
Queridos lectores:
Diversidad, música y comida deliciosa, son las constantes de la fiesta del Cinco de Mayo. Este año, una vez más, el sitio de reunión fue el Waterfront Park y en esta oportunidad El Centinela, a pesar de que no tenía un puesto propio, se hizo presente en la feria, con el fin de promocionar la labor informativa que año tras año ha venido desarrollando mensualmente.
A pesar de que yo he participado todos los años de la fiesta y de la Misa Mariachi, que no me pierdo por nada del mundo, la experiencia de este año tuvo un sabor diferente, porque fueron cuatro días intensos de escuchar la música y de poder ver de cerca la gran afluencia de personas que llegan de todas partes del estado de Oregon, para vivir la celebración.
Desde familias hispanas enteras, en las que el plan era ir a comer unos taquitos o unas deliciosas enchiladas, pasando por los norteamericanos que llegaron motivados de tener un acercamiento real con la cultura hispana a través de su comida y su música, hasta los mismos visitantes de Guadalajara, que con sus puestos de artesanías y arte mexicano llegaron en busca de vender sus productos para regresar a México, dejando una parte aquí en Portland.
Igualmente los músicos comprometidos, gracias a quienes el ambiente que se vivió durante cinco días fue de fiesta. Los miembros de Mariachi de Guadalajara, llegaron a interpretar hasta 9 conciertos por día, en los cuales la voz del cantante Luis Fernando se escuchó por todos los rincones.
De igual manera, los bailarines del Ballet Folklórico de Guadalajara quienes pusieron el toque multicolor, mostraron una y otra vez la gran destreza y el conocimiento que requiere representar ante los espectadores cada danza de su país. El recorrido por cada región, tanto en música y baile, mostró que hay gran diversidad en cada región del país mexicano.
Para mí la experiencia de este año fue singular porque pude vivir de cerca toda la actividad, incluso hablar con familias que no habían participado de la Misa Mariachi por ejemplo y que vieron el toque de la fe en medio de esta fiesta popular.
A pesar de que nuestro querido Arzobispo no nos pudo acompañar por compromisos ineludibles, se pudo ver que con la tradición de los años anteriores, los hispanos llegan para orar antes de iniciar la parte final de diversión dentro de los cinco días de celebración.
Y como él mismo lo ha dicho en sus homilías, “la fiesta del Cinco de Mayo es una fiesta que la familia hispana comparte con todos y sobre todo, que muestra la alegría del espíritu hispano”.