
En los Estados Unidos se ha vuelto una tradición el celebrar la "Semana Nacional del Inmigrante" inmediatamente después de la fiesta de la Epifanía, que se celebra el 7 de enero. El Papa Benedicto XVI ha animado a las naciones del mundo a ratificar los convenios internacionales que apuntan a proteger los derechos de los inmigrantes, los refugiados y sus familias. Su preocupación más importante con respecto al tema, es que todas estas buenas personas estén protegidas de cualquier tipo de “penurias y humillaciones”.
La grave situación de los refugiados es un asunto neurálgico de nuestro país en estos días. Es triste decir que está dividiendo muchas de nuestras comunidades católicas.
La preocupación de regular nuestras fronteras ha provocado una oleada de oposición contra el inmigrante entre nosotros, particularmente aquellos que han cruzado las fronteras ilegalmente en el pasado. Nuestra enseñanza católica social sobre la inmigración, puede de la mejor forma ser articulada en tres principios básicos:
1) La gente tiene el derecho a emigrar para mejorar sus vidas y la de sus familias.
2) Un país tiene el derecho de regular sus fronteras y controlar la inmigración.
3) Un país debe regular sus fronteras con justicia y misericordia.
Es el tercer principio que ubica el tema dentro del contexto con respecto a la realidad migratoria.
Los discípulos de Jesús creen en la igualdad absoluta de todas las personas y están comprometidos con el bien común. Nosotros necesitamos encontrar caminos para equilibrar nuestras necesidades legítimas de seguridadad, con las necesidades humanas básicas de otros.
Es muy importante que todos nosotros recordemos por qué la mayoría de los inmigrantes abandona su tierra natal en busca de mejores condiciones de vida para sus familias.
Muchos están desesperados y la oportunidad de una vida segura y feliz no existe allá en su casa. Estas personas preferirían regresar a sus casas si las circunstancias fueran más favorables y pudieran garantizar el sostenimiento de sus familias.
Los ciudadanos católicos y americanos, estamos llamados a abogar para que las condiciones que han forzado a las personas a dejar sus paíeses de origen sean aliviadas. Igualmente estamos obligados a abogar por la protección de sus derechos mientras ellos están residiendo entre nosotros. Las necesidades de las familias simplemente no pueden ser ignoradas.
La reunificación de la familia debe ser el eje principal de las normas migratorias, con el fin de conservar las familias intactas y evitar períodos largos de separación entre sus miembros.
Los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados que actualmente residen en nuestro país son una preocupación especial para nosotros. Ellos son fácilmente explotados y viven en constante temor.
La situación de los refugiados en todo el mundo es muy preocupante a causa de las guerras, las persecuciones, el hambre, los desastres naturales y otras tragedias humanas que hacen que la gente deje sus casas en busca de una oportunidad para sobrevivir.
En el 2005 más de un millón de refugiados fueron sumados a aquellos que ya estaban en el exilio, aumentando el número de refugiados a más de 2 millones. Más de 8 millones han sido asilados en condiciones desesperantes en campos para refugiados donde han permanecido por más de cinco años. Y para empeorar la situación, la mayoría de estos refugiados están albergados en los países más pobres del mundo.
Aquí en este país hemos sido mucho más severos y hay medidas estrictas para dar la bienvenida a los inmigrantes desde los ataques del 11 de septiembre. La admisión de refugiados a nuestro país bajó de más de 70.000 personas al año a menos de 30.000 por año entre el 2002 y el 2003.
Actualmente la admisión de refugiados totaliza cerca de 50.000 anualmente, pero la abogacía por las leyes contra el terrorismo está actualmente siendo promovida de forma que previene incluso que los refugiados de buena fe entren a nuestro país.
Este es un buen momento para hacer un llamado a un cambio real de corazón en nuestras actitudes, con respecto a los inmigrantes y su realidad entre nosotros.
El tema de la Semana Nacional de la Inmigración de este año es “Dándo la Bienvenida a Cristo en los Inmigrantes”. Un número de nuestras parroquias están ya trabajando activamente para servir las necesidades de los pobres y de las comunidades de inmigrantes. Quizás más comunidades parroquiales deberían considerar que ésto es una parte importante de su ministerio para ayudar a otros.
Las parroquias también necesitan desarrollar “planes para dar la bienvenida”, incluyendo actividades como cenas, visitas a los recién llegados por parte de miembros de la parroquia y las actividades especiales específicamente dirigidas a alcanzar a las comunidades de inmigrantes.
Aquí en la Arquidiócesis de Portland, Caridades Católicas es responsable de nuestra iniciativa de reubicar a los refugiados. Las parroquias estarían trabajando mejor si establecieran una relación con esta oficina y ayudarán en servir a las necesidades de los inmigrantes.
¡Feliz Año Nuevo!
Como yo he reflexionado con ustedes en muchas ocasiones durante el año que acabamos de despedir, éste no ha sido uno de los tiempos más fáciles para nosotros los católicos en el occidente de Oregón.
Pero nosotros reconocemos con agradecimiento que muchos de nosotros ahora vemos una luz al final del túnel. Uno de los grandes regalos del año pasado ha sido la capacidad de recuperación y la lealtad de la buena gente católica en esta Arquidiócesis. Algunas personas se preguntan por qué usted y yo hemos permanecido en la iglesia, dadas todas nuestras dificultades.
Nosotros permanecemos porque nosotros creemos en Cristo Jesús y en sus Buena Nueva. Nosotros amamos la iglesia que él fundó, de todas manera con metidas de pata y todo. Pero la amamos.
Quienes por el contrario han sido profetas de las fatalidades han tenido un momento de apogeo para escribir acerca de la iglesia católica en años recientes. Pero estas profecías vienen de observadores en los medios de comunicación y otra iglesia que no está contenta. Estas profecías no provienen de quienes se sientan en las bancas de la iglesia.
La transformación de nuestra comunidad católica tal como fue prevista por los padres del Concilio Vaticano II es el trabajo de todos con la ayuda del Espíritu Santo.
Todos los católicos reconocemos que Dios continúa trabajando utilizando sus herramientas terrenales en nuestros días. Individuos como usted o como yo supuestamente somos demasiado débiles e insignificantes para hacer la diferencia y lograr un cambio. Pero a medida que visito nuestras parroquias e instituciones a lo largo del occidente de Oregón, yo humilde y agradecidamente reconozco que es la gente sencilla que está al lado de Dios, la que está haciendo la diferencia para el bien de otros y lo hace con seguridad.
El estado del matrimonio hoy en día
Nuestro compromiso para proteger y preservar la institución del matrimonio en la sociedad hoy en día es claro como el cristal. Infortunadamente hay otros en el mundo que no están igualmente comprometidos. Como resultado, el estado de las uniones matrimoniales, no la puedo ver como la mejor que pudiera ser.
Un nuevo estudio muestra seis tendencias en el matrimonio y la vida familiar en las últimas cuatro décadas. Las noticias no son buenas. En cierta forma ésto no es una sorpresa, pero ésto nos recuerda que se necesita hacer mucho trabajo si el matrimonio, como institución, en el futuro va a permanecer como un bastión seguro por el bien común.
La primera tendencia es que los índices de matrimonios han venido declinando en las últimas décadas. Desde 1970 ha habido una disminución de cerca del 50 por ciento en el número anual de matrimonios por cada 1000 mujeres adultas no casadas.
Un número de razones ha contribuido a este declive: la demora en primeros matrimonios, el aumento en la cohabitación y un ligero declive en volverse a casar entre la gente divorciada. Aun más, menos parejas casadas actualmente describen sus matrimonios como “muy felices”. Afortunadamente en los últimos diez años la tendencia se ha movido en una dirección positiva.
La segunda tendencia es que el índice de divorcios aquí en los Estados Unidos se ha casi doblado desde 1960. éste alcanzó su punto más alto al principio de los 80s. La pareja promedio casada por primera vez, tiene una posibilidad del 40 al 50 por ciento de divorcio o separación. Es digno de anotar que los índices de divorcio son mayores para aquellos que se casaron cuando eran adolescentes, es decir quienes no terminaron la secundaria, y al mismo tiempo, se vio entre las personas sin ninguna práctica religiosa.
La cohabitación es también una preocupación. Ésta ha aumentado en un 20 por ciento en los últimos 40 años. Nosotros sabemos que la mayoría de los jóvenes americanos escogen la unión libre, y más de la mitad de todos los primeros matrimonios están precedidos por la cohabitación. Esto es más común entre aquellos que tienen menor nivel educativo y tienen bajos ingresos económicos. Las personas que son menos religiosas, y aquellos que han sido divorciados o han experimentado el divorcio de sus padres, la falta del padre o una gran cantidad de separaciones matrimoniales en época de la infancia integran algunos factores para llegar a la unión libre.
Actualmente, la gente joven piensa que la cohabitación es una buena preparación para el matrimonio. Es triste decirlo, pero los datos disponibles no confirman esta convicción. De hecho estos indican que aquellos que cohabitaron antes del matrimonio pueden tener mayores probabilidades de divorcio más adelante.
Lo que es más, esto coloca a los niños en riesgo, desde que el 40 por ciento de hogares donde se cohabita incluyen niños, y luego de cinco años la mitad de esas parejas terminarán la relación. Por otro lado, las rupturas ocurren solo en un 15 por ciento de parejas casadas.
Otra tendencia es el declive en el número de hijos. Las parejas jóvenes en nuestras ciudades más grandes parece que prefieren criar mascotas en vez de niños. Menos del 33 por ciento de los hogares tienen hijos.