
Las elecciones en una nación democrática como la nuestra son siempre un evento importante, algunas veces son la oportunidad bienvenida para lograr un mejor gobierno.
Un día después de estas elecciones nacionales del otoño nosotros oramos en la Catedral Santa María de Portland, por todos aquellos que serán responsables de gobernar a nivel de la nación, los estados y las localidades en los años venideros. La tarea que tienen en sus manos es intimidatoria pero requiere de mucha iniciativa personal e interés de colaborar y comprometerse.
Durante la campaña política los oponentes parecen tan lejos de los hechos que es asombroso cómo ellos pueden ser capaces de llegar juntos a un acuerdo, por medio del cual el bienestar de todos los ciudadanos será una prioridad. Afortunadamente, ellos lo hacen con frecuencia. Pero algunas veces no lo hacen. Esa es la condición humana.
Aquí en el estado de Oregón nosotros necesitamos hacer la tarea antes de votar. El proceso de las iniciativas nos reta a enfrentarnos con nuevas ideas y a tomar decisiones con respecto a si podemos apoyar las iniciativas.
Una de las iniciativas de este año es la Medida 43, la cual pedía la notificación de los padres acerca del aborto en adolescentes y me pareció a mí maravillosa. Hombre, si estaba yo errado. Yo no podía imaginarme que mis conciudadanos pudieran tolerar la conducta de aquellos que se benefician de la industria del aborto, al hacer posible para ellos el aborto de adolescentes sin notificación a los padres.
Pero ellos lo hicieron. Yo estaba bastante triste con el resultado de estos hechos y estuve preocupado todo el día después de las elecciones con el fracaso, que es tan mío personalmente, como de quienes estamos vinculados a la iglesia pues trabajamos para promover el respeto por la vida humana efectivamente aquí en Oregón.
La verdad, dada la perspectiva de lo que pasó, yo no debería estar tan sorprendido. Y hablando acerca de las medidas, en una de nuestras parroquias unas pocas semanas antes de la elección yo recibí palabras severas por parte de un padre de familia, católico y de dos hijas adolescentes. Este hombre claramente resintió la violación a la “libertad” de los menores de buscar el aborto sin el conocimiento de los padres.
Posteriormente, cuando la guía para los votantes llegó, allí había todo tipo de declaraciones de oposición a la Medida 43 por parte de médicos, proveedores de cuidados de salud, educadores y muchos otros, quienes negaron el valor de la notificación a los padres en tan importante hecho.
El periódico principal de Oregón estuvo en contra de la Medida 43. Entonces, con una cierta presunción de “nosotros se lo dijimos”, los editores orgullosamente señalaron el día después a las elecciones en Oregón, diciendo que había un propio camino con respecto al aborto pues no estamos como otros estados donde se requiere de esa ley para notificar a los padres.
Nosotros necesitamos de la presencia y el toque sanador de Emmanuel, ahora y más que nunca en Oregón. No sólo es nuestro estado el que solamente ha legalizado el suicidio ayudado por un doctor o “muerte asistida”, como los proponentes ahora se refieren a esta burda parodia en su intento de “suavizar” el lenguaje, sino que los oregonianos están tomando el camino errado con respecto al bienestar de sus hijos en cuanto al tema del aborto.
Esto es suficiente para hacerlo llorar a usted y rendirse, especialmente si se analizan todos los intentos que se han hecho para cambiar las ideas y los corazones de las personas con respecto al tema del aborto. Cada invitación a considerar la naturaleza de la bestia, en vez de tener en cuenta todas las conversaciones engañosas y equivocadas acerca de la libertad y elección de los derechos de la mujer es negativa. Yo con frecuencia veo automóviles con avisos adhesivos en los parachoques que llevan el mensaje: “Conserve a Portland Rara”. ¡Nosotros hicimos esto el 7 de noviembre!
Pero a pesar de estos reveses, nosotros permanecemos como personas de esperanza. El Adviento es un tiempo de esperanza. Las escrituras nos recuerdan que las personas que hace mucho tiempo vivieron en la oscuridad habían visto una gran luz. Nosotros vivimos en la oscuridad del pecado y del egoísmo, pero pronto la estrella de navidad aparecerá nuevamente en el cielo, para iluminar la noche de nuestros miedos y frustraciones.
¿Cómo podemos permanecer esperanzados ante tal engaño? ¿Cómo podemos traer un final a la muerte cruel de 1.6 millones de niños por el aborto en esta tierra de los libres y en la casa de los valientes? Si nos dejamos en las manos de nuestros propios recursos podemos rendirnos a una situación sin esperanza. Pero lo que necesitamos para encontrar esperanza es el cambio de nuestras ideas y nuestros corazones y este cambio será posible con la ayuda de Dios y no de nosotros.
La esperanza es una virtud teológica al igual que la fe y el amor. El día de Dios va a llegar y será un día en que la dignidad de cada ser humano será respetada y protegida desde la concepción hasta la muerte natural. Esto no pasará gracias a mi esfuerzo. Esto no pasará por usted. Esto pasará gracias a la confianza en Dios.
El Adviento es la época por excelencia para celebrar el regalo de la vida. El Adviento vé el nacimiento de un niño, uno que muchos trataron de impedir.
Pero ellos fallaron pues no contaron con que se tratara de una pareja joven, humilde, viviendo en un pequeño pueblo en una nación atrasada. Era una pareja sin poder. Sin la sabiduría de los mundos de la academia o de los medios de comunicación, incluso sin su propio plan de paternidad y maternidad, pero con gran confianza en el Señor.
La Virgen y el carpintero hicieron el milagro del nacimiento de Cristo.
Este tiempo de Adviento nosotros oramos por persistencia y perseverancia en llevar a cabo lo bueno y lo noble, lo correcto y lo justo, lo sabio y lo razonable. Nosotros oramos por un verdadero cambio de corazones con relación al Evangelio de la vida. Esperamos la buena nueva y estamos comprometidos en proclamar la experiencia de la Palabra como verdaderos discípulos de Cristo Jesús.
Nosotros esperamos con esperanza en nuestros corazones por otra celebración del nacimiento de nuestro Emmanuel, el cual cuya venida ha invitado a la gente de toda edad y lugar, incluyendo 2006 y Oregón, no para seguir un camino sin sentido, sino un camino que nos lleve hacia Dios. La paz de Dios esté con todos ustedes durante estos preciosos días de Adviento.
Una película digna de ver en Navidad
La historia de la Natividad representa la ardua jornada de María y José en el camino de Belén, el embarazo milagroso de la joven virgen de Nazareth y los eventos espectaculares de la primera noche de navidad. La película realmente es un evento religioso, el cual espero que llegue a tocar los corazones de muchas personas esta Navidad y los años por venir.
Un reino de justicia, amor y paz
Hace mucho tiempo, en el año 1925 cuando el Papa Pío XI estableció esta fiesta, era su intención que ésta fuera un antídoto para el creciente ateísmo y secularismo de la época. Con las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II, el enfoque se tornó mucho más dirigido hacia el tema del fin del mundo y el destino final de la raza humana y la venida futura de Cristo, nuestro Rey en la gloria.
Nosotros también honramos a Cristo Rey el Domingo de Ramos. Nosotros conmemoramos su entrada triunfante a Jerusalén antes de que él llegara a su trono y pasara por el dolor de la Cruz.
El contraste entre la conducta de sus amigos y vecinos y entre los eventos del Domingo de Ramos y el Viernes Santo refleja nuestra propia aceptación y el rechazo a Cristo.
Nosotros le damos la bienvenida, semana tras semana en la celebración de la eucaristía del domingo, en la cual reconocemos que él es el Rey, pero durante la semana, con nuestras preocupaciones de poder, prestigio y posesiones, nosotros también lo rechazamos a él casi sin darnos cuenta.
Al principio del tercer milenio de la cristiandad, el esfuerzo por marginalizar las costumbres religiosas en medio de la cultura dominante de estos tiempos, especialmente en la sociedad occidental, representa un reto real para el crecimiento del reino de Cristo.
Nosotros que somos discípulos en misión, juntos, comprometidos como creyentes bautizados y confirmados en la construcción del reino de Dios en la tierra, no podemos ser tan ingenuos para descartar la gran influencia que el mundo secular ejerce en los corazones y la mente de nuestros hermanos y hermanas.
Los pastores y los padres regularmente se quejan conmigo de la ausencia de gente joven en nuestras iglesias. Esto es cierto, pues hay muchos jóvenes entusiastas y comprometidos, que están ansiosos de acoger el discipulado cristiano.
El Papa Juan Pablo II los energizó en las reuniones del Día Mundial de la Juventud. Nosotros mismos tenemos algún éxito cuando las parroquias y los vicariatos de la Arquidiócesis organizan reuniones o retiros de jóvenes o jóvenes adultos.
Pero cuando se trata de la eucaristía compartida los domingos, el número de asistentes disminuye notablemente. Incluso aquellos que atienden nuestras escuelas secundarias católicas, en seguida se excusan de la misa del domingo porque “ya fuimos a la misa en la escuela”.
Una de mis grandes preocupaciones es la calidad de la formación cristiana en nuestras escuelas católicas. Me pregunto, ¿por qué estamos dirigiendo estas escuelas? ¿Quieren los padres enviar a sus hijos a nuestras escuelas porque son católicas o porque son privadas? Francamente, yo no estoy interesado en dirigir un sistema escolar privado, pues prefiero destinar los recursos de la iglesia al fortalecimiento de la educación pública.
Pero estoy profundamente comprometido en proveer la educación católica para nuestros jóvenes, apoyando a los padres de familia para compartir el regalo de su fe católica, tanto en las aulas como en el hogar.
Pero cuando los padres están ausentes de la comunidad eucarística los domingos, siempre surge la pregunta: ¿Qué oportunidades tiene nuestra iglesia de impulsar a estos jóvenes de acoger las enseñanzas y valores de Cristo Rey? Reflexionemos sobre este tema y comprometámonos con la educación de nuestros hijos.