Edición Impresa: 04/19/2007

El Papa Benedicto XVI es un fiel servidor que trabaja por la verdad

Cuando el Papa Benedicto XVI fue ordenado como obispo en marzo de 1987, él escogió como lema de su carrera episcopal una frase que es importante analizar en estos momentos y fue: “Cooperadores de la verdad”.

Y nada mejor que hablar de este lema, porque el mes de abril que hemos iniciado en la gracia de Dios, es el mes del Papa. El pasado 2 de abril nosotros observamos el segundo aniversario de la muerte de nuestro amado Papa Juan Pablo II.
El lunes 16 de abril el Papa Benedicto XVI celebró su cumpleaños número 80 y el jueves siguiente, el 19 de abril es el segundo aniversario de su elección como sucesor de San Pedro y Obispo de Roma.

Nosotros oramos por ambos hombres en los días venideros, agradecidos de que el Señor ha enviado entre nosotros maravillosos cooperadores de la verdad, maestros fieles de nuestra fe, y verdaderos misioneros con celo y santidad.
El joven de 24 años de edad Joseph Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI, fue ordenado como sacerdote en junio 19 de 1951, día de la fiesta de San Pedro y San Pablo.

Esto parece como si él hubiera sido destinado a vivir en Roma, dotado con la gracia de las órdenes sagradas en una fiesta tan querida por los corazones de la Iglesia de Roma.

Después de muchos años al servicio de su comunidad y como maestro de teología en varias universidades de Alemania, fue nombrado arzobispo de Munich y Freisung por el Papa Pablo VI, en una fecha importante: el 25 de marzo de 1977.
Ese mismo año, se convirtió en cardenal, y un poco más de cuatro años después, el Papa Juan Pablo II lo nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

El Papa Benedicto XVI siempre ha tomado su responsabilidad de ser maestro a lo largo de su vida y su compromiso siempre ha liderado su vida con gran seriedad.

Todo esto adquiere una mayor relevancia al ver su servicio como Sumo Pontífice, durante los últimos dos años. Él ha publicado su primera Encíclica titulada: “Dios es Amor”.

Recientemente publicó su exhortación apostólica posterior al Sínodo sobre la Eucaristía, el Sacramento de la Caridad. Él ha sido célebre por sus sermones que llegan muy de cerca al corazón de los italianos. Sus mensajes y prédicas frecuentes, tanto formales como informales, continúan siendo una fuente de inspiración para aquellos que tienen el privilegio de oírlos o leerlos.

El Papa Benedicto XVI no es el viajero del mundo tal como el Papa Juan Pablo II lo fue en vida, convirtiéndose en el Papa Peregrino ante los ojos del mundo. Pero el Papa Benedicto empezó su ministerio veinte años antes que su predecesor.
Él ha visitado Colonia, Munich, Altotting y Regensburg, Alemania y Turquía. Pronto se va a embarcar en un viaje a Brasil para reunirse con los obispos de América Latina.

En todas estas ocasiones él va como maestro de la fe y como misionero del amor. Verdaderamente el Sumo Pontífice es un dulce servidor del Señor, uno por quien oramos para que sea bendecido con buena salud y larga vida.

Nuestra iglesia es en su corazón una reunión de personas hecha por Dios, guiada por los obispos, quienes son sucesores de los apóstoles y que tiene como cabeza al Obispo de Roma, el Papa.

Algunos feligreses o parroquianos no quieren en estos momentos nada que ver con la “Arquidiócesis”. Pero es importante reiterarles que la “Arquidiócesis” es el epicentro a través del cual el obispo lleva a cabo su ministerio.

Sin el obispo no hay iglesia católica. Sin el obispo de Roma, la iglesia no es capaz de lograr su llamado católico o universal.
En la actualidad, especialmente aquí en el estado de Oregón, hay mucha resistencia ante este tipo de instituciones. Después de todo, muchas personas vienen aquí al final del Sendero de Oregón a ser libres de los compromisos institucionales y cualquier tipo de responsabilidad.

Pero la verdadera libertad se logra raramente sin el apoyo de una estructura de cualquier tipo. Una de las estructuras en la Iglesia Católica fue establecida directamente por Cristo cuando él nombro a San Pedro como la roca de la iglesia, la cabeza de los apóstoles. Incluso San Pablo, se refiere a la administración como un regalo del Espíritu Santo.

Cada obispo está a cargo de su propia diócesis. La Arquidiócesis de Portland no es la oficina distrital de la Santa Sede.
Un obispo es igualmente el maestro principal de su diócesis, puede ser responsable de proclamar el evangelio con integridad y claridad.

La oficina de enseñanza de todos los obispos unidos al Papa es llamada “el magisterio”. Ustedes posiblemente han oído esa palabra y pueden haber notado que levanta algunas veces un poco de hostilidad.

Pero es la iglesia con sus obispos la que ha sido encargada de la tarea de interpretar con autoridad lo que está como el significado real de la revelación divina.

Algunas veces, los obispos se reúnen para participar de un Concilio Ecuménico como lo hicieron a comienzos de los años 70s. Lo que ellos enseñan con el Papa en estos escenarios debe ser aceptado con fe por todos. Bajo ciertas circunstancias el Papa puede proclamar una doctrina que es revelada en forma divina y debe ser tomada con seriedad y confianza por todos. Esto es lo que llamamos la infalibilidad Papal.

El Papa

¿Por qué, entonces, es el Papa tan importante para los católicos? La constitución de la iglesia del Concilio Vaticano II, lo explica de esta manera: El Papa “es la fuente y fundamento perpetuo y visible de la unidad de los obispos y de la compañía total de los fieles”.

La unidad de los seguidores de Cristo Jesús es tan importante, pero desafortunadamente en estos tiempos es muy frágil.
Es el Papa, en virtud de su cargo, quien encabeza el camino de nuestros esfuerzos para fortalecer y restaurar la unidad entre todos. El Papa Benedicto XVI implacable perseguidor de la verdad, como pastor y maestro es un gran recurso en los diálogos ecuménicos con otras iglesias cristianas.

Semana Santa

Aprender nuevas formas para llegar a ser personas de fe y relacionarnos con los otros como socios colaboradores en la construcción del reino de Dios, no ocurre sin dolor.

En muchas de nuestras comunidades, especialmente luego del escándalo terrible sobre abuso sexual de menores y de todas las críticas que han sido dirigidas a nuestra iglesia, se necesita la reconciliación.

Cuando el desacuerdo ocurre, uno de los problemas más grandes que tenemos es el de convencernos a nosotros mismos, de que en el orden cristiano, la reconciliación es la meta, no la justificación. Esto sólo ocurre cuando la gente está dispuesta a escuchar, perdonar, y tratar el bien general de la comunidad como algo primordial.

Como católicos, nosotros estamos bendecidos con una vida sacramental. Todas las veces que nos reunimos alrededor de nuestro altar parroquial, nosotros ciertamente recibimos la vida de Jesús la cual nos mueve de la oscuridad a la vida. Jesús se ha descrito a sí mismo como el Pan de Vida, el pan de una vida real, agarrada en las luchas y dolores de un mundo cambiante, una vida confiada a nosotros por Dios Padre, para el trabajo del servicio y el testimonio. Una vida enriquecida y renovada cuando nosotros nos reunimos como una comunidad de creyentes en la celebración de la Eucaristía.

Esta es la vida real del Señor que ascendió al cielo entre nosotros y que hace posible el perdón de los pecados, la reconciliación con los amigos, la sanación, la comodidad y la paz de los enfermos, las vidas comprometidas de los casados, los ordenados y aquellos que han abrazado la vida sacramental.

En verdad, la vida sacramental de la iglesia nos une para el trabajo del Jesús vivo en su misterio de la Semana Santa.

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