
Esta edición especial de El Centinela católico presenta un reporte completo del cierre del caso de la bancarrota de la Arquidiócesis de Portland. Es un reporte doloroso que queremos compartir con la gente del occidente de Oregón.
Los incidentes de abuso sexual de menores por parte de nuestros sacerdotes se presentaron a mediados y a finales del siglo XX. Esta situación pide a voces por la justicia, sanación y reconciliación en nuestra comunidad de fe.
La búsqueda de estas metas nos han abrumado por más de siete años. La bancarrota resultante por el sinnúmero de demandas y la inadecuada disponibilidad de recursos nos han causado mucho dolor y sobre todo noches en vela a todos.
Por causa de esta situación nosotros hemos estado de rodillas, probablemente ha sido el mejor lugar en medio de estas circunstancias tan dolorosas.
La Arquidiócesis de Portland presentó ante la Corte de la Bancarrota la protección del Capítulo 11, el 6 de julio del 2004, porque nosotros nos vimos en una sin salida y la situación fue inmanejable.
Cerca de 140 demandas ya se habían acordado y cerca de 70 estaban pendientes. Pero nosotros nos habíamos quedado sin fondos disponibles. Las compañías que nos aseguraban no estaban aun listas para ofrecer ayuda en el futuro. Por eso no fuimos capaces de prestar más dinero.
Tampoco teníamos certeza en cuando a las demandas adicionales que se iban a presentar en el futuro. Todo ésto amenazaba nuestra habilidad para continuar la misión evangelizadora de la iglesia en forma efectiva.
Pero hoy doy gracias a Dios, porque pudimos compensar a todas las víctimas en forma equitativa y hemos podido continuar nuestra misión, a pesar de que ha sido en forma limitada.
Las compañías de seguros aceptaron sus responsabilidades y los préstamos necesarios se han asegurado. Por todo esto nosotros estamos muy agradecidos.
En estas páginas que hemos trabajado como una edición especial, queremos presentarle a nuestros lectores la mayor información posible de este caso. Hemos incluido información con respecto al número de demandas, las víctimas y los acusados, las consecuencias financieras para nuestra iglesia y nuestros esfuerzos para alcanzar a las víctimas y proteger a nuestros niños.
Yo quiero agradecer a todos los que han colaborado en el trabajo para que esta información llegue a ustedes.
Quiero compartir que uno de los aspectos más importantes para mí ha sido la búsqueda de justicia en cada caso y siempre. Es triste decirlo pero lo hice en cada caso particular.
Algunos tratan de trabajar por la justicia a través de nuestro sistema legal. La justicia es una virtud que asegura que las personas sigan su vida en relaciones correctas con Dios, con los demás y toda la creación.
Nosotros acabamos de pasar por un tiempo muy difícil a causa de este largo de litigio. Es probable que aun no se haya terminado, incluso después de la bancarrota. Pero las demandas legales eventualmente resultan en el castigo o en la exoneración de aquellos que son acusados. Las demandas legales, obvio no establecen una buena relación entre el acusador y el acusado.
Como iglesia, delante de la sociedad y de aquellos que han sido abusados, nuestra postura en general es la del acusado. Como Arzobispo, yo he tratado de hacer lo mejor para supervisar el proceso legal, pero ésta no es una área de mi competencia.
Yo dependo del consejo y los servicios de aquellos expertos en la materia, al igual que de la sabiduría de la comunidad que está a mi alrededor
Yo especialmente siento que algunas de mis palabras y acciones exacerbaron el dolor de los demandantes en esta materia. Yo habría querido que las cosas hubieran sido de otra manera. Yo traté. Pero hubo momentos en los que fallé.
El acuerdo de los casos legales y la conclusión de la bancarrota son bendiciones que nos dejan una experiencia mezclada. Las relaciones aún están desincronizadas y aún permanece la considerable necesidad de sanación de las víctimas, sus familias y amigos, e incluso de muchos de ustedes.
Por lo tanto, nuestro trabajo está lejos de haberse terminado. Por el contrario, estamos empezando. Si miramos lo que el proceso de sanación requiere, la paciencia es vital. Una víctima me aseguró que la sanación ocurre cuando nosotros somos concientes del dolor de las víctimas, oramos por ellas en voz alta y cuando les dejamos saber que nos importa. No hay una cura mágica, pero todas estas cosas juntas, una por una, hacen posible que la paz y la tranquilidad retornen a la vida de las víctimas.
Nosotros somos gente de fe. Cuando algunos están enfermos en la comunidad, nosotros oramos por ellos, los visitamos, los reconfortamos.
Hay muchos que todavía están con la necesidad de ser sanados, y siguen afectados por el abuso que han sufrido hace tiempo y todavía viven con la incertidumbre de si nosotros les creemos o no y si ellos son importantes para nosotros.
Yo estoy contando con los pastores y los parroquianos para que se unan conmigo, en los esfuerzos de sanación y hacer que quienes se han sentido relegados como resultado del abuso, se sientan bienvenidos en nuestras comunidades.
Es verdad que muchas personas insisten en la transparencia en torno a cada aspecto de la grave situaciónque hemos experimentado. Ésta ha sido mi intención. Yo he querido reverlar toda la información de los casos y lo hemos hecho en forma apropiada.
Yo sé que éste ha sido su deseo y por eso nosotros hemos tenido la oportunidad de promover la sanación y de superar los malos entendidos. Vamos a trabajar en esto desde hoy. Éste ha sido el espíritu que nos ha llevado a publicar cada aspecto de este cierre del proceso en esta edición especial de El Centinela.
La reconciliación seguramente es el reto más grande, si vemos todas metas que queremos alcanzar. Sin embargo esta parece ser la que Jesús persistentemente coloca frente a nuestros ojos. Algunas veces las víctimas me han dicho que no están seguras si volverán a formar parte de la iglesia católica.
Ciertamente es difícil para ellas, incluso pensar en eso en estos momentos. Particularmente desde que los abusadores fueron sus sacerdotes. Pero parece que ellos se sienten aliviados al saber que son bienvenidos sin lugar a dudas.
Los sacerdotes y los obispos necesitamos mantener esa invitación ingenua y sincera pues quiero que ellos sientan que son parte de nuestra familia católica y que ésto también nos ha afectado a todos nosotros.
Yo estoy esperando que ustedes tomen seriamente mi invitación, y participen del Día del Ayuno o Ember Day, el cual hemos dedicado a la oración. Este día será el próximo 13 de junio. Después seguiremos trabajando en la reconciliación con las víctimas, las familias y los amigos para crear un sentido de comunidad en la fe y el perdón.
Incluso algunos de ustedes necesitan reconciliarse con nosotros, que estamos en el liderazgo de la iglesia, particularmente conmigo su Arzobispo.
Yo oro por esa gracia y les pido a ustedes que se unan a mí en esta oración para pedirle al Señor que bendiga a su iglesia y la colme de comunidades creyentes y que viven en la reconciliación.
Sí, las noticias que tenemos frente a nosotros son dolorosas y también nos llenan de solemnidad. Pero nosotros somos personas llenas de esperanza, porque la victoria del Señor sobre el pecado, sus sufrimientos y su muerte, también son nuestras y las debemos compartir. Su regalo de Semana Santa es el Espíritu Santo, que con seguridad camina con nosotros y está más cerca que nunca.
A reconstruir la confianza
Los fieles a lo largo del occidente de Oregón en forma colectiva suspiraron aliviados, cuando supieron que la bancarrota había llegado a sus fin. Sin embargo, ellos saben que las finanzas van a estar apretadas por décadas y que el dinero no va a sanar a las víctimas.
En su mayoría, los feligreses sienten un gran sentido de responsabilidad e incluso vergüenza, porque ellos son parte de la comunidad en la cual ocurrieron estos casos de abuso.
A través de estos años los católicos es esta Arquidiócesis han llegado a un entendimiento mayor de la tragedia del abuso sexual de menores y han desarrollado un compromiso fuerte para proteger a los niños que se les han confiado a ellos.
Sus oraciones por las víctimas se han dado en un sentido de compasión por aquellos que han sufrido. El sentimiento permanecerá con ellos para siempre. A través de este proceso doloroso y largo, los fieles en nuestras parroquias nunca han desfallecido en su apoyo a la misión esencial de la iglesia.
Los pobres y los vulnerables continúan recibiendo el servici, mientras el evangelio continua siendo predicado.
Claramente el largo proceso nos ha ayudado a nosotros a entender el significado del sufrimiento por los pecados de otros.
Hasta que el escándalo de abuso sexual se levantó en contra de la iglesia católica, muchos pensaron que el abuso sexual estaba confinado a aquellos que eran pobres y sin educación.
Pero éste no es el caso. El abuso sexual ocurre en áreas rurales, urbanas o en los suburbios. Se encuentra entre todos los grupos étnicos, raciales y socio-económicos. Nosotros también sabemos que muchos niños son abusados por una persona que los conoce y en quien confían.
Los niños tienen mayores posibilidades de ser abusados fuera de la familia. Es muy difícil precisar acerca de los niveles en que se reazliza un abuso sexual, pues es complejo.
Los expertos nos dicen que menos del diez por ciento de los abuso sexuales son reportados a la policía. Muchas víctimas tienen miedo o vergüenza de revelar lo que ha pasado. Algunos incluso niegan que lo que ocurrió fue “abuso sexual” y real.
La comunidad humana está construida en relaciones de confianza. Muchos no tememos usar el transporte público o caminar en el centro de Portland. Nosotros confiamos en la palabra de aquellos que nos enseñan y finalmente desarrollamos una comunidad en cuyos valores y visión, nos dan confianza.
El resultado trágico más grande del abuso de menores es que afecta la confianza. Hoy cuando cerramos el caso debemos orar y recobrar esa confianza. La Arquidiócesis protegerá a los niños y a su comunidad.