 1962. Esta expresión litúrgica requiere el uso del latín. Muchos de nuestros jóvenes sacerdotes no fueron educados en este hermoso idioma durante su formación sacerdotal, como fuimos educados quienes nos ordenamos en tiempos previos al Concilio.

Nosotros los pastores debemos hacer lo que esté a nuestro alcance para tener en cuenta la súplica del Santo Padre dirigida a la generosidad y unidad en las celebraciones litúrgicas. Pero un reto más grande será el de proveer celebraciones eucarísticas en forma extraordinaria, y seguir creando un espacio de celebración cada domingo en cada parroquia, dado el crecimiento de nuestra población católica.

Sucesores de los Apóstoles en Misión

Durante varios años, los católicos hemos estado describiéndonos como discípulos en misión, concientes de que a través del bautismo todos compartimos la responsabilidad de propagar la Buena Nueva de Cristo Jesús, y construir el reino de Dios aquí en la tierra.

Nosotros los obispos, aquellos que hemos sido llamados a servir como sucesores de los apóstoles, también estamos viviendo juntos una misión.

Durante la reciente asamblea realizada el mes de junio, durante la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos, nuestra conversación se enfocó en “el obispo: un agente de una nueva evangelización”.

El tiempo que estuvimos reunidos se aprovechó muy bien y demostró ser una bendición espiritual y pastoral para todos los asistentes.

En junio nosotros los obispos norteamericanos nos reunimos en la Arquidiócesis de Santa Fe. No había una agenda formal con resoluciones y debates. Estábamos rodeados de representantes de los medios de comunicación y otras organizaciones de la iglesia. Nosotros estábamos solos en un desierto, durante este retiro. Éste fue un tiempo para orar, aprender y crecer juntos en nuestro trabajo como apóstoles en misión.

La formación de la fe se lleva a cabo de diferentes maneras. La liturgia del domingo es probablemente nuestra herramienta más formidable y efectiva en el fortalecimiento de nuestra relación con el Señor y del uno con el otro.

Pero otro momento muy importante en el proceso de la evangelización es la catequesis. Como muchos obispos, yo estoy preocupado porque cada parroquia brinde una presentación sistemática de las verdades de nuestra fe en una forma apropiada para la edad de cada uno.

Yo también invito a que los pastores busquen la forma de involuctrar a toda su comunidad parroquial en la tarea de catequizar de forma que no sólo sea un ministerio para niños, sino que reúna a todos los discípulos en misión del Señor.

Algunos recursos están disponibles para nosotros y mucha de la energía que ponemos en torno a este tema está en el valor de la publicación de “El Catequismo de la Iglesia Católica”, dado a conocer hace algunos años.En esta oportunidad quiero hacer referenica al matrimonio y la vida familiar, como parte de lo que deben ser las preocupaciones de cada pastor. Nosotros vivimos en un tiempo extraño, cuando ambas instituciones parecen ser subestimadas con respecto a la promoción y el mantenimiento de una buena sociedad.

Hay varios puntos para analizar. Por ejemplo muchos padres luchan por solucionar las necesidades de sus hijos. La palabra “familia” es aplicada a una variedad de agrupaciones que tienen sus retos y dificultades. Nosotros incluso vivimos una época en la que es difícil transmitir valores que han sido tradicionales.

La violencia está por todas partes y desafortunadamente plaga nuestras calles y escuelas. Nosotros incluso luchamos con el gobierno, para mostrar la realidad de la separación de las familias debido a la guerra y a las leyes migratorias.

Las vocaciones recibieron especial atención durante nuestra asamblea. Un obispo incluso indicó que nuestro trabajo de apoyar el matrimonio y la vida familiar era probablemente la mejor cosa que podíamos hacer para promover las vocaciones. Muchas personas, incluyendo los arzobispos, están preocupados por la disminución en el número de sacerdotes ordenados y personas consagradas.

Pero nosotros debemos recordar que las vocaciones son actos de Dios, de forma que nuestra oración debe ser para que Dios actúe. Nuestra tarea es la de promover una “cultura de vocaciones” donde la gente joven sea catequizada desde sus primeros días para estar atenta a la “vocación personal”. Esa vocación es la que cada cual recibe como discípulo del Señor. Ésto parece ser particularmente apropiado en programas de catequización para las escuelas intermedias y durante el tiempo de preparación para la Confirmación.

Las personas de fe deben recordar que todos hemos sido hechos a la imagen y semejanza de Dios, por lo tanto compartimos un vínculo común: el regalo de la vida del cual todos somos responsables.

Nosotros nunca debemos apoyar la violencia a favor de cualquier iniciativa antiabortista. Una tarea del obispo es la de promover un cambio de corazones, el cual inevitablemente será un proceso largo, uno que cada generación ha enfrentado y uno que generaciones por venir continuaran enfrentando por el bien común.

La nueva evangelización de la cultura secular ampliamente anunciada por el anterior Papa Juan Pablo II, requiere más que nunca de solidaridad, transparencia y fidelidad, por parte de aquellos que cuidamos de la gente de Dios.

Yo pido por sus oraciones para que nosotros seamos generosos y fieles a la hora de llevar a cabo los deberes sagrados.

Año del Jubileo Paulino

El Santo Padre ha anunciado un año especial de jubileo Paulino, del 28 de junio del 2008 al 29 de junio del 2009 con ocasión del aniversario número 2000 del nacimiento de San Pablo.

Este año de jubileo especial nos va a dar a todos la oportunidad de revisar nuestro propio compromiso con el ecumenismo aquí en la Arquidiócesis, al igual que en nuestras parroquias e instituciones.

A través de los siglos, se dieron serias separaciones en la comunidad cristiana y grandes grupos terminaron separándose de la comunión total con la iglesia católica. Los esfuerzos para restaurar la unidad en la comunidad cristiana son responsabilidad de toda la iglesia, laicado y el clero.

Los católicos de Florence

Cuando la Arquidiócesis de Portland presentó la solicitud de protección del Capítulo 11 ante la corte de la bancarrota en el 2004, los feligreses católicos de la iglesia de Santa María Nuestra Señora de las Dunas en Florence, sufrieron un percance con el resto de nosotros, pero para ellos ésto se convirtió en una prueba de paciencia, perseverancia, y de confianza en el Señor.

Las esperanzas nunca dejaron atrás su deseo de tener una nueva iglesia,y con paciencia y fe se superó la parte económica que en un momento se vio influenciada por el endeudamiento de la Arquidiócesis a causa de la bancarrota.

Gracias sean para Dios, nosotros teníamos el hombre correcto, en el lugar correcto, en el tiempo correcto. El padre Don Guttmann ha sido el pastor de Nuestra Señora de las Dunas y su animada y siempre positiva disposición fue justamente el ingrediente para el liderazgo pastoral en tiempos tan desconcertantes.

Él y sus feligreses nunca perdieron la esperanza. De hecho, más de 100 parroquianos vinieron a la corte de la bancarrota un día a rogar que el proyecto de la construcción pudiera concretarse. La seriedad y, quisiera yo pensar, lo oportuno de sus ruegos, llevó al juez a permitir el inicio de la construcción. Y esto se logró finalmente. El pasado domingo 5 de agosto, la nueva iglesia de Santa María Nuestra Señora de las Dunas fue inaugurada en la fe.

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