
Como lo anuncié a todos mis lectores en la columna del mes de abril, a todas las personas les había pedido que dedicaran un día de oración y ayuno, en lo que llamamos el Día del Ayuno o “Ember Day”, por la sanación de todas las víctimas de abuso sexual de menores y por su reconciliación con la iglesia católica.
A través de nuestras oraciones y el ayuno ofrecido en esta jornada, nosotros le pedimos a nuestro Señor que nos sane de todos los dolores, sobre todo los del alma y nos ayude a seguir adelante con compasión para todas las víctimas del escándalo de abuso sexual, que tanto daño nos ha hecho a todos.
Yo no he planteado el asunto del litigio por abuso sexual de menores en esta columna, a lo largo de varios meses. La razón fue porque los mediadores que están trabajando muy duro para ayudarnos a nosotros a lograr un acuerdo financiero con los demandantes, exigieron que todas las partes se abstuvieran de hacer comentarios públicos al respecto.
Incluso a El Centinela Católico se le pidió que no revelara ningún reporte de noticias, acerca del tema en sus ediciones
semanales, durante varios meses.
Era difícil en mi papel de pastor y líder de esta iglesia el abstenerme de comunicarme con ustedes sobre este tema, pero yo espero que ahora todos ustedes entiendan la razón de mi silencio.
Sin lugar a dudas la Arquidiócesis de Portland, ha estado trabajando por resolver la situación de las demandas y todos los miembros se han mostrado preocupados con la situación.
Anteriormente, si recordamos el año 2002, los obispos de los Estados Unidos desarrollaron un plan para tratar el problema del abuso sexual de menores por parte del clero.
El plan titulado: “Estatutos para la Protección de Niños y Gente Joven” fue revisado en el 2005, y va a ser revisado
nuevamente en el 2010 por los obispos, con el fin de asegurar que los estatutos están planteados conforme a los de todo el país, y además ver que las auditorías han sido regularmente manejadas por una compañía que tiene su sede en Boston y que monitorea la adherencia diocesana al plan de los obispos.
La más reciente auditoría se llevó a cabo en el año 2006. La Arquidiócesis de Portland, fue encontrada de conformidad con las demandas de los estatutos de los obispos.
Nosotros los católicos podemos estar complacidos con el hecho de que hemos logrado mucho para mejorar la situación. Las auditorías demostraron que las estructuras están sin duda alguna trabajando.Pero nuestro trabajo no se ha terminado.
Cuando las víctimas se presenten en el futuro, debe haber manos que les den la bienvenida para ayudarlos y sobre todo, alcanzarlos como iglesia. Los niños necesitan nuestra protección y sobre todo un ambiente seguro en el futuro, tanto como lo necesitan hoy.
A través de los esfuerzos que hemos desarrrollado por arreglar las demandas en contra de la Arquidiócesis, las cuales han sido presentadas por las víctimas de abuso sexual de menores, a nosotros se nos dijo que la compensación monetaria nunca llegaría a satisfacer adecuadamente sus necesidades.
Las víctimas necesitan palabras tranquilizadoras, sobre todo porque enfrentaron la situación con entereza, y siguieron adelante con sus historias, con las denuncias y sobre todo, contaron su historia dolorosa, la cual surgió en un pasado lejano.
Ellos incluso se están preguntando, si alguna vez van a ser bienvenidos en la comunidad de la iglesia católica. Ellos sinceramente desean expresiones públicas de disculpa por todo lo que han sufrido a causa del abuso.
Seguramente la demanda más retadora fue la de liberar los archivos personales de los acusados. Los medios de comunicación, más adelante, dramatizaron la solicitud de sugerir que éstos eran documentos conservados en “archivos secretos”.
Por ser archivos del personal, estos eran ciertamente confidenciales, pero cualquier información que estuviera en nuestro poder era conservada en la oficina de personal de la Arquidiócesis e incluso en las oficinas de las parroquias.
Esta situación se convirtió para nosotros al final de la mediación en un compromiso, porque sólo la liberación de los documentos del personal relacionados, realmente sería satisfactoria para las demandas que requerían de esta información, tanto por los demandantes como sus abogados.
Mucha de esta información ya estaba en los archivos públicos debido al litigio y al procedimiento de la bancarrota. Yo, finalmente determiné que la sanación de las víctimas y su reconciliación con la iglesia era una prioridad, muy importante para nuestra misión evangelizadora, nuestra integridad y nuestra credibilidad. Esto nos llevó a cumplir con todos los requerimientos legales y lo hicimos con gusto, sobre todo por las víctimas.
Hoy quiero compartir con mis lectores que esta es mi esperanza y mi oración de todo corazón: que la liberación de esa información, tan dolorosa como puede ser para las familias y amigos de los acusados, sea sin lugar a dudas, un bálsamo para todos aquellos que han sufrido durante tanto tiempo como resultado de su victimización en su niñez.
Todo esto ha sido costoso en términos de tiempo, dinero y el talento de todos nosotros que somos miembros de la misma iglesia. Pero el daño ha sido grave y está hecho, sobre todo en una escala que demanda un extraordinario esfuerzo por hacer todo lo que podamos para corregir los errores del pasado, aún cuando estos no fueron nuestros propios daños.
Quiero aprovechar esta columna para agradecer a cada uno por su continua cooperación y el apoyo a medida que nosotros superábamos este doloroso capítulo en la vida de nuestra iglesia arquidiocesana. Todos ustedes están en mis oraciones y espero que yo permanezca en las suyas igualmente. ¡Dios los bendiga!
Renovando la faz de la tierra
El domingo de Pentecostés de este año fue celebrado durante el fin de semana del Día de la Conmemoración de los Caídos en la guerra.
Las tradiciones católicas miran sobre estas fiestas como el cumpleaños de la iglesia, recordando la primera venida del Espíritu Santo a los amigos de Jesús, para darles poder de renovar la faz de la tierra.
Fue el Espíritu Santo el que con su gracia los unió como una comunidad de creyentes, una que ha sobrevivido muchos obstáculos a lo largo de más de XX siglos.
Cuando el Papa Benedicto XVI visitó Brasil, dijo que su intención principal era la de tratar de “ayudar a reforzar los valores cristianos y contrarrestar nuevas amenazas contra el pobre, el abandonado y el no nacido”.
Como respuesta a su propuesta, el presidente de Brasil Luiz Inacio Lula da Silva, respondió que “la presencia de la iglesia católica ha sido fundamental en Brasil, contribuyendo a la vida espiritual, moral y social del país”.
El de nosotros sin lugar a dudas, es un llamado contra-cultural, pero muchos preferimos ignorar el llamado y confundirnos con los caminos pecaminosos de nuestra cultura secular.
¿Es sorprendente, entonces, que nuestra misión evangelizadora de construir el reino de Dios aquí en la tierra no sea tan efectiva como hubiéramos querido? Después de todo, fue Jesús el que dijo: “Deja que tu luz brille”. ¿Por qué nosotros nos escondemos?
Las divisiones históricas que han fragmentado a los discípulos de Jesús en una variedad de iglesias, no ha sido útil en la labor de hacer que seamos efectivos en nuestra misión evangelizadora.
Por esto, es que el trabajo ecuménico es tan crítico y tan importante. Trabajar por la unidad entre los discípulos de Jesús no es un sueño imposible. Éste es el reto que el Señor pone delante de nosotros repetidas veces, cada vez que nosotros declaramos nuestra creencia en la única, santa, católica y apostólica iglesia que estamos llamados a ser.
Días de Oro para nuestra comunidad Católica
Yo estoy especialmente agradecido con la hermana Linda Roby, la directora de nuestra oficina del Ministerio Católico de Sordos y sus dos sacerdotes-capellanes asociados, el padre Pat Walsh, pastor de la iglesia de San Miguel en Sandy y el padre Dan Adams, pastor de Wilsonville.
Nosotros queremos hacer lo mejor para habilitar a las personas que sufren por ser sordas y lograr que participen ampliamente en la vida de la iglesia.
Nuestro ministerio católico de sordos lucha por servir a las necesidades espirituales de nuestras hermanas y hermanos sordos, desarrollar y apoyar el liderazgo laico entre los sordos, proveer información y recursos para las parroquias con feligreses sordos, y sobre todo, abogar por ellos dentro de la iglesia y la sociedad.
Actualmente las liturgias regulares son programadas con la comunidad sorda de Portland, en el Centro Paulista cerca de la parroquia de San Felipe Neri; en la iglesia de San Cirilo en Wilsonville; en la iglesia de Nuestra Señora del Lago en Lake Oswego; en la iglesia de San Pedro en Eugene, y en la parroquia del Valle, en Medford.
Igualmente, en algunas ocasiones la hermana Linda hace arreglos para interpretar en la misa en el área de Salem.
Sólo cerca del 4 por ciento de los católicos adultos sordos atienden la misa en todo el país. Para estas hermanas y hermanos, la experiencia de atender a una misa hablada no tiene sentido.
Para otros una misa en lenguaje con señales no comunica las inflexiones y matices de una homilía de un sacerdote que habla. Ésto es por supuesto un gran reto para todos nosotros que queremos incluir a todos en nuestra iglesia y llevar a todos nuestra labor evangelizadora.
En este momento sólo hay siete sacerdotes sordos que llevan a cabo su ministerio en los Estados Unidos. Se ha reportado que hay cuatro seminaristas sordos estudiando para ser sacerdotes.
Ésto es una señal significativa del crecimiento en la pequeña comunidad católica de aquellos que no pueden oír. Cerca de la mitad de las diócesis en los Estados Unidos ofrecen programas de ministerio de sordos. La mayoría, como la nuestra, tienen misas interpretadas en lenguaje con señales. El mayor cambio aquí y en cualquier otro lugar es que más personas sordas laicas están concurriendo a la iglesia.