Edición Impresa: 11/26/2006

A la vista la agenda de la Conferencia de Obispos de Estados Unidos

Usualmente en esta época del año me estoy preparando para hacer un viaje a la capital de nuestra nación, para participar en la asamblea de otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Pero durante los próximos cinco años se va a dar un cambio del lugar donde se realizará este encuentro.

Nosotros nos reuniremos en esta ocasión en Baltimore. William Cardinal Keeler será nuestro anfitrión y la celebración litúrgica principal de este año, tendrá lugar en un lugar muy especial, pues se trata de la recientemente renovada Catedral de Baltimore.

La agenda de este año es variada. Ésta incluirá la aprobación del plan de reorganización de nuestra Conferencia de Obispos Católicos, además de la aprobación de la revisión del Leccionario para la Misa, en la parte que corresponde a la época de Adviento.

Igualmente, trabajaremos sobre un Directorio de Música litúrgica que puede ser utilizado en las diócesis de los Estados Unidos; trabajaremos en la aprobación de dos documentos de nuestro Comité de Doctrina –una declaración propuesta en recibir el sacramento de la Eucaristía dignamente y otras directrices para atender a personas con inclinación homosexual; y un documento del Comité sobre el Derecho a la Vida ofreciendo una guía pastoral a las enseñanzas de la iglesia, relacionadas con la anticoncepción relacionada con la cultura de la vida.

Nosotros los obispos también elegiremos un nuevo secretario de la Conferencia y varios presidentes de comités.
Durante la reunión, los obispos del occidente tendremos la oportunidad de reunirnos y discutir nuestras preocupaciones, sobre todo a nivel regional y plantear cómo nos sentimos.

La Conferencia de Obispos de los Estados Unidos no es un cuerpo que ejerce como el gobierno. Por el contrario, es una asamblea de la jerarquía de la iglesia católica que facilita nuestros esfuerzos para trabajar juntos, unificar, coordinar, promover y llevar a cabo las actividades católicas en los Estados Unidos.

Nosotros reconocemos que hay asuntos y preocupaciones mucho más grandes y complejas, que están por encima de nosotros y que en algunos momentos no podemos manejar en nuestras Arquidiócesis individualmente. Por lo tanto, colaboramos para organizar y conducir el trabajo religioso, caritativo y de bienestar social, tanto en los Estados Unidos como fuera del país, para proyectar nuestro compromiso y nuestra labor de fe.

Los mismos obispos son los miembros de la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos, pero nosotros estamos trabajando con un completo personal de más de 300 personas, entre laicos, sacerdotes, diáconos y religiosos.

Como la mayoría de las diócesis, la Conferencia de Obispos de los Estados Unidos está tratando de estudiar en estos momentos la posibilidad de disminuir el número de colaboradores, con el fin de minimizar los costos y consolidar algunas de nuestras actividades y los ministerios que han crecido significativamente a través de los años.

Yo he servido como presidente de cinco comités diferentes, entre los que se encuentran: el Comité Vocacional, de Evangelización, Mujeres en la Iglesia y Sociedad, Presidentes y Obispos de las Universidades, y en este momento, el relacionado con las parte económicas de la Santa Sede.

Asamblea Pastoral Arquidiocesana

Otro de los temas que quiero compartir con la comunidad hispana, es el relacionado con la realización de la III Asamblea Pastoral Arquidiocesana, que se llevó a cabo en la Iglesia de San Pío X, en Portland.

Los miembros del Consejo Pastoral Arquidiocesano están completando su tiempo de tres años de servicio y las elecciones se efectuaron con la participación de quienes representan varias de las regiones de la Arquidiócesis en el Consejo Pastoral, para el próximo término de tres años.

Quiero resaltar que el conferencista que marcó la nota en la asamblea de este año fue Alejandro Aguilera-Titus, director asociado de la Secretaría de Asuntos Hispanos de la Conferencia de Obispos Católicos.

Alejandro Aguilera Titus, trabajó aquí en la Arquidiócesis de Portland, como director de nuestra oficina del Ministerio Hispano, por lo cual su participación nos llevó a compartir nuevamente, como lo hicimos en el pasado.
El propósito principal del Consejo Pastoral Arquidiocesano es el de servir como cuerpo consultivo del Arzobispo, en temas relacionados con la planeación pastoral en la Arquidiócesis.

Los consejos pastorales parroquiales, de la misma manera, extienden sus decisiones para ayudar a los pastores. Yo estoy preocupado porque en algunas de nuestras parroquias aún no se han establecido los consejos pastorales. Pero cada año, se reconocido mucho más la importancia de la planeación pastoral y la necesidad de colaborar en la labor de trabajar juntos, para llevar a cabo nuestra misión evangelizadora.

Hace tres años el segundo Consejo Pastoral Arquidiocesano estableció tres prioridades pastorales en la Arquidiócesis de Portland.

La primera, encaminada a la formación en la fe a todo nivel, el trabajo en el ministerio de jóvenes y los jóvenes adultos y el ministerio multicultural.

En el campo de las prioridades, surgió infortunadamente otra prioridad que rápidamente salió a la luz, y la cual ha consumido el trabajo de nuestro personal y también el número de quienes han servido a la Arquidiócesis.

Yo me estoy refiriendo, por supuesto, a las múltiples demandas legales contra la Arquidiócesis de Portland, las cuales son el resultado del escándalo que involucra a la iglesia en el abuso sexual de menores por parte del clero. A causa de esto, nos vimos abocados a pedir la protección del Capítulo 11 en la Corte de la Bancarrota. Las demandas que esta terrible situación ha traído, han consumido mucha energía y sobre todo, el tiempo de quienes estamos en el liderazgo diocesano.

Esto igualmente ha causado la disminución de los gastos para el Ministerio Pastoral y la reducción del personal del Centro Pastoral Arquidiocesano, en cerca de una tercera parte. Como consecuencia, el liderazgo arquidiocesano en la implementación de las prioridades pastorales no ha sido tan poderoso como yo esperaba.

Yo les aseguro, mis queridos lectores, que todos los esfuerzos se están encaminando para manejar con responsabilidad y justicia el reclamo de cada demandante, para determinar exaccamente el costo de esta situación y cómo ha afectado a la Arquidiócesis.

Este costo, es el resultante de todas las demandas e involucra los recursos que se van a utilizar en el pago de las demandas. Hemos replanteado un plan financiero de reorganización que pueda ser aprobado por la corte y por medio del cual nosotros podamos salir de la bancarrota. Algunos de ustedes saben que nosotros hemos estado en mediación por varias semanas acerca de estas materias. Hemos querido mantenerlos a todos informados, pues es importante, que la comunidad católica viva de cerca la situación.

Nuestros amados muertos

Durante los últimos seis años, he servido como Moderador Episcopal de la Conferencia de Cementerios Católicos. Trabajando con las personas encargadas de los cementerios de un lado a otro del mundo de habla inglesa, he vivido una gran experiencia informativa y a la vez inspiradora.

Ellos toman seriamente la responsabilidad del tratamiento de los cuerpos de nuestros amados fallecidos, la cual desempeñan con respeto y caridad. Ellos entienden que el entierro de nuestros muertos es un trabajo corporal, que conlleva misericordia por todos estos discípulos del Señor. Su trabajo está siempre gobernado por una profunda conciencia frente al cuerpo humano, que es templo del Espíritu Santo.

Cada mes de noviembre, nuestros pensamientos y oraciones se dirigen hacia aquellos que han empezado la jornada hacia nuestro Padre del cielo antes que nosotros. Ésta es la época de orar por los difuntos y visitar los cementerios. Este es igualmente un buen tiempo para revisar nuestros propios planes, y si tenemos que hacer arreglos funerarios o entierros.

Cualquier cosa que decidamos debe ser realizada conservando las tradiciones y prácticas litúrgicas de nuestra iglesia. Estas costumbres se han desarrollado con el tiempo para reflejar dos verdades medulares y que están relacionadas con nuestra creencia como católicos: la resurrección del cuerpo y la comunión de los santos.

A prácticar la Ofrenda en la Misa

La costumbre de dar ofrendas con una intención particular y de que ésta sea la principal en las oraciones del sacerdote y la congregación durante la misa, es muy antigua en nuestra comunidad católica.

Algunos de nuestros nuevos sacerdotes y laicos se han quedado estupefactos con esta costumbre. Ellos la describen como “comprando la misa”, pero esto sería sacrílego, por decirlo menos.

La intención de aquel que está haciendo la ofrenda, por supuesto, es la de asociarse, él o ella, con las oraciones del sacerdote en el altar en la búsqueda del cuidado providencial de Dios, dedicada a una persona o una necesidad particular.

Históricamente la remuneración para el sacerdote por la ofrenda de la misa era la forma como el clero recibía apoyo por su mantenimiento. Esto es todavía cierto en muchos países misioneros, pero aquí en los Estados Unidos recibe un salario justo para atender a sus necesidades.

Los invito a dar su ofrenda en la misa, para apoyar nuestra ayuda a quienes lo necesitan y sobre todo, apoyar la labor de nuestra iglesia católica.

La ofrenda es un gesto de generosidad que se ha practicado desde los inicios de nuestra iglesia católica. Es importante, mantener en nuestro presente y en nuestra mente, que el dar nos hace mejores cristiamos y que si damos, así mismo recibimos.

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