Edición Impresa: 04/19/2007

Un llamado por la vida en medio del dolor de Virginia Tech

Queridos Lectores:

Esta columna no aparece en la edición impresa de El Centinela que ya se encuentra en circulación. Pero antes de cerrar nuestra edición online, decidí escribir unas líneas de reflexión, con motivo de la trágica noticia de la masacre en la Universidad Tecnológica de Virginia.

El hecho en sí, da escalofríos y como ven en esta edición he querido incluir varios artículos relacionados con la noticia. El mensaje del Papa Benedicto XVI en solidaridad con los padres de los estudiantes es el principal. Si ustedes han visto los reportajes sabrán que hay un hispano entre los estudiantes asesinados. Era un joven peruano, de sólo 21 años y que se encontraba, como las otras víctimas, realizando sus sueños y estudiando para ser en el futuro, una persona de bien.
Pero, el infortunio de la mañana del 16 de abril, cobró la vida de estos jóvenes inocentes, y de algunos profesores de la universidad, que murieron tratando de salvar a sus estudiantes.

Este hecho que se ha convertido en el más violento, registrado en un centro educativo en este país y me lleva a reflexionar sobre el dolor de las familias que han perdido a sus seres queridos. La tragedia ha dejado a padres y hermanos, amigos y compañeros de clase, sumidos en el dolor.

Y siguiendo de cerca los diferentes informes especiales de esta semana, he visto la posición de los siquiatras y expertos en salud mental, quienes han dado sus puntos de vista sobre el comportamiento de Cho Seung-Hui quien fue el autor de la masacre. Y se ha llegado a la conclusión de que tenía problemas mentales, pues no se comunicaba con nadie en la universidad y había causado problemas a varias estudiantes.

Su comportamiento extraño, muestra cómo en medio de ese silencio empezó a tejer este macabro hecho. Culpando a otros y con el respaldo de sus propias razones.

Pero mi reflexión va precisamente a este punto y va dirigida a los padres de familia hispanos, que viven tan ocupados en su trabajo o solucionando el día a día, que muchas veces no ven de cerca el comportamiento de sus hijos. Es importante, escuchar atentamente lo que los niños, expresan. Ver sus tareas y estar involucrado en su formación académica. En este caso particular, Cho había escrito dos composiciones cargadas de odio y violencia, que habrían sido perfectas para detectar lo que él estaba planeando. Pero ni sus padres, ni los profesores, hicieron nada al respecto. Aunque varios maestros notaron que eran textos de una persona fuera de sus cabales.

En fin, es hora de conversar con los hijos, y sobre todo escuchar lo que ellos dicen. También es hora de controlar el acceso a los programas de televisión que están cargados de violencia. Es mucho mejor dar un libro con una lectura constructiva, que sentarse frente al televisor a ver una película violenta.

Ojalá que los padres vivan de cerca las experiencias de sus hijos y se relacionen con los profesores, para saber cómo sigue la formación intelectual y si hay algo fuera de lugar, corregirlo y a tiempo. Si este hubiera sido el caso de Cho Seung-Hui, se habría podido evitar esta tragedia.

Que las víctimas descansen en paz y sus padres y familiares, encuentren consuelo en estos momentos de dolor.

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