
Queridos lectores:
Durante varios meses, desde el 10 de octubre hemos seguido de cerca la historia de la familia de Luis Díaz, víctima de la deportación a Guatemala por la falta de un status legal en este país.
En estos meses hemos compartido con el padre y la hija Jennifer, la lucha incansable que han tenido que librar para llamar la atención de la comunidad en un caso, que puede ser el de muchas familias inmigrantes en este país.
La familia Díaz, ha luchado por más de 15 años por conseguir el asilo político, el cual les fue negado, obligando a la esposa Irma y los dos hijos Mónica y Luis a salir del país, por la notificación de las autoridades migratorias.
Por cumplir la familia se vio enfrentada a la separación de la noche a la mañana. Y desde el 10 de octubre la incertidumbre acompaña a cada uno de los miembros de la familia Díaz. Los hijos y esposa en Guatemala se han visto enfrentados a una nueva realidad. La más afectada de los tres ha sido Mónica, quien no ha querido salir de su habitación por el miedo que tiene a su entorno. Mientras que su mamá y su hermano Luis han trabajado en lo que han podido. El esposo Luis Díaz desde Portland les envía una ayuda económica con el fin de que la familia pueda suplir sus necesidades básicas en Guatemala.
Hoy después de meses y meses de lucha, de buscar el apoyo de la comunidad y los líderes políticos, poco a poco, la comunidad ha empezado a reconocer el caso de la familia Díaz y a verlo como una “bandera” en este tema de la reforma migratoria.
Como este caso, hay muchos, de familias hispanas que están a punto de ser deportadadas a México y otros países de Centroamérica, sin una luz de esperanza o una ley que los proteja frente a la inminente separación.
La familia Díaz, hoy separada, es un ejemplo de la tragedia que los hispanos que viven por buscar un futuro mejor. El padre, Luis Díaz, dejó Guatemala por el peligro que representaba su participación en el sindicato de la empresa procesadora de papel en la que trabajaba. Por eso, su esposa Irma, decidió emigrar y pasar ilegalmente la frontera, para venir a vivir con su esposo y sus dos hijos. Para ella estar separada de su esposo era algo que no estaba entre los planes del futuro de su familia.
Durante años vivieron en este país, donde sus hijos se educaron y encontraron un día a día mejor, con oportunidades. En este tiempo, nació Jennifer Díaz, quien hoy tiene 12 años y se ha convertido en la voz de esta tragedia. La pequeña niña al lado de su padre, ha llamado la atención de los medios de comunicación pues es realmente quien hace el llamado porla reunificación de la familia.
En esta edición de El Centinela, publicamos la historia de la marcha que se realizó el pasado 29 de abril, en marco del Día del Niño,con el fin de hacer un llamado por los hijos de los inmigrantes que se enfrentan a laseparación de las familias.
En la marcha, se vio el apoyo que en estos meses ha logrado la familia Díaz. Muchos niños y adolescentes llegaron para apoyar a Jennifer en una jornada pacífica y llena de esperanza. Los niños, marcharon con sus padres, para apoyar a Jennifer y sobre todo, hacer un llamado por esa generación de inmigrantes que son los hijos de los hispanos que hoy están en la incertidumbre frente a la nueva reforma migratoria.
El rol de los católicos fue claro, por primera vez desde que se ha llamado la atención en torno al tema de la familia Díaz. Hispanos católicos de diferentes parroquias llegaron para apoyar a Luis y a Jennifer. Se vieron feligreses de San Mateo en Hillsboro, de la Ascensión en Portland, de Salem, de Woodburn y hasta un misionero del Espíritu Santo, el hermano Jaime Becerra, de la iglesia de San Mateo en Hillsboro.
La participación de la comunidad católica en la marcha por la reunificación de la familia Díaz, fue notable esta vez. Según pudimos ver, los hispanos católicos se están concientizando frente a la problemática de casos como éste, además de que están participando así como lo hacen cuando se trata de una fiesta.
Pienso, que es importante abrir los ojos, estar informado, apoyar a quienes lo necesitan, participar, preguntar y sobre todo asistir a manifestaciones populares como ésta, pues unidos se puede lograr un cambio.
El caso de la familia Díaz, conocida en su comunidad de la iglesia Santa Elizabeth de Aloha, es el caso de los hispanos, es el caso de quienes buscan un futuro para sus hijos, es el caso de los inmigrantes ilegales, es el caso de los inmigrantes trabajadores y honestos.
El apoyo, es vital para unir las voces y lograr leyes justas que permitan un futuro en el cual los hijos puedan crecer con su padre y con su madre y unidos a sus hermanos en el núcleo familiar. Los invito a leer nuestro reportaje con la historia que muestra el apoyo de la comunidad a la familia de Luis Díaz.