
Queridos Lectores:
Este mes quiero llegar a todos ustedes, de una forma diferente. Por lo general, escribo esta columna con positivismo y quiero llegar a cada lector con un mensaje nuevo y sobre todo, en la mayoría de los casos, un mensaje que nos llene de esperanzas.
Infortunadamente, este mes con tantas noticias que cuestionan la presencia de los inmigrantes hispanos no sólo en Oregón, sino en el resto del país, es innegable que tenga que hablar del tema y por su puesto, que lo haga con un sentimiento que deja a un lado la esperanza.
A estas alturas ya todos sabrán la decisión del Senado, donde fue rechazada por segunda vez, la propuesta de una reforma migratoria justa.
La noticia del rechazo de los legisladores con resultado final de 46 votos a favor y 53 en contra de limitar el debate a 30 horas, ha dejado la iniciativa muy lejos de lograr los 60 sufragios necesarios para dar vía libre a un debate en favor de los inmigrantes.
Por el contrario, la falta de votos, dejó a un lado la propuesta y hoy el proyecto de ley de reforma migratoria ha quedado enterrado. Por lo menos, hasta que el país enfrente la realidad de un nuevo mandato presidencial.
El ambiente, por supuesto, es desesperanza total. Sobre todo, porque desde que se dio vía libre a la construcción del muro en la frontera, al cuestionamiento de los ilegales en los sitios de trabajo y el refuerzo de los controles migratorios, todo se ha unido para ver al inmigrante más como un problema, que como un apoyo a la economía del país.
En Oregón, las últimas semanas han sido traumáticas para la comunidad hispana, pues con la redada en la empresa Del Monte, muchas son las familias afectadas. Hoy todas viven la incertidumbre previa a la deportación.
En esta edición estamos entregando un completo cubrimiento del caso, además de testimonios que los invito a leer, no sólo para saber qué está pasando, sino para solidarizarnos con los afectados.
Por eso, al inicio de mi columna dije que mi sentimiento de este mes no es positivo. Por el contrario, es un sentimiento de tristeza y desesperanza, el cual surge al ver la injusticia de la que son víctima en estos momentos los hispanos que fueron detenidos en la redada del pasado 12 de junio. Y al mismo tiempo, el sentimiento de rechazo surge, porque es increíble la falta de solidaridad de la que son víctimas también las familias de estos hispanos.
Escribiendo las noticias de esta edición, he dado una gran relevancia al cubrimiento de las historias que involucran a las mujeres que fueron detenidas en la redada y sobre todo, el efecto sicológico que su situación ha causado en la vida cotidiana de sus hijos.
Los niños, hijos de los inmigrantes detenidos, son víctimas también de esta redada. Son víctimaas porque sus padres están sin trabajo, muchos se encuentran detenidos y las madres que pudieron salir, están detenidas en sus casas, sin poder trabajar para mantenerlos y solucionar sus necesidades básicas.
Estos niños son las víctimas reales de esta situación.Ese 12 de junio, muchos recibieron sus mensajes en el celular, cuando asistían a sus clases, y se enteraron de que sus padres eran detenidos.
Otros, aterrorizados, ante el rumor de una redada en el colegio, salieron de sus salones de clase, desorientados, buscando un lugar donde esconderse por el miedo a ser detenidos y la incertidumbre de la suerte que corrieron sus padres.
El trauma que se ha causado a estos niños es irreparable. Hoy muchos siguen llenos de miedo, con la sombra de la autoridades migratorias a sus espaldas.
En estos momentos, son varios los casos que requieren de la atención de toda la comunidad, y se trata de los hijos de las madres solteras, que fueron dejadas en libertad el mismo día de la redada, pero que desde entonces llevan en su tobillo ese “artefacto electrónico”, que permite que las autoridades migratorias sepan dónde se encuentran.
Son varios los testimonios de estas madres de familia, y son dolorosos. Ellas vinieron a este país a trabajar. Todas se han quedado sin la ayuda de sus esposos y por eso enfrentan su situación ilegal, para sacar adelante a sus hijos.
Uno de los testimonios de una mexicana detenida en la redada, muestra cómo ella ha tenido que trabajar en Del Monte, durante los últimos años, de pie, sin un descanso en la larga jornada laboral y ganándose el mínimo. Este salario, no cubre sino sus necesidades básicas.
Como ella, los otros hispanos detenidos en Del Monte, se vieron perdidos en momentos en los que se encontraban trabajando para conseguir el pan de cada día. Todos, sin excepción, han laborado sin seguro médico o algún tipo de prestación. Hoy que la propuesta a una reforma migratoria ha quedado enterrada, se vé cómo la realidad de estos inmigrantes se ha dejado de lado.
No importa la legalización. No importan sus derechos. No importa si trabajan y contribuyen. No importan las condiciones salariales que han tenido que aguantar, en muchos casos de explotación. Nada importa.
Por el contrario, se ha dado vía libre, con mayor razón al atropello de quienes están aquí en busca de un futuro mejor. En busca de un mejor futuro para sus familias.
Es triste que no haya una salida, para el sistema de leyes obsoleto que rige desde 1986, cuando fue aprobada una amnistía para unos tres millones de indocumentados.
En medio de esta realidad, y la tristeza de ver que no se reconoce el aporte de la mano inmigrante, quiero resaltar el papel que los líderes comunitarios han desarrollado estas semanas desde la redada, para tratar de ayudar a los afectados.
En la marcha del pasado domingo 24 de junio, en Portland, Oregón, se escuchó la voz de muchos ciudadanos solidarios con el inmigrante. Muchos líderes de los Colegios Públicos llegaron para apoyar a estas madres y reconocer a sus hijos, víctimas del trauma en estos momentos.
También se hicieron presentes en Pionner Square, durante la jornada de protesta por la redada, líderes de la iglesia católica. Allí estaban el diácono Jesús Espinoza y el padre Armando López de la iglesia de la Ascención, quienes fueron voceros del
Arzobispo John Vlazny, quien ha mostrado su postura de apoyo al inmigrante.
Ellos leyeron el comunicado de la Arquidiócesis de Portland, en el que el arzobispo aboga por una reforma migratoria justa y pide por los derechos de los inmigrantes.
La postura del Arzobispo Vlazny, muestra la solidaridad con el necesitado y sobre todo invita a la reflexión.
En esta edición, él se dirige a la comunidad católica hispana, por medio de su columna y hace una reflexión detallada del tema.
Para mí, como directora de esta publicación, es importante resaltar las palabras del Arzobispo Vlazny e invitar a todos los lectores a seguir sus ideas, pues muestran la postura real de quien se dice católico.
Una postura en la que la solidaridad salta a la vista. Una postura en la que se reconoce el valor de la mano de obra del inmigrante ilegal. Una postura en la que indudablemente no se puede dejar de lado a las familias y se aboga por su reunificación.
Yo espero que al final del camino, dejemos de señalarnos unos a otros, por no tener un estatus legal claro. En alguna ocasión también escribía que la diferencia no la hace una “green card” y ante los ojos de Dios todos somos iguales. A veces esto se nos olvida y por eso desconocemos a nuestros hermanos.
Espero que los lectores de El Centinela, de alguna manera vean esa realidad y sean solidarios unos con otros. En la iglesia, en su barrio, en sus familias y con sus vecinos. Y también, obvio, con los de sus países de origen. A veces al mismo hispano se le olvida de dónde viene y sin importar a quién tiene a su lado. Ojalá que esto no suceda en momentos como éste.