
Los primeros dos fines de semana de Cuaresma fueron muy especiales. Seis diferentes Ritos de Elección ocurrieron a lo largo del oeste de Oregon, dando la bienvenida a nuestros elegidos y candidatos de los Sacramentos Pascuales a la comunidad católica de esta Arquidiócesis.
A pesar de los tiempos difíciles por los que está pasando la Iglesia, algunas personas maravillosas se convirtieron en discípulos que compartirán con nosotros en nuestro ministerio, durante este tiempo de Pascua. De numerosas maneras, éste es el trabajo de Dios más que de nosotros. Pero muchos de ustedes han sido especialmente de gran ayuda al guiar a esta gente buena hacia Jesús y la Iglesia.
Cuando hablo con gente que planea unirse a la Iglesia, les recuerdo que, como nosotros nos llamamos, "Católicos", tiene un verdadero significado. Nuestra comunidad, no es simplemente parroquial o diocesana o inclusive nacional. La nuestra, es una comunidad global con creyentes, verdaderamente católicos, centrados en Jesucristo, unidos en la fe y en la misión que compartimos, bendecidos por un líder, Obispo de Roma, que es la fuente clara y la fundación de nuestra unidad.
A principios de este año, la mayoría de ustedes ha sido muy generosos al responder al Llamado Católico Anual del Arzobispo y les estoy muy agradecido. Pero, a pesar de que la caridad necesariamente empieza en el hogar, ésta no puede quedarse ahí.
Espíritu Santo: fuerza alentadora
De muchas maneras, los días desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Pascua son el punto culminante de mi año. El lunes de Semana Santa, los sacerdotes y yo nos reunimos con gente proveniente de varios lugares de la arquidiócesis para celebrar la Misa Anual del Santo Crisma.
Antes de la bendición actual de los Santos Óleos, el Santo Crisma, el Óleo de los Enfermos y el de los Catecúmenos; los sacerdotes y yo renovamos nuestro compromiso al servicio de la Iglesia local durante un año más.
Durante la Cuaresma, yo recibí varias cartas postales provenientes de feligreses en Salem. Todos tenían el mismo mensaje, uno que tengo que tomarlo de corazón, decía lo siguiente: "Yo soy un miembro activo de la Parroquia “Queen of Peace” en Salem. Yo creo que el tener acceso a la Eucaristía y a los demás sacramentos es esencial para la practica activa de la fe católica y cristiana. Yo estoy muy preocupado sobre la creciente escasez de obispos católicos en nuestra arquidiócesis y alrededor del mundo. Yo, respetuosamente solicito que se dialogue y discuta a todo nivel dentro de nuestra Iglesia, con relación a las maneras en las que la Iglesia está respondiendo a la escasez de sacerdotes". Los individuos que decidieron enviar este mensaje, incluyeron su firma y dirección.
Nadie está en desacuerdo sobre la importancia de la Eucaristía y los Sacramentos en la vida de cada católico. Una de las más grandes desgracias de nuestros propios días es que tantos deciden distanciarse de estas celebraciones sacramentales, aún cuando éstas están tan disponibles. Pero el verdadero pensamiento de perder el acceso a estos obsequios tan preciosos provenientes de nuestro Salvador, es inquietante. Yo realmente estoy de acuerdo.
Definitivamente, existe una creciente escasez de sacerdotes católicos en nuestra arquidiócesis y nación, pero no la hay en otras partes del mundo. En la actualidad, el número de sacerdotes está aumentando en países subdesarrollados (o tercer mundistas). El problema parece provenir de los Estados Unidos y Europa. Algunas naciones siempre han subsistido con lo que nosotros consideramos una escasez. Pero aquel hecho no es un confort o un alivio para nosotros en estas circunstancias. Nosotros estamos preocupados y estamos haciendo cada esfuerzo que podemos para promover vocaciones al sacerdocio.
La gente de Salem está buscando sinceramente que se dialogue y discuta al respecto. En aquel diálogo, el parámetro de este debate ciertamente va a diferir entre católicos. Algunos creen que la única solución está en el abandono de la enseñanza de la Iglesia sobre las Órdenes Sagradas y en una futura decisión de los líderes de la Iglesia a invitar a mujeres, personas casadas e incluso a sacerdotes jubilados para que asuman el papel asociado con el del obispo en proveer el ministerio sacerdotal por toda la Iglesia local. Éstas son consideradas como medidas sensibles, un arreglo rápido a las demandas que están estrechándose y retando a nuestros sacerdotes de maneras que parecen innecesarias.
Al otro extremo, estamos aquéllos como nosotros que creemos con todo nuestro corazón que el Espíritu Santo todavía es el timón de esta Iglesia, nacida en Pentecostés hace cerca de 20 años. ¿Ha engañado el Espíritu Santo a la Iglesia por tantos años? ¿Es la Iglesia merecedora de vocaciones sacerdotales durante este tiempo durante el cual la practica de fe de muchos es tan mínima? ¿Qué hay de la disminución en vocaciones a la vida consagrada? ¿Existe alguna conexión entre esta disminución y el número de sacerdotes que disminuye? ¿Estamos realmente promoviendo vocaciones al sacerdocio, o estamos conteniéndonos por alguna razón? Un diálogo como este sería muy interesante.
Aquí en la Arquidiócesis, nosotros estamos tomando grandes y significantes pasos para responder a la escasez de sacerdotes. El número de seminarios es ahora el doble de lo que era en 1998. La gente joven está definitivamente expresando un mayor interés en la vida al servicio de la Iglesia. El mejoramiento de programas para la formación sacerdotal, la propagación del diaconado, y el reconocimiento de ministerios laicos legítimos, a pesar de grandes obstáculos, todos están empezando a hacer la diferencia. Si más de ustedes estarían dispuestos a ayudar en la promoción de vocaciones sacerdotales y el reclutamiento de candidatos, estoy seguro de que Dios les proporcionará con un adecuado suministro de sacerdotes.
Francamente, a menos de que el número de sacerdotes haya disminuido, yo dudo que la expansión de ministerios a diaconados, religiosos y el laicado haya ocurrido alguna vez. En mi opinión, nosotros necesitábamos esta dura rectificación con el fin de introducir un verdadero espíritu de colaboración entre todos los bautizados en su labor de reconstruir la unidad de la Iglesia y llevar a cabo su misión de evangelización.
Por cerca de 17 años, yo he servido como obispo diocesano. Yo he aprendido una muy importante lección durante este tiempo. La gente me considera un buen obispo siempre y cuando les envíe un buen sacerdote. Yo me tomo con seriedad mi responsabilidad en promover vocaciones sacerdotales y en proveerles con buenos sacerdotes. Pero yo no puedo efectuar esto por mí mismo. Yo pido al Concejo Pastoral de cada parroquia que establezca un Comité de vocaciones para promover vocaciones al ministerio decretado y a la vida consagrada. Yo les pido a todos ustedes que recen diariamente por las vocaciones, y yo, en particular, les pido a los padres que recen por las vocaciones al ministerio de la Iglesia en su propia familia.
Triduo Pascual de los católicos
Durante el último Domingo de Pascua, recibimos los ramos sagrados, símbolos del amor que la gente le tenía a Jesús, un amor que, triste de admitir se convirtió muy rápidamente en indiferencia y rechazo. Las practicas penitenciales de la Cuaresma han ayudado a apartarnos del pecado y han aumentado nuestra ansia de fe con respecto a nuestra llamada bautismal. Pero, la Cuaresma es sólo un tiempo de preparación para algo más importante, es además un hecho de que la parte más importante del año para los discípulos de Jesucristo, es el Triduo Pascual.
No todo católico esta familiarizado con la palabra Triduo Pascual. Ésta es un celebración de la muerte y resurrección de Jesucristo durante tres días, comenzando con la tarde del Jueves Santo y continuando con la víspera del Domingo de Pascua.
Desafortunadamente, el comportamiento que acostumbramos tener durante esos tres días especiales refleja muy poco conocimiento, por parte de muchos católicos, de que este es sin duda el punto culminante, el clímax del año para nosotros en lo que se relaciona a nuestra relación con Dios.
Las principales celebraciones litúrgicas en todas nuestras parroquias toman lugar la tarde del Jueves Santo cuando celebramos la Eucaristía (la Última Cena que Jesucristo instituyó), más tarde el Viernes Santo cuando conmemoramos la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo durante la Vigilia Pascual de la noche del Sábado Santo y durante la celebración del las Misas Cuaresmales el día del Domingo. El Triduo concluye con la Víspera del Domingo de Pascua, el cual es una hermosa celebración en el Monte Angel Abbey (Mount Angel Abbey) y en otras comunidades monásticas alrededor del mundo católico.
Durante el Triduo, nosotros tenemos la oportunidad de experimentar algunas hermosas practicas que ocurren sólo durante esta parte del año. Yo pienso que el Lavatorio de los Pies, la Adoración de la Santa Cruz, y el servicio de la Luz (Service of the light), el Bautizo de los elegidos y la bienvenida de nuestros candidatos como miembros enteros de la Iglesia Católica y la renovación de nuestra propia fe bautismal; todos estos constituyen verdaderamente tres días de gracia, oportunidad para inspiración y bendiciones que vienen sólo una vez al año.