Edición Impresa: 05/11/2004

¡Silencio! La iglesia es un sitio sagrado

Queridos Lectores:
La Cuaresma ha terminado y quiero tomar este momento del año y esta oportunidad, para hablar de nuevo, acerca de un tema que he tocado anteriormente en esta columna. Se trata del “Silencio” en la iglesia.

Precisamente por ser tiempo de Cuaresma, tuve el interés de participar en actividades programadas para la reflexión en esta época, además de asistir a Misa en diversas parroquias y con tristeza me di cuenta que la comunidad sigue asistiendo a la iglesia, como si se tratara de un picnic en el parque. Lo digo, porque me ha llamado la atención que es un fenómeno generalizado en las parroquias, donde hay celebraciones con los hispanos y donde no he visto una voz para reflexionar sobre este aspecto.

Tengo que reconocer que en sitios como la Iglesia de la Ascensión, este tema se ha incluido en el boletín mensual, en el que se hace un llamado, semana a semana, para que los padres enseñen a sus hijos que la iglesia no es un sitio para jugar. Claramente se pide el favor de mantener a los niños en el puesto y no dejarlos correr por los corredores.

Yo sé, que es un poco difícil, cuando se quiere asistir a la iglesia con la familia entera, como es característica dentro de la comunidad hispana, pero por eso mismo, es muy importante enseñar a los niños que la iglesia es un sitio sagrado, donde no se juega, donde no se mastica chicle, donde no se hace visita, donde no se come. ¿Difícil? No. Pienso que en otras religiones el sitio sagrado también es la iglesia y se entra juntando las manos, haciendo una reverencia, de rodillas o descalzos. ¿Por qué? Pues porque hay que respetar que es un sitio sagrado y lo que se hace comúnmente en la calle y en sitios de recreo, obviamente no se debe hacer en este sitio a donde se llega para hacer una reflexión espiritual. Con mayor razón, si se trata de nuestra iglesia católica.

He mencionado el hecho de los niños y la falta de disciplina y orden. Pero lo hago porque he visto niños jugando y comiendo a los pies de la Virgen de Guadalupe, mientras los padres ininmutables siguen la celebración. En otros casos, también he visto a las madres, inquietas porque el niño se movió o por el contrario hablando con la vecina, sobre el color de las uñas o la moda del día.

Por favor, recuerden que se trata de la Casa del Señor, a donde se debe entrar en actitud de respeto y reflexión. Para charlar está la sala de la casa y para jugar está el parque.

También he podido observar que no se saben utilizar los recursos litúrgicos que encontramos allí, como por ejemplo el libro Flor y Canto, con los cantos para seguir la celebración. La mayoría están con las cubiertas rotas y las hojas dobladas. Es triste ver que no se utilizan como debe ser. Y lo peor, es que al final de la celebración, el piso queda lleno de papeles. ¿Papeles? Si, las hojitas arrugadas que han sido entregadas al inicio de la celebración.

Creo que es hora de aprender a comportarnos, en comunidad y en un lugar de fe y oración. Me despido pidiendo respeto en la Casa de Dios, porque el ruido y el desorden son una mala presentación de quiénes somos y es hora de aprender de otras culturas como la angla, de la forma como se participa de la celebración de la misa semanal. En silencio, con orden y sobre todo, en una actitud de oración.

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