Edición Impresa: 11/16/2007

La vida es un regalo para agradecer el Día de Acción de Gracias

Queridos Lectores:

Estamos en el mes de noviembre. El mes que nos llena de felicidad porque se acercan las fiestas de fin de año. Y estas celebraciones, se inician en los Estados Unidos con la celebración del Día de Acción de Gracias.

Las familias hispanas, de inmigrantes, también celebran ese día. Pero lo hacen con recetas que provienen de sus países de orígen. Se vive una fiesta de la familia que trasciende cada frontera de los países latinoamericanos de donde venimos.
Pero yo quiero detenerme este mes, para hacer una corta reflexión sobre lo que significa en mi vida la acción de “Dar Gracias”. La cual en mi opinión se nos olvida, porque estamos muy distraídos en nuestra vida cotidiana.

Digo que estamos “muy distraídos” en nuestra vida cotidiana porque viviendo en este país, todo es una distracción. Empecemos por lo que representa el poder adquisitivo y la necesidad que nos crea esta sociedad de consumo.

La felicidad entonces, se traduce en lo que tenemos o lo que deseamos tener. Si se trata de un carro, y si el carro es más grande. O si se trata de un televisor, o si por el contrario tenemos para comprarnos un celular y darlo a cada miembro de la familia. En fin, podría seguir enunciando lo que esta sociedad nos impone y cómo, poco a poco, vamos cambiando y de esa manera nuestros deseos también van cambiando.

Yo me pregunto, ¿de eso se trata la felicidad? ¿Se trata de todo lo que vemos en televisión? ¿Y debemos dar “gracias” cada vez que tenemos algo que necesitamos? ¿Algo material que se ha puesto de moda? ¿A qué realmente debemos dar las gracias? ¿Por qué cuando damos las gracias muchas veces nos referimos a lo material?

Y lo digo, porque he visto que la influencia de la televisión en la cultura hispana, es gigante. Se vé televisión todo el tiempo. Se tiene el televisor en la sala de la casa o en el comedor en algunos casos y toda la actividad familiar se vive en torno al televisor. Ya no hay diálogo en familia. Y si hay, se vive con monosílabos.

Pienso que es importante detenernos a pensar por qué es importante “dar gracias” y la forma de hacerlo.

Quizás empezar por reconocer a nuestros seres queridos. Por reconocer la presencia del esposo y la esposa en la familia. Por reconocer el valor de los hijos. Por ver que realmente, si hemos emigrado, hemos tratado de vivir una realidad en familia en un país extraño. Porque el valor de la familia está primero y hay que preservarlo, por encima de las necesidades materiales que nos imponga esta sociedad.

Y ahora, quiero detenerme en la gran reflexión del Arzobispo John Vlazny, que es perfecta para esta época del año.
En su columna, la cual invito a leer todos los lectores de El Centinela, y analizar, el Arzobispo hace una reflexión sobre la necesidad de dar a otros, de compartir con quienes no tienen, aquello que nosotros tenemos.

En este caso se refiere a unirnos donando a las campañas de la iglesia católica, que están destinando sus recursos para ayudar a los pobres.

Esta es una forma de ayudar y ver desde nuestra realidad “todo” lo que tenemos. Todo lo que con el fruto de nuestro trabajo hemos logrado en este año.

Y nada mejor que compartir unos dólares con quienes no tienen. Porque en ese dar estamos reconociendo lo que tenemos a nivel material.

Ahora, ¿que tenemos que no es a nivel material? Y es en este punto en el cual quiero hace énfasis para llegar al sentido real de “dar gracias”.

Tenemos la posibilidad de abrir los ojos cada mañana. Muchos saltamos de la cama sin pensar por un segundo, que cada día que abrimos los ojos y podemos movernos y podemos iniciar nuestras actividades cotidianas, cada uno de esos días, es el milagro de la vida.

Se nos olvida, con mucha facilidad ese momento en que iniciamos nuestras actividades y pensamos que es “normal” tenerlo. Pero no, es un regalo y lo veo como una bendición de Dios.

Otra de las cosas que yo quiero agradecer es el regalo de cada sentido que tenemos, al vivir cada día. Esto a veces también se nos olvida.

Yo quiero agradecer este año por el sentido de la vista. Gracias a él, puedo ver los colores, puedo ver a los seres queridos. Puedo apreciar los cambios de la naturaleza que llegan con cada estación. Puedo escribir y crear cada mes esta edición, para quienes con sus ojos, pueden leerla.

El sentido del olfato, es otro regalo. Si no lo tuviéramos no podríamos percibir el aroma delicioso de nuestra comida latina, el aroma de las flores, del aire fresco de los días de otoño e invierno. No podríamos apreciar el olor inconfundible que percibimos cada vez que entramos en nuestra casa.

El tacto es otro regalo, por el que debemos “dar gracias”. Nos permite, abrazar, acariciar, tocar, coger, sobre todo, expresarnos en toda la intensidad de nuestras emociones. Si no lo tuviéramos veríamos que falta algo importantísimo de nuestra vida.

El sentido del gusto, que todos disfrutamos cada vez que nos llevamos un bocado a la boca, es vital. Sobre todo, si vamos a celebrar el Día de Acción de Gracias con una gran cena. Ya sea disfrutando el “pavo” delicioso y tradicional de esa fecha, o ya sea con nuestros platillos latinos que siempre complementan una celebración de “Acción de Gracias”.

Sí, el gusto es vital, pero muchas veces pensamos que es normal y no, es otra bendición, otro regalo de la vida y como tal, es bueno cerrar los ojos si damos un bocado y ver lo valioso que es.

Y por último en esta lista, que muchos aprendimos en el colegio, está el sentido que nos permite escuchar cada sonido. Desde nuestro nombre, hasta el canto de los pájaros, o el sonido de la brisa tocando las hojas que caen en otoño o una frase cariñosa de reconocimiento.

Muchas veces, en este afán que se ha convertido la vida, nos olvidamos de eso, de disfrutar cada sentido y de ver cada uno en su integridad.

Cada uno, como he dicho anteriormente, es un motivo para “dar gracias”. Y eso deberíamos hacerlo cada día. Al abrir los ojos. Cada día al escuchar un sonido o al movernos, o al reunirnos en la mesa en cada hora de la comida, en fin, en cada momento que es nuestra vida.

Quiero que este año, lleguemos a lo esencial que se nos olvida muchas veces. Y en lo esencial es donde está el valor de la vida. El valor de lo que realmente queremos que sea nuestra vida. No es en el “pavo” que cocinamos y ponemos en nuestra mesa. No. Lo esencial es el momento que creamos en familia o con nuestros amigos, para celebrar esta fecha.

Lo importante es llegar a este punto, y ver que hemos entendido todo lo que tenemos desde lo más simple y ver lo que otros no tienen, y al verlo compartir.

Ahí estaremos dando un sentido real a la fiesta del Día de Acción de Gracias y también a todas las fiestas que se avecinan por la temporada navideña.

Yo los invito a leer esta columna con atención y si abren sus ojos el Día de Acción de Gracias y despacio sienten su cuerpo y cada sentido de los que hemos hablado, seguro en ese momento, habrá una razón importante, para “dar gracias” y darlas a “Dios” porque en la vida está un regalo precioso que muchas veces pensamos que tendremos siempre.

Quienes han perdido sus seres queridos, saben por el dolor que esto causa, que no es un regalo para siempre.
Por eso, quienes aún la tenemos, debemos agradecer y hacerlo por nuestros seres queridos también. Los que están aquí y los que han partido.

Que el “Día de Acción de Gracias” sea una ocasión para ser conscientes de lo que tenemos y de lo importante. De lo que realmente da sentido a la vida misma.

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